29 oct 2020

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ELECCIONES EEUU 2020

La hora de los 'vices'

El contagio de Trump y la avanzada edad del presidente y de Biden da relevancia al debate entre Mike Pence y Kamala Harris

Idoya Noain

Kamala Harris y Mike Pence.

Kamala Harris y Mike Pence.

Los debates entre los candidatos a vicepresidente de Estados Unidos acostumbran a ser un asunto marginal, políticamente irrelevante y que genera escaso interés, con menos de la mitad de audiencia que los presidenciales. No en este turbulento y pandémico 2020.

Con el país sacudido por un coronavirus que ha dejado en el país ya más de 210.000 muertos y casi 7,5 millones de contagiados, incluyendo el presidente Donald Trump, el cara a cara entre el republicano Mike Pence y la demócrata Kamala Harris este miércoles por la noche en Salt Lake City está inyectado de relevancia. Y con un presidente infectado de 74 años y un aspirante demócrata, Joe Biden, que de ganar llegaría a la Casa Blanca con un récord de 78 años, quizá nunca antes se ha mirado a los números dos con más idea de que podrían ocupar el Despacho Oval.

La pandemia, en el fondo y en la forma

El debate está totalmente marcado por la pandemia en cuestiones de fondo político como la economía, la atención sanitaria y la desigualdad racial pero también, y no es solo anecdótico, en la forma. La separación entre los candidatos se ha incrementado hasta los 3,6 metros. Y puede que Kamala Harris aparezca separada de Pence por una pantalla de metacrilato. En principio otra se iba a colocar alrededor de Pence pero su equipo puso reparos a última hora, usando además comentarios de deje despectivo hacia Harris  ("que lo use si le hace sentir más cómoda"). Pence está al frente del grupo de trabajo sobre coronavirus de la Casa Blanca.

Ese papel del republicano, y por ende la fallida y cuestionada respuesta federal de la Administración Trump a la pandemia, se puede anticipar como uno de los núcleos centrales del debate, aunque los temas que se abordarán en nueve segmentos de diez minutos no se han adelantado. Y aunque sobre el papel abre una línea de ataque clara para Harris, que se ha preparado semanas para vincular a Pence con Trump y atacar el historial político de su mandato, el contagio del presidente le ha forzado a cambiar los planes.

Incluso cuando Trump ha enfermado por su propia irresponsabilidad y ha usado su infección y su tratamiento privilegiado para volver a minimizar la gravedad de la pandemia, Harris llega al debate ahora con el objetivo de no centrarse en la crítica personal al presidente y a Pence sino de lanzar un mensaje a los estadounidenses sobre cómo responderá una potencial Administración de Biden a la crisis. De Pence se puede esperar una encendida defensa de las acciones del gobierno republicano, por más que los sondeos demuestren la mayoritaria desaprobación de la gestión.

Dos fenomenales contendientes

Sobre Pence y Harris recae también el peso de dotar de sustancia la discusión política, algo que Trump imposibilitó en el primer debate con Biden. Y cara a cara estarán dos políticos fenomenales a la hora de debatir, aunque sea de muy distintas maneras, que representan los dos polos del espectro ideológico.

Pence, que pasó 12 años en el Congreso y fue gobernador de Indiana, cristiano evangélico ultraconservador del medioeste, no ha perdido a sus 61 años un ápice de la ambición que desde muy joven ha marcado su trayectoria política. Y estaba en las antípodas formales de Trump pero ha aceptado casi como misión divina estar al lado del presidente. En cuestión de estilo es radicalmente distinto a Trump, con su tono comedido, considerado y suave, pero, como ha recordado el abogado demócrata Bob Barnett, que lo encarnó cuando se preparaba para debatirlo en 2016 Tim Kaine, “de su boca saldrán trumpismos salvajes”. Es un puño de hierro en guante de seda.

También lo es Harris, una mujer de 55 años tampoco falta de ambición que está acostumbrada ya a romper techos de cristal. Esta hija de académicos inmigrantes de India y Jamaica fue varias veces “primera” mujer negra: en la fiscalía de distrito de San Francisco y como fiscal general de California antes de llegar al Senado en 2017. Y en la Cámara Alta, donde volverá a vérsele en las sesiones de confirmación de la jueza conservadora nominada por Trump para el Supremo Amy Coney Barrett, logró capturar la atención con sus incisivos interrogatorios a hombres como los fiscales generales William Barr y Jeff Sessions y el juez Brett Kavanaugh.

Nadie duda de que la estrategia de Pence será retratarla como representante de la “izquierda radical”, algo que ya hizo cuando Biden la eligió en agosto. Volverán contra ella el personal asalto que hizo a Biden en un debate de primarias por haberse opuesto a una medida favorable a la integración escolar de negros.  Pero Harris, acostumbrada a los equilibrios, tiene sus argumentos para defenderse de los dos ataques, aunque normalmente en los debates se le considera mejor al ataque que cuando responde a los golpes.

Pence debe ir con pies de plomo. Con el voto de mujeres alejándose cada vez más de Trump, que ha llamado a Harris “desagradable” y “enfadada”, el republicano debe mostrar que debate sobre filosofía política, no sobre raza o género. pero lo mismo aplica a Harris. Se lo recordaba recientemente Hillary Clinton en una entrevista en su podcast: Harris, dijo, deberá ser sutil y “modular sus respuestas porque sabemos que aún hay un doble rasero vivito y coleando en lo que se refiere a mujeres en política”.