ELECCIONES EEUU 2020

Las elecciones en EEUU se leen en femenino plural

La vicepresidencia de Harris y una ola de congresistas republicanas marcan hitos

Las mujeres, especialmente negras, han sido clave en la organización y movilización

Las elecciones en EEUU se leen en femenino plural
4
Se lee en minutos
Idoya Noain

La lucha principal en las elecciones de Estados Unidos este 2020 la han librado dos hombres septuagenarios blancos pero estos comicios, históricos en muchos aspectos, han de leerse en femenino plural.

Justo 100 años después de que se ratificara la enmienda 19 de la Constitución estadounidense que reconoció que no se podía negar el derecho a voto por cuestión de sexo (aunque a las mujeres negras se les siguió negando en la práctica hasta 1965) se han marcado varios hitos. El más visible ha sido la histórica elección como vicepresidenta de Kamala Harris, primera mujer de color que llega por derecho propio a la Casa Blanca, primera con raíces asiáticas, primera hija de inmigrantes; pero hay más.

Cuando tome posesión el Congreso el 6 de enero habrá en él un número récord de mujeres, en espera de los resultados definitivos, al menos 140 en las dos cámaras según los datos actualizados de que dispone el Centro de Mujeres y Política Americanas de la Universidad de Rutgers. Y seguirán infrarrepresentadas, muy lejos de reflejar la proporción real de las mujeres en la población, pero la marca bate la de 102 congresistas que se alcanzó en las últimas legislativas.

Han sido, además, las mujeres, especialmente las negras, las que han colaborado con su activismo, organización y movilización a la victoria de Biden en unas elecciones que han superado los récords de participación electoral en 120 años en EEUU. Y la implicación de esas mujeres negras, a las que Harris definió el sábado pasado como "la espina dorsal de la democracia estadounidense”, se considera nuclear en el triunfo que Biden se ha apuntado en Georgia y también en estados como Pensilvania o Michigan, impulsado por áreas metropolitanas de grandes urbes como Filadelfia y Detroit.

Horizontes ampliados y nueva normalidad

"La victoria de Harris entierra la pregunta de la elegibilidad de las mujeres para altos cargos, un interrogante que persiguió tanto a mujeres como a gente de color que buscaron la nominación demócrata este ciclo electoral", explicaba la directora, Debbie Walsh, en una nota del centro especializado de Rutgers. "Para mujeres y niñas de toda condición social y convicciones políticas, el ascenso de Harris a la vicepresidencia amplia los horizontes de lo que es posible", añadía.

Walsh también había esperado con optimismo moderado desde las legislativas de 2018 que los récords de candidatas y nominadas se convirtieran en "la nueva normalidad" y ahora cree que 2020 ha justificado ese optimismo. "Éxitos como estos no pasan simplemente", ha recordado apara añadir: "Requieren la atención dedicada de partidos, donantes, activistas y votantes; y trabajo duro".

Las mujeres republicanas

Este 2020 es especialmente interesante el caso de las políticas republicanas, las máximas ganadoras en las carreras a la Cámara Baja. Fue tras la ola azul de 2018, en la que llegaron a Capitol Hill representantes emblemáticas demócratas que ahora han renovado escaño como Alexandria Ocasio-Cortez y el resto del "escuadrón" (Ilhan Omar, Rashida Tlaib y Ayanna Pressley), y cuando los republicanos solo consiguieron ganar un nuevo escaño femenino, cuando el partido conservador entendió que tenía un problema con sus mujeres.

Desde entonces las ha convertido en una prioridad, buscando candidatas que se alejaran de su patrón masculino y blanco, invirtiendo millones de dólares en sus carreras tanto de primarias como en las elecciones generales, y ha logrado fruto. Los conservadores van camino de batir su marca de representación femenina, con al menos 27 congresistas en la Cámara Baja. Y al menos 16 son nuevas representantes, una cifra sin precedente entre los republicanos, aunque insuficiente para ocultar la lacra de su acentuada infrarrepresentación.

Blancas, negras y latina

En términos de voto en estas elecciones, según los primeros análisis de encuestas a pie de urna, ha habido menos "brecha de género" de la que se anticipó y aunque ha habido ligeros movimientos como el de algunas mujeres conservadoras blancas hacia Biden, en muchos casos parecen haberse replicado los parámetros de 2016. Los cambios han sido menos dramáticos de lo que hacían prever las encuestas y se mantiene el patrón histórico según el cual, en elecciones presidenciales, incluso con Donald Trump como candidato, el partido es una fuerza mayor que el género.

En la victoria del ticket demócrata sí ha sido destacable, no obstante, el papel de mujeres negras latinas, y no solo en cuestión de los antes mencionados activismo y organización, sino también de voto. Nueve de cada diez mujeres negras han votado por Biden y Harris, mientras que en los hombres han sido ocho de cada 10. Y en el caso de las latinas han sido siete de cada diez, mientras que en los hombres latinos eran seis.

La historia ayuda a explicar lo que ocurre pero también lo hacen otras cuestiones. Preocupa la educación. Preocupa el trato a las minorías. Y preocupa la pandemia, en lo sanitario pero también en lo económico. Según datos del National Women’s Law Center, el nivel de participación de mujeres en la fuerza laboral de EEUU está en su nivel más bajo en 32 años. Eran de mujeres más del 54% de los 10,1 millones de empleos que se han perdido desde febrero, cuando empezó a golpear el coronavirus, que se ha cebado con las minorías.

Noticias relacionadas

Misoginia y patriarcado

"Conforme más mujeres diversas se presenten y lleguen a cargos, más pueden mover nuestras percepciones de liderazgo político", escribían en un artículo en The Washington Post las profesoras de historia Stacie Taranto y Leandra Zarnow. Pero las dos recordaban también que en EEUU todavía "las mujeres en política confrontan una cultura de misoginia que ha sido una barrera formidable por demasiado tiempo. (...) Sin agitación persistente  y una toma de conciencia nacional sobre las raíces patriarcales de la democracia" proseguían Taranto y Zarnow, "no se logrará la paridad en la política ni se cambiará la cultura y arquitectura de género de nuestra democracia".