Desconexión temporal

Qué es Parler, la red social que acoge a la extrema derecha

  • Trump y Vox han pedido a sus seguidores mudarse a una app que tolera la incitación a la violencia de grupos neonazis

  • La plataformas fundada por ultraconservadores denuncia a Amazon por dejar de prestarle alojamiento web

Aplicación de la red social Parler

Aplicación de la red social Parler / IAN LANGSDON

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"Nuestra gente tiene armas, ¡es hora de utilizarlas!". Mensajes como este estarían prohibidos en todas las redes sociales. Pero no en Parler, que acoge y protege a la extrema derecha y a la que el presidente estadounidense Donald Trump pidió a sus seguidores migrar tras ser suspendido de las otras plataformas por alentar a los asaltantes del Capitolio.

Esta última semana ha sido una montaña rusa para la aplicación, que ha pasado de ser un espacio relativamente marginal a convertirse en escenario de un gran debate sobre la libertad de expresión. Tras la llamada del presidente de EEUU, Parler se convirtió en un fenómeno social con cientos de miles de descargas, llegando a los 15 millones de usuarios. Pero poco después la proliferación en la plataforma de mensajes violentos llevó a Apple y a Google a retirarla de sus tiendas digitales y a Amazon a dejar de prestarle su servicio de alojamiento web, lo que ha causado su desconexión temporal.

En España, dirigentes de Vox han vuelto a mimetizar los gestos de su referente norteamericano al replicar esa retórica insurreccionista y pedir a sus seguidores mudarse a Parler, un éxodo digital que también han defendido diputados del Partido Popular y Ciudadanos como Bea Fanjul y Toni Cantó. Pero, ¿qué hay detrás de la plataforma que ahora defienden?

Hogar de conspiraciones y neonazis

Los impulsores de Parler -que pretende ser una alternativa a Twitter- han querido definir la aplicación como un baluarte de la libertad de expresión, pues de cara a la galería rechazan moderar contenidos. Sin embargo, la plataforma también ha bloqueado y suspendido cuentas cuando ha querido. Su permisividad ha servido para intentar ocultar que se ha convertido en un refugio para grupos supremacistas y neonazis, en el que se permite la instigación a la violencia y verter todo tipo de conspiración, así como comentarios racistas, misóginos o antisemitas. Investigadores han destapado que en la red social existen miles de cuentas replicando estos mensajes, algunas incluso pidiendo asesinar a policías durante la toma de posesión presidencial de Joe Biden, el día 20.

La cara visible de la app es su director general, el informático libertario John Matze. Sin embargo, su cofundadora es Rebekah Mercer, hija del multimillonario donante republicano Robert Mercer. El padre fue inversor del portal ultraderechista Breitbart -anteriormente dirigido por Steve Bannon, exasesor de Trump- y de la firma Cambridge Analytica, que utilizó ilegalmente datos personales de usuarios de Facebook para impulsar la propaganda política de las campañas de Donald Trump y del ultraconservador Ted Cruz. Otro de sus inversores es Dan Bongino, exagente del servicio secreto, 'influencer' trumpista e impulsor de múltiples teorías de la conspiración.

Parler también ha sido criticada por sus graves fallos de seguridad. Antes de quedar desconectada, investigadores 'hackearon' y publicaron miles de datos, fotos y documentos colgados en la app para facilitar la identificación de los usuarios que organizaron el asalto al Congreso. "Parler es una estafa para rastrear y radicalizar aún más la extrema derecha estadounidense", ha denunciado Christopher Wylie, el exanalista que destapó el escándalo de Cambridge Analytica.

Problemas de la desconexión

La decisión de Amazon, Google y Apple de dejar de prestar servicio a Parler por la proliferación de llamamientos impunes a la violencia ha convertido a la plataforma en una mártir de la extrema derecha estadounidense, que habla de una caza de brujas. Trump incluso ha dicho que "estudiará crear una plataforma propia". Parler se ha convertido así en el foco del debate sobre la libertad de expresión.

Los expertos señalan que la desconexión de la red social es problemática porque Amazon no es una plataforma, sino un proveedor de infraestructura web. La dificultad para un procedimiento tan complejo como encontrar un nuevo servicio de hospedaje web y trasladar toda la arquitectura digital en pocas horas llevó a la desconexión de Parler. "Esto manda un mensaje peligroso: si los intermediarios de infraestructura pueden eliminar el problema de raíz eso puede llevar a los reguladores a pedirles que hagan de policía de internet, comprometiendo su funcionamiento", ha apuntado Konstantinos Komaitis, director de estrategia y desarrollo de políticas de la Internet Society. Amazon tiene derecho a dejar de prestar ese servicio con un aviso de antelación que, según ha explicado, ha ido lanzando las últimas semanas.

Pero la decisión podría incurrir en una violación de la ley de competencia, argumento que defiende Parler en su demanda aunque sin aportar pruebas. "Plataformas investigadas por actuar como monopolios aprovechan ahora para decir que eso no está tan mal", explica el abogado Borja Adsuara.

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No es la primera vez que empresas tecnológicas dan la espalda a plataformas de la extrema derecha. En 2018, Gab perdió a sus socios y quedó desconectada tras permitir los mensajes antisemitas del terrorista supremacista que asesinó a 11 personas en un ataque a la sinagoga de Pittsburgh. Esta red social, ya activa, es otra alternativa a la que tanto Trump como los dirigentes de Vox se han mudado, pidiendo el seguimiento de sus fieles. Gab y Parler han sido uno de los principales focos de desinformación y llamadas a la violencia que cristalizó en el asalto al Congreso.

Los altavoces digitales de la extrema derecha

Donald Trump pasará a la historia, entre muchas otras cosas, por haber llevado al paroxismo la estrategia de una presidencia digital impulsada por su antecesor, Barack Obama. Durante cuatro años el magnate republicano se ha servido de grandes plataformas como Facebook, Twitter y Youtube y las ha transformado en un altavoz para propagar posiciones ultraconservadoras a sus seguidores sin tener que pasar por el filtro crítico de los medios de comunicación. Cuando éstas lo han silenciado por aplaudir la insurrección contra su propio Gobierno, sus seguidores se han mudado en masa a otras redes sociales alternativas.


El año pasado los enfados del presidente con las plataformas y su moderación de contenido impulsaron la popularidad de aplicaciones otrora marginales como Parler, que han abrazado y permitido la difusión de teorías conspirativas supremacistas y neonazis. Aunque era su principal refugio digital, su desconexión ha llevado a la extrema derecha trumpista —y a otras como Vox— a redes sociales como Gab, otro de los focos de desinformación y llamados a la violencia que cristalizó en el asalto al Congreso. En 2018, las tecnológicas también dieron la espalda a Gab tras tolerar los mensajes antisemitas del terrorista supremacista que asesinó a 11 personas en un ataque a la sinagoga de Pittsburgh.


El ataque al Capitolio puso en relieve el uso de Dlive, una plataforma de vídeos en directo con la que parte de esa turba retransmitió su incursión a las cámaras legislativas de Estados Unidos. Algunos de ellos, como el usuario ‘Baked Alaska’ —expulsado de otras plataformas—, incluso recibieron propinas de hasta 2.000 dólares de sus fans que vivieron la insurrección desde sus casas como si fuese un espectáculo. Esta red de ‘streaming’, algo así como el Twitch de la extrema derecha, se ha beneficiado del éxodo de plataformas como Youtube. En un mensaje interno, el director de Dlive dijo a sus empleados que “tolerarían” las retransmisiones de grupos supremacistas y neonazis para asegurarse un mayor crecimiento.