Auge ultra en Europa

La ultraderecha portuguesa pone en el punto de mira a los gitanos

La situación excepcional generada por la pandemia ha provocado la estigmatización del grupo

El candidato de ultraderecha portugués, André Ventura

El candidato de ultraderecha portugués, André Ventura / EFE

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Lucas Font
Lucas Font

Corresponsal en Lisboa.

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En el ventanal de la asociación Techari hay colgadas tres banderas que apenas permiten ver desde la calle lo que hay en el interior: la portuguesa, la de las Naciones Unidas y la gitana. "Yo fui de los primeros en traer nuestra bandera a Portugal", dice con orgullo José Fernandes, el presidente de la asociación y destacado miembro de la comunidad gitana en el municipio de Loures, a las afueras de Lisboa. En esta misma localidad de clase trabajadora, el actual líder del partido ultraderechista Chega, André Ventura, fue concejal entre 2017 y 2018. El arma electoral que usó entonces fue la misma que ahora: el discurso beligerante contra la comunidad gitana, a la que acusa de vivir a costa del resto de portugueses.

En el interior del local el mobiliario es austero. Cerca de la entrada hay un par de mesas de bar y algunas sillas de aluminio y, al fondo, un gran escritorio que sirve como despacho. Es aquí donde Fernandes trata de combatir, desde hace poco más de un año, la discriminación histórica que sufre su comunidad y que, ahora, corre el peligro de expandirse. "Ventura nos acusa de vivir de los subsidios y de no querer trabajar, pero lo cierto es que no nos dan la oportunidad. Es muy difícil para un gitano obtener un empleo", lamenta Fernandes, quien asegura que el estigma obliga a muchas personas a ocultar su origen para acceder a trabajos cualificados. 

La elevada tasa de desempleo entre la población gitana, sin embargo, puede llevar a engaño, según la socióloga Manuela Mendes, investigadora del Instituto Universitario de Lisboa y coautora del último estudio nacional sobre los gitanos en Portugal. "En nuestro estudio comprobamos que un porcentaje importante de personas gitanas trabajan por cuenta propia y muchas veces fuera del mercado formal”, asegura Mendes para desmentir las acusaciones del líder de ultraderecha. En cuanto al acceso a subvenciones, los últimos datos muestran que menos de un 6% de los beneficiarios de la Renta Social de Inserción (RSI) son de etnia gitana.

Segregación escolar

A pesar de los datos, Ventura insiste en el uso del concepto subsidiodependencia y en la señalización de los gitanos como una comunidad que evita la "integración de forma deliberada". En agosto de 2020, el líder ultra fue multado por la Comisión para la Igualdad y Contra la Discriminación Racial por escribir en una red social que "el 90% de los gitanos viven de otras cosas que no son su propio trabajo", algo que la Comisión determinó como un acto de "discriminación y acoso por origen étnico".

El propio Fernandes se retuerce en la silla cuando escucha las acusaciones de falta de integración. Asegura que la convivencia diaria con la población no gitana es buena y destaca la reducción de la tasa de absentismo escolar, uno de los asuntos que las administraciones públicas han tratado de combatir en las últimas décadas. La mayor afluencia a las escuelas de los niños gitanos no garantiza, sin embargo, una mayor integración. "Estamos haciendo un esfuerzo para llevar nuestra cultura a las escuelas para terminar con los mitos y educar a los más jóvenes", explica Fernandes.

Confinamiento especial

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La situación excepcional generada por la pandemia también ha servido a la extrema derecha para estigmatizar a la población gitana. Ventura llegó a plantear en plena primera ola la aprobación de un plan específico para confinar a la población gitana, a la que acusó de saltarse las normas. El líder ultra propuso, entre otras medidas, aumentar la presencia policial en los barrios de mayoría gitana y la realización de estudios para determinar con mayor precisión la composición, cuantificación y localización de las comunidades gitanas en Portugal.

Unas medidas que sigue proponiendo en los actos electorales. "Esta es una de las narrativas preferidas de la extrema derecha: transformar a los gitanos en una especie de amenaza simbólica, e incluso realista, que tiene una buena aceptación en personalidades autoritarias, desinformadas y descontentas con el sistema político", explica la socióloga Mendes. El discurso incendiario del líder de ultraderecha portugués provocó la movilización histórica de la comunidad gitana, poco dada a la participación electoral, para votar en contra de Ventura en las presidenciales de enero. Algo que Fernandes explica con satisfacción en el pequeño local de la asociación Techari. "La semilla está echada, pero la mentira no perdura", sentencia.