SEÍSMO EN ESTADOS UNIDOS

Trump reaparece para tratar de calmar la inquietud sobre su salud

El jefe de gabinete del presidente contradice a los médicos y asegura que sus constantes vitales son muy prepocupantes

Los positivos por Covid-19 se disparan en el entorno del republicano, con un mínimo de ocho contagios entre sus allegados

Trump dice que está bien pero persisten las dudas sobre su salud. En la foto, Trump, en la suite del hospital de Bethesda donde está ingresado. / OFFICIAL WHITE HOUSE PHOTO / VÍDEO: EFE

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Ricardo Mir de Francia

El estado de salud de Donald Trump está envuelto en una nube de confusión. La Casa Blanca y los médicos que atienden al presidente de Estados Unidos han lanzado este sábado mensajes contradictorios sobre su evolución desde que ingresara la víspera en el hospital militar Walter Reed tras contraer el coronavirus. Sus médicos aseguraron que no tiene fiebre y “se encuentra muy bien”, tanto que ni siquiera habría recibido oxígeno desde su ingreso porque “no tiene dificultades para respirar”. Una versión muy distinta a la que aportó después el jefe de gabinete de la Casa Blanca. “Las constantes vitales del presidente en las últimas 24 horas son muy preocupantes y las próximas 48 horas serán críticas. No estamos todavía en la senda de la recuperación plena”, dijo Mark Meadows a la prensa. 

Las palabras de Meadows no le gustaron nada a Trump, siempre reacio a proyectar debilidad. Y, en este caso, a que calara un mensaje distinto al parte color de rosa que presentaron sus médicos. Pocas horas después, el presidente compareció en un vídeo de cuatro minutos, más pálido de lo habitual, pero sin problemas para articular un discurso que aparentemente improvisó. “No me sentía muy bien pero ahora estoy mucho mejor”, dijo durante la alocución, antes de precisar que los próximos días “serán la verdadera prueba” para determinar su evolución.

Trump también explicó que se le dio la oportunidad de quedarse en la Casa Blanca, aislado en sus dependencias privadas, pero prefirió declinarla. “No puedo estar encerrado en una habitación arriba, totalmente seguro”, afirmó. “Los grandes líderes tienen que hacer frente a los problemas. Ningún gran líder hubiera hecho algo semejante”.

Todo se ha movido muy rápido desde que Trump anunciara en la madrugada del jueves al viernes que había dado positivo por Covid-19, el mismo diagnóstico que recibió la primera dama Melania Trump. El viernes por la mañana los médicos de la Casa Blanca afirmaron que tenía “síntomas leves”, pero esa misma tarde decidieron trasladarlo el hospital por “precaución”, a pesar de que la residencia del presidente cuenta con un sólido equipamiento médico. Desde entonces todo son contradicciones sobre su estado de salud, difícilmente sorprendentes, dada la conflictiva relación con la verdad que tiene la Administración Trump, la misma que acuñó los “hechos alternativos” e inauguró la era de la posverdad con sus abusos propagandísticos

A las dudas sobre la evolución, hay que añadir las creadas por su médico personal sobre el momento en que Trump contrajo el virus. Cuando habían pasado solo 36 horas desde que el presidente anunciara su positivo, el doctor Sean Conley afirmó que el diagnostico se produjo “72 horas” antes. O lo que es lo mismo, el miércoles a mediodía, antes de que el republicano celebrara un mitin multitudinario en Minnesota y un evento de recaudación de fondos en Nueva Jersey al que asistieron un centenar de donantes tras pagar 250.000 dólares por una comida en un club de golf propiedad del presidente. 

Los tiempos del diagnóstico

En esa misma rueda de prensa a las puertas del hospital Walter Reed, otro de los galenos que atienden a Trump dijo que se le administró un tratamiento experimental de anticuerpos “hace unas 48 horas aproximadamente”, es decir, antes de que se hiciera público el positivo. Poco después, Conley tuvo que corregirse a sí mismo con un comunicado en el que dijo haber expresado “incorrectamente” los tiempos de la enfermedad. “Al presidente se le diagnosticó el Covid-19 la tarde del jueves 1 de octubre y recibió el cóctel de anticuerpos de Regeneron el viernes 2 de octubre”. Desde entonces ha recibido también otro tratamiento experimental de Remdesivir, cuya efectividad ha sido cuestionada por algunos estudios. 

Fuentes cercanas al presidente han afirmado además que el viernes por la mañana, cuando sus médicos señalaron que tenía solo “síntomas leves”, se le administró un suplemento de oxígeno, después de que sus niveles cayeran significativamente. Fue entonces cuando se decidió trasladarlo al hospital. Trump cumple con varios factores de riesgo --desde la obesidad, a su género o su edad, 74 años—pero raramente ha utilizado la mascarilla, despreciada también en su entorno. 

Goteo de contagios

El resultado está quedando ahora patente. El goteo de positivos por Covid-19 en su entorno se ha disparado desde el jueves. Están cayendo como moscas. El primer caso fue el de asesora Hope Hicks. Desde entonces se han confirmado los contagios de la jefa del Comité Nacional Republicano, Donna McDaniel, que le acompañó el 25 de septiembre en un evento de recaudación de fondos en Washington; los senadores republicanos Mike Lee Tom Tillis, así como el ex gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, y el presidente de la Universidad de Notre Dame, John Jenkins, que estuvieron con el presidente en la ceremonia celebrada hace una semana en la Casa Blanca para nominar a la jueza Amy Conney Barret para el Tribunal Supremo. En aquella ceremonia abundaron los abrazos y escasearon las mascarillas. 

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También se ha contagiado el jefe de campaña de Trump, Bill Stepien, que le ha acompañado recientemente en varios viajes, así como la asesora presidencial, Kellyane Conway. Son ocho en total, además del presidente y su esposa. Los estragos del virus no solo han arrojado infinidad de dudas sobre la campaña electoral a un mes de las elecciones, sino que amenazan con perturbar seriamente la vida política en Washington. ‘The Wall Street Journal” informa de que el jefe de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, planea suspender las votaciones en la cámara durante las próximas dos semanas.

Hay también hay dudas sobre el trascendental proceso de confirmación de Barret para el Supremo, la magistrada ultraconservadora elegida por Trump para reemplazar a la fallecida Ruth Ginsburg. Aunque está previsto que las audiencias comiencen el 12 de octubre, dos de los senadores que necesitan los republicanos para confirmarla tienen el Covid-19.