Política territorial

La lucha por la descentralización crece en Portugal

  • El debate sobre la regionalización del país, históricamente centralista, ha resurgido en los últimos meses

  • Las zonas del interior piden más competencias para combatir la despoblación y los efectos del cambio climático

Foto de archivo de una protesta de agricultores frente al Parlamento de Lisboa.

Foto de archivo de una protesta de agricultores frente al Parlamento de Lisboa. / Jose Manuel Ribeiro / Reuters

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Lucas Font
Lucas Font

Corresponsal en Lisboa.

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Las crecientes desigualdades entre territorios han puesto de nuevo sobre la mesa el debate territorial en Portugal. Las zonas del interior del país, afectadas por la pérdida ininterrumpida de población en los últimos años y las alteraciones climáticas -con efectos devastadores sobre la agricultura- han impulsado en los últimos meses movimientos a favor de la creación de regiones administrativas. Este modelo -que ya fue planteado en otras ocasiones pero que nunca se ha llegado a concretar- genera recelos en las grandes urbes, especialmente en Lisboa, donde la concentración de poder político y económico es prácticamente total.

Los principales movimientos regionalistas consideran insuficiente el proyecto de descentralización desarrollado por el Gobierno actual, que trata de dar más competencias a los municipios. “La Constitución de 1976 contempla la creación de regiones administrativas, pero este pilar todavía no se ha constituido por falta de voluntad política”, aseguran desde la plataforma Amalentejo, creada para reclamar una mayor cuota de poder en la zona rural del Alentejo y formada por representantes de los municipios y miembros destacados de la sociedad civil. “El Alentejo es hoy una región envejecida y desertificada con un peso diminuto en el PIB nacional. Esta situación tiene que ser revertida”, reclaman.

La misma posición mantienen en otras zonas del país, que critican la falta de inversión y la necesidad de promover un reparto equitativo de la riqueza. Una falta de inversión que ha provocado la huida de la población de zonas como Tras-os-Montes, al noreste del país, hacia las grandes ciudades. “La regionalización daría más voz a los transmontanos y más empleo”, explica Paulino Lourenço, miembro de la plataforma 'Por la creación de la región de Tras-os-Montes y Alto Duero'. “Necesitamos que los recursos que el Estado obtiene de las plantas hidroeléctricas y de la extracción de minerales en nuestra región no se vayan a otros municipios, donde las empresas tienen sus sedes”, asegura Lourenço.

Tímidos avances

El incipiente proyecto de descentralización, iniciado en 2018, incluyó la creación en el Parlamento de la Comisión Independiente para la Descentralización, liderada por el exministro socialista Joao Cravinho, que alertó en un informe publicado en 2019 de que el centralismo supone un “elevado coste desde el punto de vista de la eficacia, la eficiencia y equidad de las políticas y de los servicios a los ciudadanos”. Cravinho ha defendido la creación de cinco grandes regiones administrativas, algo que todavía es objeto de debate porque contempla la inclusión de zonas del interior y del litoral en la misma unidad territorial. “Si no avanzamos en la regionalización, Portugal acabará siendo una provincia más de España”, llegó a afirmar el exministro hace apenas unos meses.

Pero a pesar de los tímidos avances y las aparentes muestras de interés por parte de los principales partidos políticos, el cambio en el modelo territorial del país está lejos de ser una realidad. “Los partidos apoyan la regionalización cuando están en la oposición, pero se olvidan de ella cuando llegan al poder. Tienen motivos oportunistas”, asegura Daniel Gameiro, experto en políticas públicas y profesor de la Universidad de Coimbra. “En Portugal solo interesa el Estado, que es el gran distribuidor del poder y del dinero”. La regionalización del país fue uno de los temas que marcó la campaña presidencial a finales de enero, aunque el actual presidente, Marcelo Rebelo de Sousa, siempre ha sido reacio a su implantación.

Referéndum fallido

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Rebelo de Sousa lideró la campaña a favor del 'no' en el único referéndum que se ha realizado sobre esta cuestión en Portugal, en 1998, cuando el ahora jefe del Estado estaba al frente del conservador Partido Social Demócrata (PSD). El resultado fue demoledor: solo el 34% de los electores votaron a favor de la propuesta de regionalización defendida por el entonces primer ministro socialista, António Guterres.

La situación, sin embargo, se ha revertido en los últimos años: según el último sondeo sobre esta materia, la creación de regiones administrativas cuenta con el apoyo de más de la mitad de la población en todas las zonas del país, excepto en Lisboa. Pero a pesar del cambio de opinión mayoritario, los principales defensores de la regionalización, como la plataforma Amalentejo, consideran que no es necesario celebrar una nueva consulta. “La Constitución no se refrenda”, aseguran.

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