LA FUTURA RELACIÓN

El acuerdo entre Londres y Bruselas, en tiempo de descuento

Michel Barnier y David Frost apuran la negociación del pacto comercial que regulará las relaciones a partir del 1 de enero de 2021

En las filas del Ejecutivo británico admiten que la actual semana es "crucial" para el avance de las negociaciones

Manifestantes anti-’brexit’ muestran pancartas al paso del negociador jefe de la UE, Michel Barnier, este lunes en Londres.

Manifestantes anti-’brexit’ muestran pancartas al paso del negociador jefe de la UE, Michel Barnier, este lunes en Londres. / DANIEL LEAL-OLIVAS (AFP)

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Silvia Martinez / Begoña Arce

El proceso de retirada del Reino Unido de la Unión Europea, consumado el pasado 31 de enero de 2020, ha estado plagado de momentos cruciales pero esta semana puede llegar el definitivo. En un mes, Londres cortará definitivamente amarras con el club con la consumación del 'brexit' económico, que supondrá salir de la unión aduanera y el mercado único tras el fin del período transitorio, y la impaciencia ante la falta de avances en la negociación del futuro acuerdo comercial, que regulará las relaciones entre ambos bloques, empieza a hacer mella entre los 27 estados miembros

La Unión Europea no necesita "un acuerdo a cualquier precio" pero "si fracasamos en lograr un acuerdo no lanzaría una buena señal", ha advertido este lunes la cancillera alemana, Angela Merkel, en un encuentro con parlamentarios europeos en el que ha hecho hincapié en los valores comunes que comparten el Reino Unido y la UE y en que es "interés de todos" llegar a un acuerdo. Aún así, las sensaciones entre los dirigentes de la UE no son buenas y nadie se atreve a vaticinar si habrá fumata blanca o no en los próximos días porque persisten, tal y como advirtió el pasado viernes el negociador europeo, Michel Barnierlas mismas "divergencias" sustanciales que hace nueve mesesla pesca, la gobernanza y el llamado 'level playing' o unos estándares comunes que impidan una competencia desleal en el futuro.

El desplazamiento del francés este sábado a Londres, para retomar las negociaciones cara a cara tras el parón obligado por un positivo por covid-19 en su equipo y la consiguiente cuarentena, no ha servido para desatascar la situación. Pese a su "paciencia y determinación", el tiempo literalmente se agota. "Creo que aún es posible lograr un acuerdo pero, si podemos, debemos cerrarlo esta semana porque realmente se está agotando el tiempo para prepararlo y ratificarlo", ha alertado el jefe de la diplomacia irlandesa, Simon Coveney.

El dilema de Johnson

En este contexto, el primer ministro británico, Boris Johnson, parece abocado a elegir entre complacer a los puristas de la soberanía nacional, esos que rechazan cualquier concesión a Bruselas, o salvar la economía de las consecuencias calamitosas de un salto al vacío. En las filas del Gobierno, se reconoce que la actual semana "es crucial" en las negociaciones. Johnson podría  intervenir personalmente para tratar de desbloquear una situación cada vez más peligrosa. Pero nada garantiza que esté dispuesto a hacerlo. El Gobierno no ha presentado aún un análisis sobre el impacto que tendrá en la economía británica la marcha de la UE y el agravamiento que supone romper la relación sin más. Johnson y el Partido Conservador en el poder no parecen muy interesados en tales estimaciones que ponen al descubierto el precio que van a pagar los británicos. La pasada semana un organismo independiente, la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), confirmó que ruptura sin acuerdo hará más daño a largo plazo a la economía nacional que el efecto del covid. Una estimación en la que coincide el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey. "Creo que a largo plazo los efectos pueden ser más persistentes que los del covid", declaró ante el comité parlamentario del Tesoro.

El virus se va a llevar por delante a largo plazo un 3% del producto interior bruto del país, dando por hecho que habrá una vacunación masiva el próximo año. El coste estimado de la salida de la UE es del 4%, en el mejor de los casos, contando con que las negociaciones concluyan con éxito y se produzca una transición ordenada. Si eso no se logra habría que añadir un 2% más al deterioro económico. Total, una pérdida 9% del PIB y el Reino Unido con la mayor deuda de su historia reciente.

De terminar rigiéndose por las tarifas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), todos los sectores económicos se verán afectados, incluida la City. "La edad de oro de la City en Londres comenzó con un 'Big Bang'. Está acabando con un suspiro", titulaba el lunes el portal económico Bloomberg. "Aumenta el miedo a que el motor financiero de la desregulación en 1986 con Margaret Thatcher -conocido como el 'Big Bang'- vaya desmantelándose gradualmente, tras una reciente oleada de anuncios de algunos negocios poniendo rumbo a la Unión Europea, en el momento en que Gran Bretaña entra en el último mes del periodo de transición del 'brexit' sin un acuerdo sobre servicios financieros a la vista".

Traducción y ratificación

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El problema de haber apurado tanto la negociación radica en que no basta con que Bruselas y Londres lleguen a un acuerdo. El texto, posteriormente, debe ser traducido a todas las lenguas europeas -se necesitan unas tres semanas- y ratificado por el Parlamento británico y al menos por el Parlamento Europeo, siempre y cuando los 27 opten por un acuerdo solo de la UE, tal y como ha recomendado el servicio jurídico del Consejo, y no por un acuerdo mixto al estilo del CETA con Canadá que obligaría también a abrir el proceso de ratificación a nivel nacional.

"En principio todos pueden adoptar un enfoque pragmático e ir a un acuerdo solo UE pero tienen que quedar claro que esto no sienta ningún precedente y tiene que haber alguna explicación legal que puedan llevar a sus capitales explicando por qué no se lleva a los parlamentos nacionales", explican fuentes diplomáticas sobre los entresijos legales del acuerdo y la disposición de los Veintisiete a acelerar la tramitación. En todo caso, se trata de un procedimiento que llevará al menos unas semanas y que, de retrasarse complicaría la conclusión a tiempo, antes del 31 de diciembre. De hecho, y dado el estrecho calendario que existe, la Eurocámara baraja ya la posibilidad de convocar un pleno extraordinario el próximo 28 de diciembre. "El tiempo es y ha sido siempre el verdadero enemigo del 'brexit'", sostiene Georgina Wright, analista del 'think tank' Institute for Government.