Relevo en la Casa Blanca

El trumpismo saca poco músculo en Washington

Miles de seguidores del presidente Trump protestan en Washington contra el "robo" infundado de las elecciones

La marcha transcurre sin incidentes y se queda muy lejos de las mejores expectativas de los republicanos

Manifestación a favor de Trump / RICARDO MIR DE FRANCIA

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Ricardo Mir de Francia

Ha pasado una semana desde que se confirmara la derrota de Donald Trump contra Joe Biden en las presidenciales de Estados Unidos, pero una parte substancial del país sigue negándose a aceptar el veredicto inapelable de las urnas. Miles de seguidores del todavía presidente tomaron el sábado las calles del centro de Washington para protestar contra ese “fraude electoral” negado categóricamente por los organismos independientes, las agencias de seguridad y los tribunales donde se ha impugnado el resultado. La marcha sirvió para constatar que Trump no ha perdido la devoción de su electorado, pero se quedó muy lejos de ser la clase de demostración de fuerza que podría prolongar el suspense. El ocaso de su presidencia está escrito. Solo falta saber si abandonará la Casa Blanca a las buenas o esposado. 

Las expectativas del trumpismo eran grandes, después de que sus protestas se hubieran ceñido hasta ahora a pequeñas concentraciones frente a algunos parlamentos estatales. El sábado fueron muchos más, una multitud de varios miles de personas que marcharon desde las inmediaciones de la Casa Blanca hasta el Tribunal Supremo, donde los republicanos esperan que se dirima el resultado final de las elecciones. Una esperanza cada vez más evanescente. Pero sus números palidecieron frente a las pretensiones reflejadas en el nombre de la manifestación: “la marcha del millón MAGA” (Make America Great Again”. Ni siquiera Trump pareció demasiado impresionado. Horas después de que comenzara la puesta en escena no le había dedicado un solo tuit. 

Guardaespaldas de la civilización occidental

Lo que sí hizo el presidente, que sigue sin admitir su derrota, fue pasearse brevemente entre los asistentes sin salir de su limusina, poco antes de marcharse de Washington para pasar el día jugando al golf en su club de Virginia. “Pasarán semanas o meses, pero vamos a seguir defendiendo a nuestro presidente”, dijo desde un pequeño escenario el párroco que bendijo a las masas con un sermón de alto voltaje político. “Señor, ayúdanos a exponer el fraude. Las fuerzas de la oscuridad han descendido sobre nosotros”, añadió tras describir a Trump como el “guardaespaldas de la civilización occidental”

Los gritos de “paren el robo”, “cuatro años más” o “Fox News apesta” resonaron en la Avenida Pensilvania. La cadena amiga de Ruppert Murdoch está en el punto de mira del trumpismo desde que fuera uno de los primeros medios en darle la victoria a Biden en Arizona. Desde entonces, Susan Nicholson ha dejado de ver la Fox y de seguir sus cuentas en las redes sociales. “Es absolutamente irresponsable lo que hicieron. Estoy triste porque habríamos ganado estas elecciones de no ser por la corrupción”, dice detrás de una mascarilla donde se lee “Dios, armas y Trump”. “La culpa de lo que está pasando en este país es de la Fundación Clinton, que sacó a Dios de las escuelas y propició que surgieran grupos radicales como Antifa o Black Lives Matter”. Muy cerca suyo, una pancarta decía: “Noticias falsas, virus falso y voto falso”. 

Teorías conspiratorias

Entre la concurrencia se escucharon toda clase de teorías sobre el supuesto puñerazo electoral, sin que nadie tuviera muy claro en qué habría consistido, más allá de las conocidas acusaciones infundadas, como esa que dice que no se permitió a los interventores republicanos asistir al recuento. “La misma logia corrupta que gobierna el mundo ha robado estas elecciones”, decía Amy Lehman, dueña de una pequeña empresa de limpieza, que condujo 10 horas desde Ohio para participar en la marcha. “¿Y quién forma parte de ella? Pues ya se sabe, los Rothschild, los ángeles satánicos, el Papa Negro…” 

Lehman no ha perdido la esperanza de que el resultado acabe dando un vuelco en los tribunales. “Nosotros tenemos algo que la izquierda no tiene, tenemos a Dios de nuestra parte y cada día hace milagros”. La alternativa a Trump es “el fin de nuestra República” porque “el comunismo tomará el control si Biden llega a la presidencia”. “Con lo que ha hecho en Ucrania y China, Biden tendría que estar en la cárcel”, dijo repitiendo uno de los gritos de guerra del presidente. Para Isabel y John, ambos neoyorkinos y cincuentones, el supuesto complot habría partido de los gobernadores demócratas, “que pusieron en marcha un plan para crear miedo respecto al Covid-19 con el objetivo de provocar un vuelco político en el país”. 

Ambos pertenecen al movimiento antivacunas y apuntan a Bill Gates como la fuente de todos los males. “Gates quiere vacunar a toda la población mundial para que enfermemos y crear después un gobierno planetario”, decían aludiendo a una de las conspiraciones recurrentes entre los antivacunas. Ambos creen además que Biden es un agente a sueldo de China, una idea propagada por la web conspiranoica de ultraderecha Infowars. 

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Por más que la suerte de Trump parezca echada, el presidente ha conseguido dinamitar la credibilidad de la democracia estadounidense. Un 70% de los votantes republicanos decían esta semana en una encuesta que las elecciones “no han sido limpias ni justas”. Ese será el gran legado del neoyorkino y su partido, que no ha tenido agallas para condenar su comportamiento.

Lo que no quita que se estén quedando solos. El jefe del Estado Mayor del Ejército dijo la víspera que el trabajo de los militares consiste en “defender la Constitución” y “no a un dictador”. Posiblemente no tendrán que hacerlo porque el golpe encubierto de Trump para cambiar el resultado electoral no parece que vaya a funcionar.