Crisis sanitaria global

La semana más trágica en los hospitales de Portugal

  • El sistema sanitario portugués se ha visto desbordado en los últimos días, con cifras récord de ingresos en planta y en las uci

  • Los profesionales del Hospital de Cascais, exhaustos a nivel físico y psicológico, alertan de la falta de recursos humanos

Un paciente es trasladado a la uci del Hospital de Cascais.

Un paciente es trasladado a la uci del Hospital de Cascais. / PEDRO NUNES (REUTERS)

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La sala de urgencias del Hospital de Cascais funciona desde hace días como zona de internamiento. En los pasillos se acumulan pacientes agotados, algunos de ellos tumbados en camas, otros sentados en las sillas, cabizbajos, con la bombona de oxígeno siempre cerca. Esta zona del hospital, reservada habitualmente para la realización de diagnósticos, ha llegado a acumular hasta 80 personas que, debido a la falta de espacio, no han podido ser ingresadas en planta. Algunas de ellas han tenido que esperar hasta cuatro días en estos pasillos, mientras los responsables del centro tratan desesperadamente de ampliar su capacidad.

Los efectos de la tercera ola de la pandemia son patentes en este hospital. De las 17 camas disponibles para pacientes covid con las que contaba en septiembre han pasado a 124. En el caso de las uci, el centro contaba con cinco camas entonces; ahora son 18. "En los próximos días vamos a habilitar una sala de espera para poder acoger a 16 personas más. Estamos muy limitados en términos de espacio", reconoce el director clínico del hospital, Nuno Côrte-Real. El centro se encuentra por encima de su capacidad desde hace más de dos semanas.

La agresividad de las variantes brasileña, sudafricana y británica, que han golpeado con fuerza a Portugal, ha mermado considerablemente la plantilla del hospital. La jefa de enfermería, Dulce Gonçalves, explica que en este momento cuenta con 70 enfermeros menos de los que debería. "Entre el número de pacientes que exigen un mayor nivel de cuidados y el elevado absentismo del personal por cuarentenas y positivos, el esfuerzo es enorme para los profesionales", asegura Gonçalves. El grado de exigencia es especialmente grande en las uci, donde la ratio de pacientes por enfermero es mayor que nunca.

Profesionales exhaustos

A la elevada afluencia de pacientes y a la falta de personal se suma el cansancio acumulado durante más de un año de pandemia. A pesar de que Portugal sufrió un menor impacto en la primera ola, muchos profesionales se ofrecieron para combatir el virus en primera línea. "Ha sido un año de desgaste, ahora los equipos son más jóvenes, el momento es mucho peor y es muy difícil de gestionar emocionalmente. Los responsables de los equipos tenemos que protegerlos para que aguanten esta presión", afirma Gonçalves.

Cola de ambulancias ante el Hospital Santa Maria de Lisboa con pacientes a la espera de ser atendidos, el pasado 29 de enero.

/ TIAGO PETINGA / EFE

A su lado, el médico intensivista Antonio Figueredo esconde su agotamiento detrás de la mascarilla y de sus gafas de montura gruesa. "Somos muy pocos médicos en cuidados intensivos, y esto nos lleva a hacer jornadas de 24 horas con un solo día de descanso", explica. Para Figueredo, la parte más difícil ha sido acostumbrarse al rápido deterioro de la salud de los enfermos. "Son pacientes que llegan caminando, que hablan contigo, y que a las pocas horas tienen que estar con una máscara de oxígeno e incluso intubados. Algunos de ellos no llegan a despedirse de sus familias", señala el doctor con un visible gesto de frustración. "En ese momento les agarro fuerte la mano, respiro profundo y sigo con mi trabajo".

A pesar de la dura carga psicológica, los profesionales tienen que mantener la entereza y encargarse de la incesante llegada de pacientes. "Tenemos que tomar decisiones difíciles en todo momento. Hay enfermos para los que, incluso con todos los cuidados, sabes que no va a ser suficiente, y tienes que ofrecer estos cuidados a alguien que sí tiene la posibilidad de sobrevivir. Son decisiones muy difíciles de tomar", reconoce Figueredo, quien destaca la tenacidad y la unidad de los profesionales de la salud para ayudar a combatir la pandemia.

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Ayuda internacional

El colapso de hospitales como el de Cascais ha obligado al Gobierno portugués a pedir ayuda internacional. Alemania ha enviado esta semana una treintena de médicos y profesionales sanitarios del ejército para dar asistencia en un centro de Lisboa, así como ventiladores y más de un centenar de camas. Austria también ha ofrecido su apoyo para acoger al menos una decena de pacientes de las uci, algo que está valorando España. El número de contagios diarios se ha reducido considerablemente en los últimos días en Portugal, pero los profesionales no se confían: la experiencia les dice que no pueden bajar la guardia.