Control político

China aprueba la reforma para garantizar que solo "patriotas" accedan al Parlamento de Hong Kong

  • La Asamblea Nacional Popular da luz verde a la reforma electoral de la excolonia británica

  • El comité que elige al jefe del Ejecutivo se amplía con 300 miembros designados a dedo por Pekín

Delegados de minorías chinas con sus trajes tradicionales posan frente al edificio donde se ha celebrado el Congreso Nacional del Pueblo.

Delegados de minorías chinas con sus trajes tradicionales posan frente al edificio donde se ha celebrado el Congreso Nacional del Pueblo. / Roman Pilipey / Efe

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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China ha aprobado la reforma electoral de Hong Kong con 2.895 votos a favor, ninguno en contra, una abstención y la más clamorosa ovación de la mañana en el Gran Palacio del Pueblo. No permite sorpresas la Asamblea Nacional Popular o Parlamento chino, puramente ceremonial y limitado a sellar por mayoría aplastante lo que llega del Ejecutivo, pero de las exiguas disidencias también se extraen lecturas. El XXIV Plan Quinquenal del que se espera que siente las bases para el “rejuvenecimiento” de la nación y traiga un desarrollo y bienestar sustanciales a la sociedad había sido aprobado minutos atrás con una docena de abstenciones, otra de votos en contra y aplausos menos entusiastas. Incluso la Ley de Seguridad sobre Hong Kong cocinada el pasado año fue registrada con uno en contra y seis abstenciones. El mensaje, pues, es claro: no hay asunto que merezca más firmeza hoy que la excolonia.  

La ofensiva legal extraordinaria responde a un cuadro reciente no menos extraordinario. Las violentas protestas devastaron Hong Kong y hundieron su economía durante 2019 con el apoyo entusiasta de las bancadas opositoras y ninguna condena ni siquiera a las agresiones más atroces de los manifestantes. Entre los planes de las fuerzas antigubernamentales figuraba el boicot de cualquier acción de Carrie Lam, la Jefa Ejecutiva, y llevar el territorio al bloqueo si alcanzaban la mayoría en las elecciones del pasado septiembre. El coronavirus forzó su aplazamiento y Pekín pretende evitar cualquier riesgo antes de que la próxima convocatoria.  

La aprobación del borrador era inevitable desde que China revelara sus intenciones de revisar el sistema electoral para asegurarse de que en el parlamento isleño sólo se sienten “patriotas”. El patriotismo en China, con las fronteras difusas entre país y gobierno, exige el cariño o al menos el respeto a Pekín. Lo había aclarado la semana pasada Song Ru’an, alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores: “Cuando hablamos de patriotismo no nos referimos a algo abstracto sobre la cultura o Historia china sino al amor a la actual República Popular de China bajo el liderazgo del Partido Comunista de China”.  

Carrera de obstáculos

Las reformas establecen una carrera de obstáculos que se antoja insalvable. Las principales novedades afectan al Comité Electoral que elige al Jefe Ejecutivo. Su composición pasa de 1.200 a 1.500 miembros y esos 300 nuevos serán nombrados por Pekín. El órgano ya tenía una inclinación natural hacia Pekín debido a su amplia representación de sectores económicos que valoran la sintonía con el interior. También será competente el Comité Electoral  para frenar a los candidatos al parlamento local o Legco si juzgan escaso su patriotismo. 

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Para las fuerzas opositoras, en cualquier caso, las próximas elecciones son una preocupación menor. Casi una cincuentena de sus representantes fueron detenidos recientemente y afrontan largas condenas de cárcel por el delito de subversión que recoge la Ley de Seguridad Nacional aprobada en junio pasado.  

 “Pekín no tenía otra opción”, justificaba un editorial de Xinhua, la agencia oficial, en las vísperas de la aprobación de la reforma. “Fuerzas antichinas y radicales hongkoneses habían manipulado el sistema electoral para entrar en la estructura de Gobierno y empujar su agenda secesionista”. Aludía también a las intervenciones externas y sentenciaba que “ningún gobierno toleraría ese caos o ignoraría los frenéticos boicoteos de extranjeros en su suelo”. Estados Unidos y el Reino Unido, acusados por Pekín de animar las protestas, han mostrado ya su repulsa enérgica a la reforma.