29 nov 2020

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CARRERA A LA CASA BLANCA

Más de lo mismo: la agenda de Trump para un segundo mandato

El presidente prepara una purga en su Gabinete y en el Gobierno federal si se consolida en el Despacho Oval

Idoya Noain

Donald Trump, en la Casa Blanca, con una mesa llena de ’fast food’.

Donald Trump, en la Casa Blanca, con una mesa llena de ’fast food’. / SAUL LOEB / AFP

Cuando Donald Trump se sentó en junio para una entrevista en FoxNews, Sean Hannity, su principal acólito en la ultraconservadora e influyente cadena, le preguntó cuál era la prioridad para su segundo mandato. El presidente de Estados Unidos salió por peteneras, dijo solamente que se sentía "más experimentado" y aprovechó para llamar "idiota" a quien fue su asesor de seguridad nacional, John Bolton.

Un mes después, y ante el torrente de críticas por la falta de una agenda específica, Hannity le dio otra oportunidad. Entonces el presidente replicó: "Vamos a vencer al enemigo invisible (el coronavirus). Vamos a reconstruir la economía. Vamos a traer empleos de vuelta de tierras extranjeras que nos los han robado en horribles acuerdos comerciales. Vamos a seguir haciendo grandes acuerdos comerciales. Vamos a acabar de reconstruir nuestro muro".

En esas dos entrevistas, pese a las generalidades, había pistas fundamentales del plan de Trump si se mantiene como 45 presidente de EEUU. Porque ya hay noticias de que prepara una purga en su Gabinete y en el Gobierno federal de todos aquellos que, como a Bolton, considera desleales, no suficientemente alineados con sus planes o a quienes se han atrevido a contradecirle públicamente. También, porque en la escasa información que se ha dado de agenda política concreta, lo que se ha evidenciado es que profundizará en la del primer mandato.

Purga en seguridad nacional y sanidad

Los nombres señalados en la purga que ya varios medios han citado recurriendo a fuentes cercanas al presidente incluyen al director del FBI, Christopher Wray; y a la directora de la CIA, Gina Haspel, que Trump cree que no han hecho suficiente ante sus acusaciones, no fundadas, de que la Administración de Barack Obama le espió y conspiró contra él. También está en la diana el secretario de Defensa, Mark Esper.

Suenan asimismo intensamente los tambores de remodelación del liderazgo de departamentos y agencias vinculados a la lucha contra el coronavirus. Es un movimiento que incluso algunos asesores le desaconsejan en medio de la pandemia, pero cuadraría con la estrategia de Trump de minimizar la gravedad de la crisis.

Sin detalles

Respecto a las políticas de un potencial segundo mandato, existe un claro vacío de planes específicos. Este se evidenció en agosto de forma cristalina cuando el Partido Republicano, por primera desde 1856, no presentó una plataforma antes de la convención y se limitó a volver a adoptar la de 2016. Y aunque justo antes de ese cónclave la campaña de Trump publicó una lista con 49 puntos para presentar la "serie de principios centrales" del presidente para los próximos cuatro años y prometió que el presidente daría "más detalles en discursos centrados en política en actos de campaña"los detalles no han llegado de boca del presidente, y eso que oportunidades, con una agenda plagada de mítines hasta el último momento, ha tenido.

Trump se limita a hacer declaraciones como la que se dio en verano en The New York Times: "Seguiremos con lo que estamos haciendo, solidificaremos lo que hemos hecho y tenemos otras cosas en bandeja que queremos hacer". Pero otros en su equipo ya han dado algunas claves. La semana pasada, por ejemplo, la voz que ha susurrado al oído de Trump las draconianas políticas de migraciónStephen Miller, anunció los cuatro pilares que guiarán al presidente en ese terreno si sigue en el Despacho Oval. Se limitará aún más el asilo (ya brutalmente reducido), se luchará contra las "ciudades santuario" (que se niegan a colaborar plenamente con las autoridades federales), se expandirán los chequeos de historial a quienes intenten entrar en EEUU y se limitarán los visados de trabajo.

Puede darse por seguro también que, de seguir en la Casa Blanca, Trump continuará su ambicioso impulso a la desregulación. En marcha ha puesto ya esfuerzos por recortar fondos a las cuatro ciudades que su Departamento de Justicia ha designado "jurisdicciones anarquistas" (Nueva York, Portland, Seattle y Washington DC). Mantendrá su apuesta por lograr acuerdos comerciales bilaterales (con el ojo puesto en primer lugar en uno con el Reino Unido y otro con Taiwán). Y ha prometido la creación de una comisión para hacer realidad su proyecto de enseñar "educación patriótica" en las escuelas de EEUU.

Pendiente del Congreso

Hay otras cosas que siguen en el aire. Fundamental es qué forma cobrará su prometido y nunca entregado plan alternativo para sustituir la reforma sanitaria de Barack Obama (sobre cuyo futuro el Tribunal Supremo se pronunciará poco después de las elecciones). Y aunque en terreno fiscal Trump puede intentar recuperar su propuesta de recortar los impuestos en las nóminas o de hacer permanentes los recortes de tasas que aprobó en su primer mandato ahí, como en la aprobación de un nuevo paquete de ayudas económicas para paliar la crisis del coronavirus, dependerá de un Congreso cuyo control también se decide en las urnas.