La respuesta europea a la crisis

La pandemia doblega las políticas de austeridad en la Unión Europea

  • La respuesta a la crisis del coronavirus ha sido una inyección de más de 3,7 billones de euros para proteger empresas, empleo y garantizar el acceso a liquidez y, por pimera vez, emisión de deuda conjunta

  • La crisis del euro de 2008 terminó con división entre norte y sur y cinco rescates de casi medio billón de euros a cambio de recortes de gasto público, reformas y subidas de impuestos

Ursula Von der Leyen y Angela Merkel con otros dirigente europeos durante una cumbre sobre el covid-19

Ursula Von der Leyen y Angela Merkel con otros dirigente europeos durante una cumbre sobre el covid-19 / EFE / EPA / OLIVIER

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La mayor emergencia sanitaria desde la segunda guerra mundial irrumpió en marzo del año pasado de forma totalmente inesperada. De la noche a la mañana, la Unión Europea se vio obligada a echar la persiana y paralizar su economía para contener la propagación del virus del covid-19. La respuesta de los dirigentes europeos a esta tormenta ha sido, sin embargo, muy diferente a la que dieron tras la crisis financiera de 2008 y al virus de la crisis de deuda soberana que contaminó la economía y a punto estuvo de llevarse por delante al euro, en una de las etapas más dolorosas para la Eurozona.

Los líderes de la UE optaron entonces por aplicar una política de choque basada en la austeridad. Aunque hubo ayudas para mantener la estabilidad y proteger a los países periféricos con elevados niveles de endeudamiento, este apoyo se hizo esperar, llegó con condiciones y, sobre todo, provocó una enorme división y desconfianza entre los países del norte y del sur, a quienes durante años se caricaturizó de derrochadores e imprudentes.

En total, la UE y el Fondo Monetario Internacional movilizaron entre 2010 y 2015 casi medio billón de euros en préstamos y quitas para rescatar a los cinco países que se vieron obligados a pedir el salvavidas europeo: Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre y España. El primero en caer y el epicentro de la crisis, que nació de la falta de crédito y desconfianza de los mercados, fue Grecia obligada a firmar tres rescates por 288.700 millones de euros.  

El ataque de los mercados terminó llevándose por delante también a Chipre, Portugal, Irlanda y España que pidió un préstamo de 41.000 millones para rescatar a los bancos, de los cuáles quedan 23.700 millones por devolver. Un dinero que llegó con estrictas condiciones y la estrecha vigilancia de los ‘hombres de negro’ –inspectores de la Comisión y el BCE- que impusieron recortes de gasto público, reformas y subidas de impuestos. “No fuimos solidarios con Grecia, la insultamos, la injuriamos y nunca me he alegrado de que Grecia, Portugal y otros países se encontraran así”, reconocía antes de abandonar la presidencia de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Lecciones aprendidas

Una década después las instituciones europeas han aprendido la lección. Reconocen que mantener una política fiscal expansiva, tanto tiempo como sea necesario, es fundamental para garantizar la recuperación y que una retirada temprana de estímulos sería un error político. Un giro de 180 grados posibilitado por el cambio en Berlín y París que, pese a las dudas iniciales de los países frugales del norte –Holanda, Finlandia, Austria o Suecia-, han optado por abrazar la solidaridad. “No necesitamos ninguna troika, ni supervisores ni un programa de reformas para un país determinado elaborado por la Comisión, sino ayuda ágil y bien enfocada”, proclamaban en abril los ministros de asuntos europeos y finanzas de Alemania, Heiko Maas y Olaf Scholz.

La respuesta desde marzo pasado ha sido la mayor inyección de dinero público en la historia de la UE. En total, 3,7 billones de euros, según las estimaciones de la Comisión Europea. De ellos, 2.553 millones corresponden a ayudas públicas inyectadas por los Veintisiete para apoyar a los sectores más afectados, 524.000 millones a las medidas nacionales tras la activación de la cláusula de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que habrían permitido amortiguar una contracción del 4,5% del PIB en 2020, y 70.000 millones a otras ayudas directas.

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A esto se suma la triple red de seguridad aprobada antes de verano y que ofrece la posibilidad de los estados miembros de acceder a una línea de préstamos de 240.000 millones del Mecanismo Europeo de Estabilidad, otros 200.000 millones del Banco Europeo de Inversiones así como 100.000 millones del fondo para financiar los Expedientes de Regulación de Empleo (ERTE), que ya ha recibido peticiones por 90.300 millones en 18 estados miembros, entre ellos la de España que ha solicitado 21.300 millones y ha recibido 13.900 millones.

Además los Veintisiete han alumbrado un Fondo de recuperación de 750.000 millones, que incluye 390.000 en subsidios a fondo perdido, y que por primera vez se financiará con la emisión de deuda conjunta. Sin olvidar el programa de compras de emergencia frente a la pandemia del Banco Central Europeo, dotado de 1.850 millones de euros y destinado a reducir el coste de la financiación y facilitar el crédito en la Eurozona. Pese a este enorme colchón el horizonte de momento sigue siendo incierto y dependerá del éxito de la campaña de vacunación.