Ensayo militar

Corea del Norte llama a la Casa Blanca

  • Corea del Norte lanzó dos misiles desde la costa oriental y se hundieron en el Mar del Este

  • Los ensayos violan las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

Los ciudadanos surcoreanos ven las noticias sobre el disparo de misiles de Corea del Norte en la estación de Suseo en Seúl.

Los ciudadanos surcoreanos ven las noticias sobre el disparo de misiles de Corea del Norte en la estación de Suseo en Seúl. / YONHAP / EFE

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Corea del Norte se afana esta semana por cumplir la liturgia de recordarle al nuevo presidente estadounidense que sigue ahí. Empezó el fin de semana con los primeros misiles de la era Biden. Fueron rápidamente desdeñados por la Casa Blanca: "No creemos que debamos prestarle importancia", aclaró un alto funcionario recordando que los misiles de artillería o de crucero no están prohibidos por las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Acusó recibo Pionyang y esta mañana lo intentó de nuevo con dos misiles balísticos de los que prohíbe la ONU. Se desconoce aún si la Casa Blanca los juzga de interés o si Corea del Norte tendrá que perseverar.

Los dos misiles fueron lanzados a las 7 de la mañana (hora local) desde la costa oriental y se hundieron en el Mar del Este, antes de alcanzar las aguas territoriales japonesas, tras volar más de 400 kilómetros. Pronto se sucedieron las reacciones previsibles en el vecindario. "Suponen una amenaza a la paz y la seguridad de nuestro país y de la región", señaló el primer ministro japonés, Yoshihide Suga. "Generan una gran preocupación", añadió Corea del Sur a través de un comunicado de la Casa Azul. El Comando del Pacífico de Estados Unidos incidió en la "amenaza" que supone el programa misilístico norcoreano para la comunidad internacional.

El contexto explica el último y previsible desafío norcoreano. Altos funcionarios diplomáticos estadounidenses viajaron recientemente a Seúl y Tokio para escenificar que Estados Unidos "estaba de vuelta" con el firme compromiso de apoyar a sus viejos aliados contra la amenaza norcoreana. El secretario de Estado, Anthony Blinken, manifestó  la urgente necesidad de desnuclearizar por completo Corea del Norte y horas después el viceministro de Asuntos Exteriores, Choe Son-hui, hablaba de "teoría lunática".

Ofendidos por una extradición

A Pionyang, además, se la intuye ofendida por la reciente extradición desde Malasia a Estados Unidos de Mun Chol Myung, un empresario acusado de lavar dinero negro y proporcionar productos de lujo a la élite norcoreana. Es previsible que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se pronuncie en breve sobre qué política tiene pensada aplicar con el país asiático, si sigue con las negociaciones de Donald Trump o recupera el bloqueo de Barack Obama. Los indicios sugieren lo primero. La nueva Administración ha revelado que ha intentado ponerse en contacto con Pionyang pero que nadie descolgó el teléfono.

Los misiles son interpretados como llamadas de atención a Biden para que subraye como urgente el asunto norcoreano en una agenda muy apretada. A la nueva Administración se le acumulan los frentes domésticos, con las heridas por cicatrizar que dejó el trumpismo, e internacionales, tras la tormentosa cumbre de Alaska con China. Un pequeño país del Lejano Oriente no parece entre sus prioridades.

Frustración norcoreana

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El coronavirus, que obligó a Corea del Norte a cerrar sus fronteras con China, ha empeorado la situación económica del empobrecido país asiático y ha hecho más urgente aún la conclusión de los acuerdos con Washington. Las negociaciones de desnuclearización con Trump únicamente la condujeron a la frustración. Las cumbres de Singapur y Hanoi dejaron muchas fotos para la hemeroteca pero no levantaron ninguna de las sanciones que estrangulan su depauperada economía. 

Persisten las dudas de si el líder norcoreano, Kim Jong-un, considera vigente el compromiso personal que alcanzó con Trump de evitar los ensayos nucleares y los misiles de largo alcance con teórica capacidad para golpear Estados Unidos. La escalada de provocaciones de Pionyang dependerá de la atención que preste Biden a los aspavientos norcoreanos.