Cuartos comicios en dos años

Israel y Palestina coinciden en una primavera decisiva en las urnas

  • Por primera vez en tres lustros, los palestinos votan el próximo 22 de mayo en un guiño de Abás a la administración Biden

  • Netanyahu se enfrentará el 23 de marzo a la aparición de nuevos partidos de derechas y contrarios a él

Manifestación contra el primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, en Jerusalén el pasado sábado.

Manifestación contra el primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, en Jerusalén el pasado sábado. / AMIR COHEN / REUTERS

Se lee en minutos

Por primera vez en 15 años, israelís y palestinos coinciden en una primavera electoral. Tras tres lustros sin ir a las urnas, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, anunció que los palestinos votarán el próximo 22 de mayo. Así, siguen la estela de los israelís el 23 de marzo en su cuarta cita electoral en dos años. Abás busca en esta convocatoria un gesto de acercamiento a la nueva administración estadounidense, mientras Netanyahu lamenta la marcha de su gran aliado Trump. A ambos lados de la Línea Verde la ciudadanía acudirá a las urnas más de espaldas que nunca, con el diálogo entre palestinos e israelís estancado desde 2014.

En el momento más bajo de su popularidad, Abás convoca elecciones. El presidente de la Autoridad Palestina (AP) usa los primeros comicios en tres lustros a modo de cortejo. "Abás y la AP buscan ganar legitimidad de cara al exterior", explica Marwa Fatafta, del grupo de analistas palestinos Al-Shabaka, "busca mostrar a la administración Biden que están dispuestos a hacer concesiones y calmar a los donantes de la Unión Europea, alarmados por su creciente autoritarismo".

"¿Qué más da que año tras año, las encuestas muestren que la sociedad palestina no se siente representada por sus líderes, que los ven corruptos y autoritarios?", se pregunta Fatafta quién añade que "eso no ha llevado a las autoridades palestinas a convocar elecciones". Los precedentes no son buenos. La última votación parlamentaria en 2006 sorprendió con la victoria del islámico Hamás en Cisjordania, abriendo una brecha con el histórico Fatah. Cuando los islamistas tomaron el control de Gaza en 2007, ambos partidos se enfrentaron en una breve guerra civil que forzó a la expulsión del partido de Abás de la Franja. 

De ahí que reine la incertidumbre entre los votantes. El 22 de mayo, habrá elecciones legislativas; el 31 de julio, presidenciales, y el 31 de agosto, hay la votación para el Consejo Nacional Palestino (CNP) que engloba también a la diáspora. Abás puede desconvocar las segundas citas electorales si el resultado de la primera no le es favorable. Además, tanto Fatah como Hamás han dicho que si Israel no deja votar a los palestinos de Jerusalén Este, los comicios serán inválidos. 

"Dividirse el pastel"

"Es imposible que aunque las elecciones tengan lugar, lo hagan de forma justa y libre", insiste Fatafta. "En pleno autoritarismo creciente, unos comicios solo serán un ejercicio de dividirse el pastel entre Hamás y Fatah", denuncia esta palestina a EL PERIÓDICO. De salud delicada, el octogenario Abás se enfrenta a la popularidad en Gaza del exdirigente de Fatah, Mohamed Dahlan, y en Cisjordania al prestigio de Maruan Barguti, líder de la Segunda Intifada encarcelado de por vida en Israel.

Al otro lado de la Línea Verde, la maquinaria israelí de la ocupación celebra estas divisiones. "Ahora mismo la sociedad palestina está geográfica, política y socialmente fragmentada", reconoce Fatafta, "nunca había estado tan dividida". Mientras, Netanyahu aprovecha la ausencia de una unidad palestina para expandir los asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada. En un guiño a la conservadora población colona, Bibi mira hacia el 23 de marzo para arrebatarle votos a Yamina, el partido de ultraderecha.

Netanyahu, ¿sí o no?

La dicotomía a la hora de votar para los palestinos se traslada al plebiscito que vivirá Israel en marzo: Netanyahu sí o Netanyahu no. Se vivirán los cuartos comicios en dos años. Y en el país hebreo se sabe que será gobernado por un hombre de derechas. Pero, ¿cual? La proliferación de nuevos partidos políticos más a la derecha del Likud del primer ministro ha modificado notablemente el paisaje. Treinta y nueve partidos se postulan para el 23 de marzo, aunque las encuestas muestran que solo 12 entrarían a la Knesset, el Parlamento israelí. 

"En estas elecciones tenemos algo que no teníamos en las tres anteriores: hay un partido de la oposición contrario a Netanyahu y que es de derechas", subraya Gideon Rahat, analista del Instituto de la Democracia de Israel. Abandonado por sus compañeros de partido, Netanyahu observa como su futuro político se tambalea tras tres largos lustros en el poder. "Señor primer ministro, ha destruido el Likud y ha traído una atmósfera de culto a la personalidad, adulación y miedo a expresar críticas", denunciaba Zeev Elkin, quién fue su gran confidente.

Elkin es uno de los exmiembros del Likud que se han unido al partido Nueva Esperanza del primer desertor, Gideon Saar. Aunque las encuestas muestran una victoria de Netanyahu, el frente liderado por Saar podría crear alguna alianza que destrone a Bibi. "Netanyahu va a seguir convocando elecciones hasta que obtenga la mayoría de 61 miembros de la Knesset que le permita escaquearse de sus cargos por corrupción", reconoce Rahat a este diario. 

Población descontenta

Con el 24% de la población totalmente vacunada, la economía israelí empieza a ver la luz al final del túnel. Netanyahu está invirtiendo todos sus esfuerzos en inmunizar a Israel antes del 23 de marzo. "Habla de la campaña de vacunación como su logro personal", explica Rahat, "es como si estuviera vacunando él mismo a todo el país". Pero la polémica le sigue salpicando cuando mira hacia otro lado ante la insumisión de los judíos ultraortodoxos, sus socios de gobierno, y cuando testifica en su juicio por corrupción.

Noticias relacionadas

A su vez, la división de la Lista Conjunta Árabe ha condenado a la infrarrepresentación de la población árabe israelí. "Tras tantas elecciones, los políticos y las instituciones han perdido la confianza de la ciudadanía", lamenta Rahat. Entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, dos expertos mandatarios se enfrentan a una sociedad descontenta con su sistema. Instalados en el poder durante 15 años, Netanyahu y Abás se miran en el espejo satisfechos con su reflejo.