Extrema derecha digital

El legado de odio de Trump en internet

  • La presidencia trumpista ha servido de altavoz a los sectores más radicales de EEUU que se escondían en foros digitales

  • El asalto al Congreso ejemplifica como las conspiraciones de Internet tienen un impacto en el mundo real

Caricaturización de Trump como la rana Pepe, un meme ultra compartido en 2015 por el presidente.

Caricaturización de Trump como la rana Pepe, un meme ultra compartido en 2015 por el presidente.

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Carles Planas Bou
Carles Planas Bou

Periodista

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“Hemos elegido a un meme como presidente”. El 8 de noviembre de 2016, los rincones más radicales de Internet celebraron con deleite y asombro como Donald Trump era el nuevo presidente de Estados Unidos. Con su llegada a la Casa Blanca, las conspiraciones surgidas en los márgenes del mundo digital encontraron una puerta abierta hasta popularizarse como parte del debate nacional e impactando en la realidad. Un legado de odio que aún pervive.

Trump era el “Dios Emperador” —como lo apodaron— que llevaban años esperando. Ya en 2011 el magnate había impulsado conspiraciones de gran calado entre la extrema derecha, como que Barack Obama era en realidad africano y, por tanto, un presidente ilegítimo. Revestida de falsa incorrección política, la criminalización de los migrantes y sus comentarios sobre la facilidad de “agarrar por el coño” a las mujeres si eres rico atrajo a esos sectores de Internet a su campaña. “Grupos tradicionalmente marginados se sintieron apoyados por Trump, el primer candidato en mucho tiempo en ser explícitamente racista", señala el abogado Pedro Soriano, experto en política estadounidense.

Internet como campo de batalla

Tras su triunfo electoral, que puso fin a la llamada “Gran Guerra Meme”, un ejército de agitadores digitales (trolls) ya existente en foros como 4chan o Reddit prosiguieron su bombardeo en las redes con memes racistas, antisemitas y misóginos gozando con la humillación sufrida por liberales, minorías y feministas. “Los memes han servido como un poderoso dispositivo cultural para la desestabilización”, señala Iago Moreno, sociólogo por la Universidad de Cambridge. “Trump se adaptó mejor a ese cambio comunicativo, pero son más un síntoma que una causa”.

En Internet, las discusiones no las gana el mejor argumento, sino, como apunta Moreno, quién puede “descarrilar el debate desquiciando o humillando al otro”. Ese escenario digital se ha convertido en un campo de batalla cultural e ideológico, una realidad paralela en la que la nueva extrema derecha de EEUU —conocida como ‘Alt-right’— se ha sabido mover para crear un laberíntico mundo de códigos internos y mitología propia como la rana Pepe, reapropiación de un cómic transformado en emblema del supremacismo blanco y la provocación.

En esas comunidades digitales se aglutina un magma de sensibilidades diversas que van de los ‘incel’, hombres que culpabilizan a las mujeres por su falta de éxito sexual, a milicias supremacistas y neonazis como los Proud Boys o el movimiento Booglaoo que vieron en esos foros una oportunidad para captar a jóvenes frustrados y resentidos por la creciente desigualdad económica que sufre el país y propagar sus teorías sobre una guerra racial que culmine en el colapso del sistema.

La elección como asesor Steve Bannon, entonces presidente ejecutivo del portal ultraderechista y conspiranoico Breitbart, fue el primer guiño del Trump presidente a ese submundo. Su incapacidad, en 2017, de condenar el ataque mortal perpetrado en Charlottesville por un neonazi mostró el rumbo de su presidencia. “Esa ciénaga digital se acabó drenando hacia arriba con el odio y conspiraciones de la extrema derecha”, añade Moreno.

Revolución comunicativa ultra

Durante su mandato, Trump ha perfeccionado hasta la perversión el uso Facebook y Twitter como plataformas de propaganda política desde donde comandar un ejército digital de trolls que atacase cualquier atisbo de crítica. “Uno de los mayores legados de Trump es haber revolucionado completamente la forma en la que la derecha identitaria se comunica en las redes”, señala Guillermo Fernández, investigador de la Universidad Complutense de Madrid y experto en extrema derecha. “Ha transmitido que lo más importante es generar una constante batalla cultural polarizada contra los rivales”.

Aunque Trump se ha beneficiado de la cobertura del tradicional conglomerado mediático ultraconservador formado por la Fox y canales radiofónicos como el de Rush Limbaugh, Youtube se ha convertido bajo su mandato en un escenario ideal de radicalización de la mano de conspiracionistas y provocadores como Ben Shapiro, Alex Jones o Milo Yiannopoulos. Lo que aparecía en sus tertulias poco después era replicado por el altavoz presidencial de Trump.

Del delirio a la insurrección

El año pasado, la llegada de la pandemia del covid-19 se convirtió en una tormenta perfecta de incertidumbres para incentivar la radicalización del militante digital de Trump con teorías de la conspiración como QAnon, una paranoia de raíces antisemitas que ve al presidente como único salvador en una guerra secreta contra una red de pedofilia satánica que, según creen, lideran una élite compuesta por demócratas, actores de Hollywood y grandes empresarios. Este delirio, incubado en foros como 4chan y 8chan, ha pasado de ser un complot marginal de la extrema derecha a incrustarse en el Partido Republicano.

La popularización del supremacismo blanco, considerada como la mayor amenaza terrorista por el propio Departamento de Estado, y la llegada de una nueva era de mayor regulación digital bajo la presidencia de Joe Biden ha llevado ahora a las grandes plataformas tecnológicas a suspender la cuenta de Trump por “riesgo de incitación a la violencia” y perseguir los mensajes de odio. Aún con su líder desconectado, la ‘Alt-right’ ha encontrado refugio en aplicaciones encriptadas como Telegram y en canales como OAN o Newsmax. “El Partido Republicano pactó con el diablo pensando que domaría a Trump, pero sus votantes se han trumpizado completamente”, remarca Soriano.

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El ocaso del sueño trumpista culminó el día 6 con el asalto al Capitolio, una intentona insurreccionista que causó cinco muertos y que ejemplificó la cristalización en la realidad de la agitación promovida en los foros de odio de Internet. Aplaudidos por Trump, entre los atacantes había milicias neofascistas, creyentes de QAnon y banderas de Kekistán, el país ficticio con el que las alcantarillas de Internet reivindican su existencia. Muchos de ellos, como Brandon Fellows, exhibieron como un trofeo en las redes su participación en un asalto que, como dejó entrever en declaraciones a Bloomberg, puede servir como propaganda para captar a nuevos adeptos: “Trump inició un movimiento, pero con esto hemos comenzado algo aún más grande”.