Crisis económica

Mesa de Navidad sin hallaca en Venezuela

El tradicional plato tiene un coste de 30 dólares en un país donde el salario mínimo y los beneficios alimentarios alcanzan un 10% de esa suma

Plato de hallaca.

Plato de hallaca. / ALVARO MONGE

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Abel Gilbert

Digan lo que digan, no discuto más, la mejor hallaca la hace mi mamá. La canción del grupo vocal Serenata Guayanesa, popularizada en los años ochenta por Raquel Castaños, suena estos días para muchos venezolanos como la melodía de una imposibilidad. Es que ese plato tradicional navideño, la masa de harina de maíz que se sazona con caldo de gallina y rellena con carne de res, cerdo o pollo, se combina además con aceitunas, ají dulce, pasas de uvas pimentón y cebolla, para luego envolverse todo en hojas de plátano y hervirse, faltará en muchos hogares a pesar de aquello mismo que anunciaba la canción: Preparen la mesa, vamos a cenar, preparen la mesa mi negro, vamos a cenar/con panes y hallacas y ron pa' tomar.

Nicolás Maduro había decretado el 15 de octubre el "inicio" de la Navidad. En medio de la campaña electoral decidió que en diciembre se relaje el confinamiento y la actividad comercial intente renacer de sus cenizas. "Queremos compartir trabajo, ganancias, regalos, amor, perdón, encuentro y reencuentro con las familias, amigos y amigas. La Navidad es la época más bonita de todo el año, es una época de espiritualidad y más en este año 2020", dijo el presidente venezolano.

Pero la hallaca parece estar más allá de los buenos deseos del "presidente obrero". Los precios de los productos básicos para elaborarla están por las nubes en un país desgarrado por las sanciones internacionales y el descalabro interno, donde el salario mínimo acaba de ser estipulado en 1,2 millones de bolívares. El bono de alimentación ha quedado en la misma cifra.

Una economía dolarizada

Pero esos incrementos no pueden ganarle la carrera de la devaluación de la moneda nacional. Por cada dólar se necesita casi un millón de los bolívares que hace dos años habían renacido con el adjetivo de "soberano" y después de que se le quitaran cinco ceros de la antigua denominación. La economía venezolana se ha dolarizado a un ritmo frenético. Se calcula que un 70% de las transacciones se realizan con unas divisas que solo tienen los que reciben remesas o forman parte de los sectores sociales altos.

Solo el kilogramo de carne costaba días atrás 1,9 millones de bolívares porque su precio ha subido en un año 2.847%. Los economistas más entusiastas calculan que se necesitarían entre 30 y 35 dólares para elaborar 50 hallacas y dejar conformes a una familia entera con sus invitados. Sin embargo, el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación de Maestros Venezolanos (Cendas-FMV) estima que ese mismo grupo familiar debería reunir 29.930.000 bolívares o 42,76 dólares para poder adquirir los 18 productos esenciales y hacer realidad aquello que también pregonaba la voz de Raquel Castaños: Qué guiso tan bueno, que rico el honor, todo viene envuelto en fresco verdor. La cebolla cuesta 1.788,0%, más que en 2019. El ají dulce, un 1.783,2%. Además, muchos ya se resignan a no masticar el tradicional pan de jamón: se cotiza entre 8 y 12 dólares.

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El Palacio de Miraflores reconoce la dimensión del problema y por eso le ha asignado a los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) la tarea de garantizar los "combos hallaqueros". Maduro a su vez prometió en medio de la campaña proselitista del Partido Socialista Unificado (PSUV) que "todas las familias tendrán el pernil en su mesa". Esta vez, aseguró, no se importará. "Será producción nacional", dijo, con énfasis publicitario.