INTIFADA DE AL-AQSA

20 años de la última revolución palestina fallida

La segunda intifada (2000-2005) fue el último levantamiento de un pueblo 100 veces derrotado

En el vigésimo aniversario de los enfrentamientos, Israel triunfa en el escenario internacional mientras la causa palestina se instala en el olvido

Ruinas de la vivienda del líder de Hamas Mahmoud al-Zahar destrozada por un misil israelí en Gaza, en septiembre del 2003.

Ruinas de la vivienda del líder de Hamas Mahmoud al-Zahar destrozada por un misil israelí en Gaza, en septiembre del 2003. / MOHAMMED SABER (EFE)

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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"¡Al Aqsa, palestina!". La visita de Ariel Sharon el 28 de septiembre del 2000 a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén prendió la mecha de la segunda intifada palestina. "Cualquier judío puede visitar el Monte del Templo [nombre según la tradición judía] así como cualquier árabe puede visitar cualquier lugar del país", se defendía el líder del Likud israelí por las imágenes en las que aparecía rodeado por decenas de guardaespaldas armados en el tercer lugar más sagrado del islam. Veinte años después, los palestinos recuerdan la provocación del líder de la oposición como el inicio del fin. Los lamentos por los más de 3.000 mártires perdidos durante el levantamiento que duró un lustro no encuentran su eco en un mundo árabe ajeno al sufrimiento de los palestinos. En el vigésimo aniversario de la última revolución palestina, solo Israel, que dejó un millar de víctimas en el conflicto, recibe apoyos y aplausos

Al día siguiente de la polémica incursión del líder de la oposición israelí, los palestinos se asomaron con sus piedras al Muro de las Lamentaciones para atacar a los judíos que rezaban en su espacio más sagrado. Los disparos de la policía se cobraron las primeras siete víctimas palestinas. La intifada de Al-Aqsa, mezquita desde la que Mahoma ascendió a los cielos, llegaba tras el fracaso de la cumbre de paz de Camp Davidmediada por Bill Clinton en julio del 2000. Las conversaciones entre el primer ministro israelí Ehud Barak y el representante de la Autoridad Palestina Yaser Arafat se encallaron por los grandes temas de las fronteras, los refugiados palestinos, los colonos judíos y el futuro de Jerusalén.

Precisamente fue la ciudad santa para las tres religiones monoteístas el escenario del hartazgo del pueblo palestino. Tras una primera intifada entre 1987 y 1993 conocida como la "revuelta de las piedras", las populares rocas que empuñaban los palestinos contra los tanques israelís se quedaron pequeñas. Por eso, decidieron poner el cuerpo y su vida en la lucha. Más de 130 atentados suicidas atacaron a la población civil de Israel, hasta ahora ajena a la violencia. "Fueron los restaurantes, bares, buses y cruces de carreteras en el corazón del país los que constituyeron el frente principal de esa guerra", recuerda el analista Herb Keinon en 'The Jerusalem Post'. 

Muro de separación

Muy lejos de igualarse, la violencia se instaló en ambos bandos y provocó unas 4.700 víctimas mortales, el 80% de ellas palestinas. Entre el miedo y la destrucción -4.100 hogares palestinos fueron demolidos-, Israel viró hacia la derecha: Ariel Sharon fue elegido primer ministro en febrero del 2001. Apenas un año después, en marzo del 2002, lanzó la mayor ofensiva israelí en Cisjordania desde 1967 provocando destrozos en las oficinas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Su líder, Yaser Arafat, empezó su confinamiento en dos habitaciones sin electricidad. 

Esta vez David no pudo derrotar a Goliat. Las fuerzas israelís, que sufrieron el tercer mayor número de bajas en su historia, aplastaron la intifada palestina. Como medida disuasoria de los atentados suicidas, el Gobierno de Sharon construyó el muro que divide físicamente a ambos territorios y reocupó Cisjordania casi en su totalidad. Tras una declaración conjunta con el sucesor de Arafat, Mahmud Abás, en febrero del 2005, el primer ministro israelí declaró la retirada de tropas y los colonos de Gaza en septiembre. 

Viraje a la derecha

Pero las consecuencias de la revolución fallida no terminaron entonces. "Para comprender a Israel hoy, para comprender su giro político hacia la derecha, por qué ha votado una y otra vez por Netanyahu", explica Keinon, "para comprender su total falta de confianza en los palestinos, su indiferencia ante la falta de un proceso diplomático con los palestinos, hay que comprender la tensión y la presión bajo la que todos en Israel trabajaron durante los cuatro años y cinco meses que duró esa intifada". A día de hoy, la población de Israel habita completamente ajena a las penurias sufridas a 30 kilómetros de su costa. 

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Los pactos de normalización de Israel con países árabes como Bahréin Emiratos Árabes Unidos son la constatación del olvido a la causa palestina. Mientras la cada vez más derechista Israel se erige triunfadora en el panorama mundial, los territorios de Gaza, gobernado por Hamás, y Cisjordania, por Fatah, experimentan desde entonces una desesperante separación. Durante los últimos años, la Franja ha sufrido episodios violentos por parte de Israel ignorados por una Cisjordania silenciosa y cómplice. Pero en Palestina siempre debe quedar lugar para la esperanza. El reciente acuerdo entre ambas facciones para convocar las primeras elecciones desde el 2006 dentro de seis meses instala cierto ánimo en la mirada de un pueblo 100 veces derrotado.