29 nov 2020

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Elecciones EEUU

Jill Biden, decidida a hacer historia

La educación y la familia son los dos grandes compromisos de una potencial primera dama dispuesta a romper moldes

Idoya Noain

Jill Biden en un acto en Florida.

Jill Biden en un acto en Florida. / REUTERS

En 2003, un grupo de gerifaltes del Partido Demócrata fue a la casa del entonces senador Joe Biden para intentar convencerle de que podía ganar a George Bush si se presentaba a presidente. Jill Biden, que estaba en bikini en la piscina, tenía una opinión. Encontró un rotulador en la cocina, se pintó esa opinión en el estómago y la paseó ante los presentes: "No".

Así es la doctora Biden, la forma en que urge a ser llamada, rechazando el "señora Biden", que no para nada esta mujer de 69 años pasó 15 combinando sus labores de madre de tres hijos y de profesora para sacarse dos másters y un doctorado en educación. Tiene temperamento, como buena "chica de Philly" (la ciudad en cuya área metropolitana creció, aunque nació en Nueva Jersey). Es clara. Y ha sido la socia vital determinante, en lo personal pero también en la carrera política, del hombre que ahora acaricia la presidencia de Estados Unidos, una en la que ella está decidida a hacer historia como primera dama.

Ya cuando fue la segunda dama en los ocho años de vicepresidencia de Biden durante los mandatos de Barack ObamaJill Biden rompió moldes al combinar sus funciones, viajes oficiales y el trabajo con familias militares con Michelle Obama o contra el cáncer con su puesto de profesora en el Northern Virginia Community College, al que llegó tras haber pasado como maestra por institutos públicos, un psiquiátrico juvenil y un instituto de formación profesional de Delaware. Y ha mostrado su intención de ser también la primera cónyuge presidencial que sigue manteniendo un empleo fuera de la Casa Blanca. Porque la educación es su pasión y su compromiso, como lo es la familia.

Enamorada de padre e hijos

Alguna vez ha dicho que se enamoró no solo de Biden, sino de sus hijos Beau y Hunter. Los conoció en 1975, solo tres años después de que la tragedia les golpeara cuando la primera esposa del demócrata y su hija murieron en un accidente de tráfico en el que los niños también resultaron gravemente heridos. A los 26 años ella tenía ya un divorcio a sus espaldas y se resistió a aceptar las proposiciones de matrimonio del entonces senador, "un auténtico caballero", porque necesitaba descartar que esa unión tampoco llegara a buen puerto y creara potencialmente otro trauma de pérdida a los pequeños. Pero dos años después, a la quinta petición y con un ultimátum, dio el 'sí'. La boda tuvo lugar en 1977. Y la tercera hija de la familia, Ashley, llegó en 1981.

La muerte de Beau Biden a los 46 años en 2015 por un cáncer cerebral llegó a alejarle de la fe y la iglesia y le dejó una marca que no oculta -"Soy capaz de sentir felicidad, sin duda, pero no es tan pura, no hay la magia de la vida que solía sentir", escribió en 2019 en Donde entra la luz, su tercer libro tras dos para niños-. También hizo que diera el relevo en el papel de confidente político para Joe Bide que había jugado el hijo mayor, que sirvió con honores en el Ejército y fue fiscal general en Delaware.

En la tercera y definitiva lucha por la presidencia de su esposo ha desempeñado también un papel relevante, volcada en la campaña primero virtual y en las últimas semanas en mítines y actos en todo el país. Es un enlace fundamental, por ejemplo, con los hispanos (y para reforzarlo ha estado aprendiendo español con una aplicación). Fue determinante en la histórica selección como candidata a vicepresidenta de Kamala Harris, por más que hubiera recibido "como un puñetazo en el estómago" un ataque que la senadora lanzó a Joe Biden en una discusión sobre raza en los debates de primarias.

Por supuesto ha sido ella quien ha estado ayudando a la campaña demócrata a integrar parte de las propuestas educativas de Bernie Sanders. La esposa de este, Jane, que fue presidenta de una universidad comunitaria, ha alabado su autenticidad, un bien escaso y preciado en Washington, y ha destacado sus raíces en la clase trabajadora. De hecho Jane Sanders llegó a decirle a su marido: "Te votaría a ti por presidente pero votaría a Jill como primera dama si tuviera opción".

Firme con el 'bully'

Igual que plantó un puñetazo a un bully que había tirado gusanos a una de sus cuatro hermanas pequeñas, la doctora Biden ha defendido con uñas y dientes a su esposo y a Hunter Biden de los viciosos ataques de Trump, que ha intentado sembrar sobre ellos sombras de corrupción y ha explotado problemas de adicción del vástago. Pero sobre todo ha sido capaz de transmitir la empatía y la decencia que son señales de la casa Biden.

"¿Cómo completamos una familia rota?", dijo en el discurso virtual en la convención este verano, que ofreció desde un aula de instituto vaciada como tantas otras por la pandemia de coronavirus. "Igual que una nación, con amor y comprensión y pequeños actos de bondad. Con valentía. Con fe inquebrantable. Estás ahí para el otro en cosas grandes y pequeñas, una y otra vez". Eran más que palabras. Es su lección vital.