LA CARRERA A LA CASA BLANCA

La muerte de la jueza progresista del Supremo Ruth Bader Ginsburg sacude EEUU

Su fallecimiento a los 87 años trastoca radicalmente la campaña electoral a 46 días de los comicios

Trump urge a llenar la vacante "sin demora" y se abre una cruda guerra política de corto y largo plazo

Muere la jueza progresista del Tribunal Supremo de Estados Unidos Ruth Bader Ginsburg. / REUTERS / GARY HERSHOM / VÍDEO: EFE

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Idoya Noain

Dentro de lo tumultuoso del 2020 en Estados Unidos, el año del 'impeachment' de Donald Trump, de la irrupción de la pandemia de coronavirus que ha dejado ya en el país casi 200.000 muertos y una crisis económica y de la renovada explosión de protestas y tensiones por la injusticia racial, la campaña electoral en la que Trump busca la reelección frente a Joe Biden seguía ciertos patrones relativamente estables dentro de lo volátil que es todo en EEUU desde que el republicano llegó al poder. A 46 días de las elecciones, no obstante, cualquier idea de normalidad siquiera remota saltó por los aires el viernes, cuando el Tribunal Supremo anunció que Ruth Bader Ginsburg, emblemática jueza progresista, había fallecido a los 87 años por un cáncer de páncreas.

La muerte de la magistrada, y lo que pase ahora para llenar su vacante, abre una guerra política que puede garantizarse cruenta. Lo que suceda, pese a estar sumido en un torrente de interrogantes, tendrá seguro a largo plazo un impacto fundamental en las próximas décadas de un país donde las decisiones del Supremo lo tocan todo y donde si Trump lograra colocar un tercer juez o jueza, tras Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, asentaría una abrumadora mayoría conservadora 6-3. En lo inmediato, en cualquier caso, altera ya y de forma radical la carrera electoral.

Para Trump, que pese a haber recortado las grandes ventajas que le llevaba Biden en los sondeos seguía por detrás arrastrado sobre todo por su criticada gestión de la pandemia, se abre la oportunidad de redirigir la campaña a su terreno favorito, el de las profundas guerras culturales que se han exacerbado en un país políticamente polarizado. Y si bien el viernes reaccionó con inusitada moderación a la noticia de la muerte de RBG, centrándose exclusivamente en sus dos primeros mensajes públicos en alabar a “una mujer increíble” y una “titán de la ley”, este sábado ha dado el salto a la batalla.

“¡Sin demora!”

“Se nos colocó en esta posición de poder e importancia para tomar decisiones por la gente que nos eligió con orgullo, la más importante de las cuales se ha considerado por mucho tiempo la selección de jueces del Supremo”, ha escrito en Twitter en un mensaje en el que ha etiquetado al Partido Republicano, que controla el Senado, encargado de los procesos de confirmación de jueces federales, uno de los terrenos donde Trump ha más que satisfecho sus promesas a sus votantes. “¡Tenemos esta obligación, sin demora!”

Su aliado principal es Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en la Cámara Alta, que ya el viernes había emitido un comunicado anunciando que el Senado votaría a quien nomine Trump.

Es el mismo McConnell que en 2016, cuando a más de siete meses de las elecciones falleció el juez conservador Antonin Scalia Barack Obama nominó a un sustituto centrista, bloqueó e impidió que ni siquiera se iniciara el proceso de confirmación. Entonces alegó que hacerlo durante un año electoral impediría a los estadounidenses tener una voz en el proceso de selección, un mensaje que desde el viernes han recuperado los demócratas. Ahora el senador, impasible ante las denuncias de hipocresía e incoherencia, dice que las circunstancias son distintas porque la Casa Blanca y el Senado están controlados en un mismo partido.

Pese al mensaje de Trump y McConnell no está claro el ‘timing’ que pretenden seguir en este proceso. La Casa Blanca se ha negado a hablar de ello este sábado y el líder del Senado ha instado a sus compañeros de filas a no hacer a la prensa declaraciones de sus planes que puedan comprometerles luego.

En sus ecuaciones hay muchas incógnitas, incluyendo qué posición tomarán algunos senadores republicanos que se enfrentan a una reelección complicada o si los tiempos del proceso permitirán hacerlo antes de las elecciones. En cualquier caso, y pase lo que pase en las urnas el 3 de noviembre, los republicanos tienen el control del Senado asegurado hasta el 3 de enero de 2021 y podrían votar incluso si pierden la mayoría o si Trump no es reelegido. Además, en unas elecciones en las que sobrevuelan los fantasmas de una guerra por los resultados, que podría acabar en el Supremo como en el 2000, lo último que quieren es un Tribunal con ocho miembros y sin mayoría conservadora garantizada. 

Movilización demócrata

La propia Bader Ginsburg, que resistió las llamadas a retirarse durante el mandato de Obama para facilitar que el demócrata le relevara con un juez progresista más joven, era consciente de lo que representaría su muerte durante el mandato de Trump, un presidente al que llegó a llamar “impostor” (en un episodio por el que luego se disculpó, aunque no por lo que había dicho sino por haberlo hecho en público). Y según reveló NPR, dictó a su nieta unos días antes de morir un comunicado: “mi más ferviente deseo es no ser reemplazada hasta que tome posesión un nuevo presidente”.

Ese es el empeño con el que, incluso con el viento en contra en el Senado, se han comprometido ahora Biden, Kamala Harris (que se sienta en el comité judicial de la Cámara Alta) y los demócratas, entre los que cada vez más voces se alzan urgiendo a incluir en la campaña la promesa de que, si ganan en noviembre, aumentarán el número de jueces en el Supremo para romper la mayoría conservadora.

Los cálculos electorales funcionan ya a toda máquina en los dos campos. Y es cierto para Trump y los republicanos la apertura de la vacante del Supremo puede ser un elemento de movilización del voto conservador, especialmente el religioso y el que se mueve por la radical oposición al aborto, y de recaudación de fondos, donde la campaña del republicano pasaba más apuros que la de Biden, pero sucede lo mismo con los demócratas.

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La movilización del voto progresista ya se vivió ya en las elecciones legislativas tras la confirmación de Kavanaugh. Y el viernes mismo, en las dos horas siguientes al anuncio de la muerte de Bader Ginsburg, los demócratas batieron récords de recaudación.

La trascendental importancia del Supremo

Siendo el judicial solo una de las tres ramas del gobierno en Estados Unidos junto al Ejecutivo y el Legislativo, es imposible minimizar la trascendental relevancia e impacto que tienen en toda la vida del país el Tribunal Supremo y sus magistrados.