Movimiento de protesta

Las ocupaciones de teatros en Francia se multiplican para exigir su reapertura

  • Más de 50 teatros y salas de espectáculo han sido ocupadas en todo el país para exigir su reapertura y reclamar la protección de los trabajadores del sector de la cultura, víctima colateral de la crisis sanitaria

  • La ministra de Cultura, Roselyne Bachelot, considera "inútil" y "peligrosa" la movilización

Manifestantes en el exterior del teatro Odeón, ocupado como medida de protesta, en París.

Manifestantes en el exterior del teatro Odeón, ocupado como medida de protesta, en París. / YOAN VALAT (EFE)

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Cultura sacrificada, reza un enorme rótulo colgado en la fachada del teatro nacional del Odeón, en París. En su interior, las estatuas de los dramaturgos Racine y Corneille empuñan banderolas sindicales y sus inquilinos se organizan para distribuir productos de higiene y alimentos. Desde el 4 de marzo, cincuenta artistas ocupan el monumento para reivindicar la reapertura de las salas de teatro. A la estela de la iniciativa parisina, las ocupaciones se han extendido a Lyon, Lille, Périgueux, Pau, Orléans, Limoges, Brest, Marseille, Angers, Villeurbanne, Tours… la lista es larga y se amplía a diario.

En Francia, la pandemia de coronavirus ha empujado la cultura a un segundo plano. Las actividades del sector, consideradas como no prioritarias por las autoridades, permanecen en pausa desde el pasado 30 de octubre. El impacto de la crisis sanitaria se traducirá, según las estimaciones del Ministerio de Cultura, en una pérdida del 25% de la cifra de negocios en 2020 respecto a 2019. Entre los damnificados por esta hecatombe cultural, las artes escénicas ocupan el primer puesto con una pérdida del 72%.

Frente al descontento del sector y la multiplicación de las ocupaciones a lo largo y ancho del territorio, 20 millones de euros, que se suman a los 30 millones previstos en el plan de recuperación gubernamental, serán movilizados para respaldar a "los equipos artísticos más frágiles -compañías de danza y teatro, grupos musicales...- a las residencias de artistas; a los equipos artísticos regionales para ayudarles a preparar su regreso [a los escenarios]; y a los jóvenes diplomados del espectáculo que llegarán a un mercado laboral siniestrado”, explica un comunicado ministerial del 11 de marzo.

"Un servicio público esencial"

Sin embargo, el anuncio no ha conseguido calmar "la cólera" ni desalentar "la lucha" de un "servicio público esencial", como explica la organización “Ocupemos el Odeón” en un vídeo difundido a través de las redes sociales. “Esta lucha va más allá de las reivindicaciones de la cultura […] Exigimos trabajo y protección social para todos y todas […] Ocupemos nuestros lugares de trabajo para organizarnos […] para reapropiarnos de nuestro futuro”, continúa la grabación donde una docena de artistas llaman a la movilización general bajo el grito: “¡Ocupemos, ocupemos más allá del Odeón!”.

El movimiento no sólo exige la reapertura de los espacios culturales, siempre y cuando se reúnan las exigencias sanitarias a raíz del covid, también reclama la prolongación del "año blanco" para los "intermitentes del espectáculo". Se trata de un estatus específico que permite a los trabajadores del sector recibir una ayuda económica para mantenerse entre cada contrato. Para acceder a este sistema es necesario haber trabajado al menos 507 horas en un periodo consecutivo de 12 meses, un requisito difícil de cumplir cuando la cultura continúa parada.

“Maniobras peligrosas”

Las ocupaciones de lugares culturales, multiplicadas por solidaridad y mimetismo, no complacen, ni mucho menos, a la ministra de Cultura, Roselyne Bachelot. “Ocupar sitios culturales no es el camino correcto, es inútil [...] Estas maniobras son peligrosas, porque amenazan espacios patrimoniales frágiles”, declaró Bachelot en la Asamblea Nacional.

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Lejos de desalentar la movilización, tales declaraciones parecen caer en saco roto: según el último recuento, 51 teatros y salas de espectáculo permanecen ocupadas en toda Francia. La denominación “no esencial” acordada a la cultura no solo indigna e incomoda, también evidencia una profunda crisis de valores en un país ilustre por su prolífica producción artística. 

Así pues, no es oro todo lo que reluce. “Esta pandemia pone de manifiesto y acentúa las desigualdades y aberraciones de un sistema que se ha desbocado. Como siempre, los más frágiles saldrán aún más frágiles de esta crisis - resume un dramaturgo parisino a France 24-. Estamos aquí para lanzar un grito de rebeldía porque existe un profundo vínculo de precariedad social y humana entre los artistas y los más precarios de nuestras sociedades capitalistas”.