29 oct 2020

Ir a contenido

COMICIOS EN EL PAÍS OCEÁNICO

Jacinda Ardern arrasa en las elecciones de Nueva Zelanda

La dirigente laborista logra el 49% de los votos frente al 27% de Judith Collins, la líder del opositor Partido Nacional

La buena gestión de la pandemia y de otras crisis como la de los atentados de Christchurch están detrás del triunfo

Laura Puig

La laborista Ardern declara su victoria en las elecciones de Nueva Zelanda / EFE

Cuando Jacinda Ardern fue elegida primera ministra de Nueva Zelanda, en octubre del 2017, se convirtió en la mujer más joven en el mundo en liderar un Gobierno. Tenía 37 años. Hoy, tres intensos años más tarde, en los que ha sido madre y ha tenido que lidiar con crisis como la del atentado supremacista de Christchurch o la pandemia del coronavirus, ha sido reelegida con una aplastante victoria en las elecciones generales celebradas este sábado.

En el 2017 (en Nueva Zelanda, los comicios son cada tres años), la dirigente laborista, en aquel momento prácticamente una desconocida, quedó en segundo lugar en los comicios por detrás del conservador Bill English, quien llevaba casi una década en el Gobierno. Sin embargo, un pacto con los nacionalistas de Nueva Zelanda Primero y el Partido Verde la catapultó al Ejecutivo de este país oceánico de cinco millones de habitantes. En esta ocasión no necesitará negociar con ninguna fuerza, ya que ha obtenido el 49,1% de los votos, lo que le se traduce en 64 escaños de los 120 que tiene el Parlamento unicameral neozelandés.

La principal fuerza opositora, el conservador Partido Nacional de Judith Collins, ha perdido 21 diputados y se queda con 35 (27% de los votos); el liberal ATC (8%) ha obtenido 10, los mismos que los Verdes (7,6%), y el Partido Maorí entra en el hemiciclo con un escaño (1% de los votos). Los populistas de Nueva Zelanda Primero se han quedado sin representación.

Lengua maorí

"En los próximos tres años hay mucho que hacer. Nos reconstruiremos de la crisis del covid mejor y más fuertes", ha declarado la vencedora ante sus eufóricos seguidores en la ciudad de Auckland, en un discurso que ha iniciado en lengua maorí.

Su carácter empático y su buena gestión de la crisis sanitaria han contribuido a la victoria electoral de Ardern, quien durante su juventud trabajó en una cocina popular en Nueva York y formó parte del equipo de consultores del entonces primer ministro británico Tony Blair. Tiene un buen manejo de las redes sociales, hasta el punto de que la llaman "la primera ministra de Facebook". En Instagram suele colgar fotos domésticas con su pareja, el presentador de radio y televisión Clarke Gayford, pero nunca de su hija, Neve, que en junio cumplió dos años. Y tras decretar el cierre del país el pasado 25 de marzo, cuando solo había seis casos y ningún fallecido, Ardern se dirigió a la nación a través de un directo de Facebook después de acostar a su pequeña para trasladar su comprensión con la ansiedad que pudieran sentir los ciudadanos y pedir disculpas por una medida tan drástica.

Reducción del 20% del salario

La consecuencia de confinar el país en un estadio muy embrionario de la epidemia -con clausura total de fronteras y estrictas medidas de contención- ha sido un impacto muy limitado del coronavirus, con 1.872 casos y solo 25 muertos. Además, en solidaridad con los trabajadores afectados por las consecuencias de la crisis sanitaria, la política laborista decidió en abril que tanto ella como el resto del Gabinete se bajarían el sueldo un 20% durante seis meses.

Tras declarar al país "libre de covid" y volver a la práctica  normalidad el 9 de junio, la primera ministra volvió a confinar la ciudad de Auckland, la más grande de Nueva Zelanda a principios de agosto por un brote en cuatro miembros de una misma familia y retrasó un mes las elecciones, previstas en un principio para el 17 de septiembre.

Pero la buena gestión de la pandemia no ha sido su único éxito. El tacto con el que enfrentó la masacre en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch en marzo del 2019, en la que el supremacista blanco Brenton Tarrant asesinó a 51 personas e hirió a decenas más, también le ha valido numerosos elogios. Además de transmitir un mensaje de unidad y respeto hacia la comunidad musulmana (se puso un 'hiyab' durante su visita a los supervivientes y a los familiares de las víctimas del ataque), logró sacar adelante en un tiempo récord un proyecto de ley para prohibir la venta de armas automáticas y semiautomáticas como las que usó el terrorista, de quien se niega a pronunciar su nombre. "Muchos de los que esta mañana se han visto directamente afectados por este tiroteo pueden ser inmigrantes en Nueva Zelanda. Pueden ser incluso refugiados que han elegido Nueva Zelanda como su hogar. Porque este es su hogar. Ellos son nosotros", dijo Ardern en un emotivo mensaje tras los atentados.

La dirigente se autodefine como feminista, socialdemócrata, progresista y republicana, en un territorio que tiene como jefa del Estado a la reina de Inglaterra. Además, defiende el derecho al aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la universidad gratuita para todos los neozelandeses y la legalización de la marihuana. Precisamente, este sábado se votaban también en Nueva Zelanda dos referéndums: uno sobre la eutanasia y otro para decidir si se legaliza el cannabis para uso recreativo. Los resultados definitivos de ambas consultas no se anunciarán hasta el 6 de noviembre.

Crisis habitacional y pobreza infantil

En el balance negativo pesa el incumplimiento de algunas de sus promesas electorales, como la de solucionar el difícil acceso a la vivienda o las bolsas de pobreza. También se le reprocha no haber hecho suficiente para atajar la pobreza infantil. La directora ejecutiva de Unicef en Nueva Zelanda, Vivien Maidaborn, sostiene que los "neozelandeses blancos tienen una experiencia de vida muy diferente a la de los ciudadanos maorís o de los pueblos del Pacífico". Una experiencia que se ha visto magnificada con la pandemia.

En esta nueva legislatura, Ardern tendrá que enfrentar la peor recesión económica en décadas del país derivada de la crisis sanitaria, que ha provocado una ingente pérdida de ingresos del turismo. Entre abril y junio, el PIB se contrajo un 12,2%, tras 11 años de crecimiento económico.