Entrevista

Vera Jourová: "Necesitamos que la democracia sea sexy de nuevo"

  • La comisaria de Valores y Transparencia lanza una batería de medidas para proteger la integridad de las elecciones, luchar contra la desinformación y reformar el pluralismo mediático
  • El pulso al Estado de derecho de Hungría y Polonia se suma a otras amenazas para la UE, como el auge del extremismo o la falta de transparencia de las plataformas digitales
Vera Jourova.

Vera Jourova. / MAURO BOTTARO

Se lee en minutos

El pulso al Estado de derecho, encarnado por Hungría o Polonia, no es la única amenaza que afronta la Unión Europea. El auge del extremismo, la escasa transparencia y responsabilidad con la que actúan las grandes plataformas digitales, los ataques de desinformación y las interferencias extranjeras llevan años zarandeando una democracia que está en "crisis a nivel global", que "no puede darse por sentada" y que la pandemia del coronavirus "ha amplificado", alerta la vicepresidenta del Ejecutivo comunitario y responsable de Valores y Transparencia, Vera Jourová, durante una entrevista con un grupo de de medios europeos, entre ellos EL PERIÓDICO.

La respuesta de la Comisión Europea ante este desafíos es un nuevo plan de acción sobre democracia europea focalizado en tres ejes -reforzar el pluralismo mediático, luchar contra la desinformación y promover elecciones "justas" y "libres"- que Bruselas completará antes de las elecciones europeas de 2024 con recomendaciones para proteger a los periodistas, propuestas para revisar la financiación de los partidos políticos, y nueva legislación para regular la propaganda política, el llamado 'microtargeting' (gestión de datos para influir en decisiones) en internet y el uso de perfiles ideológicos en las campañas electorales porque las elecciones deberían ser una "competición de personas reales y no de robots", sostiene.

"El debate político se ha privatizado, organizado y estructurado por algoritmos que se utilizan para vender productos en internet. Tenemos que reaccionar. Necesitamos que la democracia sea sexy de nuevo, mostrar que todas las voces cuentan. Que la gente sepa por qué están viendo un anuncio, quién ha pagado por él, qué criterios de 'microtargeting' se han utilizado. Las nuevas tecnologías deben ser herramientas para la emancipación no de manipulación", reivindica Jourová que apunta directamente a casos como el Cambridge Analytica, el referéndum del 'brexit' y la recolección de datos de los perfiles de los usuarios de Facebook como uno de los problemas pendientes por resolver.

"No queremos que las elecciones sean una competición de métodos sucios. Las plataformas tienen que hacerlo mejor. Queremos que haya un debate horizontal, no un debate en burbujas. La promoción de ideas no puede ser tratada de la misma forma que los productos", insiste. Su siguiente paso será un estudio de impacto al que seguirá una propuesta legislativa en el tercer trimestre de 2021 que definirá qué es contenido político. "Si queremos certeza jurídica necesitamos legislar y el 'microtargeting' es el núcleo del problema. No es probable que lo prohibamos pero queremos más transparencia" porque "la directiva sobre protección de datos no es suficiente", explica Jourová.

Domar las plataformas digitales

En esta batalla por la transparencia hay un actor cuyo comportamiento será clave: las plataformas digitales como Facebook o Google. La nueva ley de servicios digitales y mercado digital que presentará la Comisión Europea el próximo 15 de diciembre obligará a estos gigantes a evaluar los riesgos que plantean sus sistemas, incluido el riesgo a influir en el discurso público, y a aumentar su responsabilidad sobre los contenidos que los usuarios intercambian como las 'fake news' o contenidos terroristas. "La libertad de expresión es esencial y no apoyaré soluciones que la socaven pero tampoco podemos dejar que nuestras sociedades sean manipuladas" porque "si hay estructuras organizadas que buscan sembrar la desconfianza y socavar la estabilidad democrática seríamos ingenuos si no respondiéramos", alega la checa poniendo como ejemplo el movimiento antivacunas.

La idea en este terreno es apuntar no solo a quienes interfieren sino también a quienes amplifican los mensajes y se benefician de la propagación de contenidos dañinos. "La desinformación como tal no es ilegal y no pretendemos controlar el contenido" sino "empoderar a la gente para que entienda por qué ven determinados contenidos y que puedan hacer una elección libre" porque "los contenidos a menudo se vuelven virales en horas". Hasta ahora Bruselas había echado mano únicamente de la autorregulación a través de un código de buenas prácticas al que se han sumado solo cuatro grandes plataformas de las 11.000 que operan en la UE. La idea es avanzar hacia la corregulación.

Te puede interesar

"Necesitamos un pacto de desinformación con las plataformas o más bien antidesinformación", reivindica avanzando la presentación en los próximos meses de nuevo parámetros para lograr cambios estructurales y evitar que los grandes gigantes se lucren con las campañas de desinformación y actúen como árbitro de la verdad en internet. "Queremos estándares de responsabilidad sobre algoritmos. Saber cómo priorizan y quien ve qué y por qué. Tiene que haber reglas claras para que los investigadores puedan verificar qué está ocurriendo" y "las plataformas deben dejar de ganar dinero con la desinformación y necesitamos mejores vías para lidiar con la manipulación a través de bots o cuentas falsas", subraya.

El plan también contempla la presentación de nuevas iniciativas para promover el pluralismo y la libertad de los medios de comunicación con el objetivo de lograr un entorno más seguro para los periodistas y evitar las denuncias abusivas. "Desde principios de 2020 al menos 140 periodistas y trabajadores de medios han sido atacados en 11 estados miembros. En dos tercios de los casos la fuente de la amenaza eran individuos privados. En un tercio, policías o representantes de la seguridad del estado y esto es la punta del iceberg”, alerta Jourová, que cifra en un 73% las mujeres periodistas que han experimentado violencia en internet.