29 oct 2020

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PROTESTAS CIUDADANAS

La revolución libanesa se cuece a fuego lento

En el primer aniversario de las manifestaciones masivas en el país mediterráneo, la sociedad muestra su hartazgo e insiste en la unidad

Andrea López-Tomàs

Manifestación en Beirut para conmemorar el primer anirversario del inicio de las protestas, este sábado.

Manifestación en Beirut para conmemorar el primer anirversario del inicio de las protestas, este sábado. / EMMA FREIHA (REUTERS)

Beirut vive sus revueltas como una fiesta. A lomos de una furgoneta equipada con altavoces, todo un repertorio musical reivindicativo celebra el primer aniversario de la revolución de octubre. "No dejaremos que nos quemen vivos", defiende entre gritos de protesta Lina Noueiti, "ahora somos uno, ¿ves? El mundo nos mira, tengo esperanza". En medio de su peor crisis económica en décadas y dos meses después de la explosión que arrasó con media capital, la gente del Líbano festeja que hace un año tomaron sus calles.

La aprobación de una tasa sobre las llamadas de WhatsApp fue la mecha que prendió la revolución. Aunque la crisis económica, la corrupción y la paralización de las instituciones por las divisiones políticas llevaban décadas alimentando la ira popular. "Ha perdido algo de impulso, pero el nivel de desesperación y miseria sólo pueden reavivar el sentimiento de revuelta", opina Lidia Helou, de 24 años. "Se ha convertido en un movimiento más desesperado, incluso más violento, pero sigue ahí; esta revolución es la única esperanza que nos queda".

Este 17 de octubre la plaza de los Mártires de Beirut, epicentro del movimiento, se ha vaciado rápidamente. La juventud libanesa, hastiada y combativa, ha optado por recorrer a pie toda su capital para protestar frente al Banco Central, frente al Parlamento y terminar su jornada reivindicativa frente a un puerto en ruinas al atardecer. Con antorchas en la mano, jóvenes y mayores han aparcado su rabia delante de la imagen que aún inspira llantos. "¡Todos son todos!", exigían la caída de los líderes de las 18 comunidades religiosas que ordenan el país al finalizar el minuto de silencio por las casi 200 almas que la explosión del 4 de agosto se llevó por delante. 

"Zaura feminista"

"Un año después el apoyo a la revolución es mayoritario; en cambio, las autoridades no han cambiado, solo se han vuelto más agresivas", dice Lina Noueiti, de 52 años. "La gente ya no mira hacia otro lado; no se trata de quién está en la calle, va de lo que decimos, somos la voz del pueblo", concluye orgullosa. Las calles de Beirut se llenan de las voces de mujeres ampliadas por micrófonos y megáfonos. Sus cánticos aún lideran la zaura, revolución en árabe. "Zaura feminista, zaura no sectaria", chillan sobre el capó de una furgoneta jóvenes con velo y sin él.

Pero no solo la incapacidad de transformar este ímpetu popular en una alternativa real ha hecho que en este primer aniversario las protestas no fueran masivas. También la crisis económica y el trauma vivido por la explosión en el puerto han forzado a muchos libaneses a emigrar fuera de su país. Además, la ausencia de gobierno podría verse solucionada la próxima semana con el retorno de Saad Hariri, primer ministro que depuso el movimiento hace un año.

"Siento como si nadie nos hubiera escuchado", reconoce Helou, "la rabia y la frustración me hacen perder la esperanza de que cualquier cambio estructural venga de la clase política". Noueiti reconoce que este nombramiento no afectaría a la revolución en este abismo entre la política y la sociedad. "Necesitamos que los jueces impongan las leyes y encarcelen a los criminales; sin justicia no podremos reconstruir el Líbano", explica esta beirutí de 52 años. "Quemaremos el país con nuestros políticos dentro para poderlo reconstruir".

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