Campesinos con universitarias

Una propuesta de casar a solteros rurales con solteras urbanas solivianta a China

En el país asiático las solteras sufren el estigma social y la presión insuperable del tiempo porque, a diferencia de los hombres, caducan

Varios recién casados chinos posan en un evento en Harbin, China.

Varios recién casados chinos posan en un evento en Harbin, China. / Efe

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Quizá le sorprendió que su solución, con esa belleza de la sencillez más depurada, no se le ocurriera antes a nadie: que se casen los solteros rurales con las solteras urbanas y disparen la natalidad y rejuvenezcan la envejecida pirámide demográfica y aumenten la futura mano de obra y desahoguen el sistema de pensiones y…  Quizá pensaba en ello cuando quedó sepultado por las chanzas. 

El esforzado Cupido es Wu Xiuming, vicesecretario general de un think tank especializado en el desarrollo social de la provincia de Shanxi. Y el problema es serio. China sufre el mayor desequilibrio de géneros del mundo (114 hombres sobre 100 mujeres), provocado por la política del hijo único y la preferencia del varón en las sociedades rurales. Arroja un superávit de 34 millones de hombres que no podrán casarse y cumplir con su confuciano deber de la descendencia por falta de mujeres. Y muchas de ellas, además, rehúyen la vicaría en flagrante atentado patriótico. Wu sólo ve dos caminos: ellas pierden el miedo a vivir en el pueblo o ellos reciben formación laboral y son enviados a las boyantes ciudades.  

Ocurre que la mezcla es improbable. El perfil de la soltería por géneros difiere por la costumbre masculina de buscar mujeres más jóvenes y con menos educación o ingresos. Así, el hombre A se casa con la mujer B y el hombre B con la mujer C, por lo que quedan desparejados los hombres C y las mujeres A: los hombres de baja extracción social y las mujeres más inteligentes y educadas. A los primeros les penalizan las expectativas de seguridad financiera. Un estudio de un medio local aseguraba que deben contar con un patrimonio mínimo de un millón de yuanes (126.000 euros) para la compra de vivienda y coche familiar e incentivar a potenciales esposas en las provincias rurales de Shanxi, Henan o Hunan. Y a las segundas, más proclives a los centros comerciales que a los prados bucólicos, quiere convencer Pekín de que bajen el listón de sus exigencias para que pasen sus genes privilegiados a la próxima generación y aligeren las presiones sociales. 

Problemas de afinidad

“No funcionará”, sienta Ke Li, socióloga especializada en asuntos de mujeres en la China contemporánea. “Todas las mujeres del mundo tienen ciertas expectativas sobre los hombres y China no es diferente. Debería haber una afinidad social y económica. Las mujeres urbanas tienen educación universitaria y una perspectiva moderna de los roles de géneros” añade. Abunda Sheng Liu, empresaria treintañera del ramo de la hostelería y licenciada en una universidad británica: “Amo a mi país pero no tanto. Ya me cuesta encontrar alguna afinidad entre los hombres de Sanlitun (el distrito pequinés más cosmopolita), imagínate con los que nunca han pisado el extranjero”. 

La propuesta, anunciada en la semana de San Valentín, ha agitado las redes sociales y pocos aplauden a Xu. Subrayan los universos paralelos de ambos grupos, denuncian la intromisión en decisiones personales y recuerdan que el matrimonio no exige la descendencia. 

La soltería es un oprobio social en China. Las grandes ciudades cuentan con parques donde los padres arreglan citas a sus vástagos tras intercambiar información como quien examina cromos. El cuadro es más severo para las mujeres, desdeñadas como shengnu (algo así como sobrantes) a partir de los 27 años. El término empezó a usarse la década pasada en la prensa nacional y ha calado. Incluso la web de la Federación de Mujeres de China, de inspiración feminista, incluyó numerosos artículos dirigidas a las shengnu hasta que el alud de críticas aconsejó borrarlos. La inercia, sin embargo, persiste. En la reciente gala televisiva de año nuevo se incluyó un sketch presuntamente humorístico sobre los problemas de una joven que de nuevo regresaba sin novio a casa en vacaciones. 

Estigma por soltería

Las solteras sufren el estigma social y la presión insuperable del tiempo porque, a diferencia de los hombres, caducan. Entre las victorias más reseñables del feminismo en China figura el orgullo desacomplejado de más mujeres por consagrar su vida al trabajo y amistades. 

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La realidad, pues, está muy lejos de la ansiada por Pekín. Los chinos cada vez se casan más tarde o no se casan y se separan más a menudo. Los divorcios han pasado de 1,3 millones en 2003, cuando fue aprobada la ley, a los 4,15 millones del pasado año. Una reforma reciente, que obliga a los solicitantes a un mes “para recapacitar” con el fin de reducir los impulsivos, sólo consiguió multiplicarlos en los días previos a su entrada en vigor. Se percibe la desesperación del Gobierno por apuntalar estructuras familiares que reaviven una natalidad en récords negativos a pesar de la derogación de la política del hijo único. 

“Sí, están desesperados por la crisis demográfica”, confirma Ke Li. Y ahñi enmarca la compensación económica que esta semana aprobaba por primera vez un tribunal a una ama de casa en un proceso de divorcio. “China ya reconoce desde un punto de vista legal que el trabajo doméstico de una mujer merece una retribución. Es sólo una especulación personal, pero no creo que ese cambio significativo sea una coincidencia. Se protege a las mujeres en el matrimonio incluso cuando se quedan en casa”, señala.