PERFIL

RBG, mucho más que un icono

Físicamente pequeña, intelectualmente gigante, Bader Ginsburg fue pionera y arquitecta de la igualdad de género en EEUU

Retrato de la magistrada Ruth Bader Ginsburg en un escaparate de Nueva York.

Retrato de la magistrada Ruth Bader Ginsburg en un escaparate de Nueva York. / JEENAH MOON (AFP)

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Cuando se ha cambiado cómo es un país para las mujeres y en definitiva para todos, cuando se ha hecho de la igualdad y la justicia faro vital, no es de extrañar que se usen los superlativos. Eso es lo que hizo Ruth Bader Ginsburg, primero desde las aulas y la abogacía y luego desde los tribunales, incluyendo 27 años como magistrada del Supremo de Estados Unidos. Y por eso desde su muerte el viernes el país llora la desaparición de un "icono feminista", una "gigante progresista", una "pionera", "la gran igualadora", "titán" y "heroína".  Y aunque su fallecimiento abre una oscura guerra política, su legado brilla.

En la membrana más reciente de la memoria está tatuado el estatus de icono popular que alcanzó ya octogenaria, cuando una estudiante de derecho la bautizó 'Notorious RBG', con ecos de un rapero nacido en Brooklyn, igual que la hija de inmigrantes judíos rusos en 1933. Aquel apodo llegó justo después de que Bader Ginsburg emitiera en el 2013 uno de sus famosos disensos en el Alto Tribunal, cuestionando a la mayoría por eliminar protecciones de la ley de derechos de voto. "Es como deshacerte de tu paraguas en una tormenta porque no te estás mojando", denunció la jueza, que a la famosa máxima de Martin Luther King que reza que "el arco de la historia acaba inclinándose hacia la justicia" le colocó un importante añadido: "si hay un firme compromiso para ver que se completa la tarea".

Caminos improbables

El suyo por lograr la igualdad de género fue inquebrantable. Y un éxito, cosechado por una mujer físicamente pequeña pero intelectualmente gigante que pasó por Cornell y Harvard antes de graduarse en Columbia, que como mujer sufrió en sus propias carnes la discriminación, que vivió una poderosa historia de amor con su esposo y tuvo dos hijos y que como abogada recorrió y abrió caminos improbables y rompió los patrones del paternalismo hacia las mujeres con que se había interpretado la Constitución.

Ruth Bader Ginsburg, durante una beca en la Fundación Rockefeller en Italia, en 1977. / COLECCIÓN DEL TRIBUNAL SUPREMO DE EEUU (AP)

En 1971, como abogada, logró una monumental victoria cuando el Supremo dictaminó por primera vez que la enmienda 14 que garantiza igual protección bajo la ley no solo debía aplicarse por cuestión de raza sino también de género. Y sería la primera de una serie de victorias con que la primera directora del Women’s Rights Project de la Unión Americana de Libertades Civiles, defendiendo fundamentalmente casos de hombres, demostró a una judicatura dominada por el masculino los efectos generales de la discriminación y logró que cambiaran las leyes.

Evolución en la judicatura 

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Progresista moderada una vez que Jimmy Carter le hizo llegar en 1980 a la judicatura federal, amiga de gigantes conservadores como su luego compañero del Supremo Antonin Scalia, se ganó la ira de feministas al criticar Roe v. Wade, cuestionando que la sentencia que legalizó el aborto se hubiera basado en temas de privacidad y no de igualdad. Y no faltaron oposición y dudas cuando Bill Clinton la nominó para el Supremo en 1993, pero en sus 27 años allí su compromiso progresista fue creciendo conforme más se iba escorando el Alto Tribunal hacia lo conservador.

Como luchó por la justicia luchó contra la enfermedad, combatiendo desde 1999 cinco cánceres y metástasis, sin faltar por ello ni un solo día a sus obligaciones en el Supremo. Y en su herencia deja también un respeto profundo por una institución, como tantas otras, cada vez más en peligro. "El disenso más efectivo", dijo una vez "deletrea las diferencias sin poner en peligro la profesionalidad o el respeto público por y la confianza en el estamento judicial".