Cuartas elecciones en dos años

Un reñido escrutinio en Israel aleja a Netanyahu de la mayoría

  • Con casi el 90% de los votos escrutados, la entrada del partido islamista Ra'am con cinco escaños debilita al bloque 'pro-Bibi' con religiosos y derechistas

  • El líder del Likud se prepara para unos meses de largas negociaciones que le permitan formar el Gobierno más derechista de la historia del país

Benjamin Netanyahu y su mujer, Sara, votan en las elecciones.

Benjamin Netanyahu y su mujer, Sara, votan en las elecciones. / REUTERS / RONEN ZVULUN

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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El futuro político de Netanyahu parece estar en manos de un islamista. En otros comicios sin resolver el bloqueo político, el escrutinio de casi el 90% de los votos no da una mayoría al primer ministro. La entrada del partido islamista Ra’am con cinco asientos alejaría al Likud de la mayoría de 61 escaños, aún con el apoyo del ultraderechista Yamina. En este escenario, aún por confirmar, Israel podría ser protagonista del gobierno más derechista de su historia gracias al apoyo del líder árabe, o verse abocado a unas quintas elecciones este verano. 

“No debemos bajo ninguna circunstancia arrastrar al estado de Israel a otros comicios”, insistía el primer ministro interino, “debemos formar un gobierno estable ahora”. Con 59 escaños, el mandatario más longevo de la historia del Estado hebreo sabe que no puede ser investido solo con sus tradicionales aliados religiosos y de la ultraderecha. Aún quedan unos 450.000 votos por contar, como los de los pacientes hospitalizados, infectados o las personas en cuarentena. Los resultados definitivos llegarán el viernes.

Mansour Abbas será el nombre clave en los próximos meses en Israel. Tras las cuartas elecciones en dos años parece que al final la formación de gobierno sí dependerá de un partido minoritario. Los cinco escaños de la islamista Lista Árabe Unida (Ra’am, por sus siglas en hebreo), escindida de la Lista Conjunta Árabe, darían a Netanyahu un extraordinario gabinete. Varios miembros del Likud ya han expresado su oposición a negociar con el líder árabe.

Homofóbos, racistas y antiárabes

Con 13 partidos en la fragmentada Knesset, el Parlamento israelí, las formaciones están pendientes de hasta el último voto escrutado. El bloque anti-Netanyahu suma 56 escaños y también podrían tener mayoría si se une Ra’am. Pero las diferencias ideológicas dificultarían la legislatura con miembros de ultraderecha, centro e izquierda. Abbas ha declarado que no se inclina por ninguno de los dos bloques. Su prioridad es que las demandas de los árabes, el 21% de la población de Israel, sean escuchadas, sobre todo tras el auge de violencia en el seno de esta comunidad. 

Netanyahu ha pedido a sus rivales que le apoyen para evitar unos quintos comicios en dos años tras el gasto público que ha supuesto votar en plena pandemia. Por primera vez, entra en la Knesset –y con seis escaños– la alianza Sionismo Religioso, con candidatos abiertamente homófobos que abogan por expulsar a los árabes del Estado. Itamar Ben Gvir, uno de sus miembros más polémicos, tenía en su sala de estar un retrato de Baruch Goldstein, el colono estadounidense-israelí que en 1994 masacró a 29 fieles palestinos en una mezquita de Hebrón. Ben Gvir será diputado en el Parlamento.

A su vez, el primer ministro cuenta con el apoyo del ultraortodoxo Shas que, con nueve escaños, se convierte en la tercera fuerza. Hace unos días, su líder, Aryeh Deri, defendía que no era el “lugar natural” de una mujer ser candidata. Con 30 escaños para el Likud, parece que pocos votantes han tenido en cuenta la pésima gestión de la pandemia. “Los cierres, las cuarentenas, más de 6.000 muertes, el aumento del desempleo y un aeropuerto cerrado no hicieron nada para cambiar la opinión de los israelís en las urnas”, constata Aluf Benn en ‘Haaretz’.

Gantz, primer ministro

Estos resultados muestran un panorama insólito en el sistema político israelí: nunca un partido árabe se ha unido a una coalición gobernante. La mayoría de árabes rechazan la propuesta de Abbas, pero el viraje a la derecha del país es innegable. En su gran mayoría, el electorado israelí apoya los asentamientos de Cisjordania y se opone a las concesiones en las conversaciones de paz con los palestinos. Yesh Atid, segunda fuerza con 17 escaños, lidera los esfuerzos para crear un bloque anti-Bibi. 

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La coalición Azul y Blanco de Benny Gantz se salva de la muerte política con ocho diputados. Según el acuerdo de gobierno de unidad firmado con Netanyahu el año pasado, Gantz debe convertirse en primer ministro el 17 de noviembre. Si para esa fecha no ha tomado juramento ningún gobierno, el actual ministro de Defensa pasará a sustituir a Netanyahu. Esto da mayor incentivo al mandatario para empezar las negociaciones cuanto antes o convocar otros comicios

El partido Nueva Esperanza de Gideon Saar se queda con seis escaños, igual que la Lista Conjunta Árabe, muy alejada de los históricos 15 diputados de los últimos comicios. Los laboristas ganan siete asientos. Desde la centro-izquierda, Meretz no desaparece de la política israelí y consigue cinco escaños. “La vida de cada árabe, cada mujer, cada hombre gay y lesbiana en Israel será más difícil si Netanyahu logra formar una coalición”, ha alertado Tamar Zandberg, candidata de esta formación izquierdista.