CORRUPCIÓN EN RUSIA

Un barrio fantasma en la taiga siberiana

Antes de ser envenenado, Navalni desveló en Novosibirsk la estafa de Alekséi Djulai, un oligarca y concejal local que vendió cientos de pisos a medio construir, sin acabados ni infraestructuras

"No hay carretera, ni parques, ni hospital en el distrito; en invierno se cuela el hielo y nos sentimos estafados", se quejan los vecinos, que pagaron sus apartamentos por adelantado

El barrio fantasma de Pliushikhinski, en Novosibirsk.

El barrio fantasma de Pliushikhinski, en Novosibirsk. / MARC MARGINEDAS

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

Escribe desde Moscú

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Tatyana Guseeva arrastra a trompicones, por un camino semiasfaltado lleno de baches, la sillita con la que saca a pasear a diario a su hijo más pequeño. Tampoco es que exista mucho divertimento para menores en este barrio periférico de Novosibirsk donde reside desde hace más de un año. Rodeada de gigantescos socavoneshierba que literalmente alcanza a los mismos portales, ruidosas excavadoras horadando agujeros con permanencia, tuberías de calefacción pendientes de ser enterradas y edificios de baratos paneles unidos a toda prisa por un cemento que incluso rebosa de sus hendiduras, todo a su alrededor rezuma provisionalidad, hasta el punto de que se hace difícil imaginar que cientos de ciudadanos estén ya residiendo en estos apartamentos pagados por adelantado.

"La vida aquí es muy dura; tengo dos hijos y no hay parques ni hospitales; ni siquiera hay una carretera construida; solo tras mucho insistir, nos acaban de instalar el ascensor; uno para dos portales", protesta.

Esto es Pliushikhinski, un distrito fantasma construido a toda prisa en el extremo oriental de la capital de Siberia que ni siquiera existe oficialmente en el catastro municipal. La empresa que lo ha levantado, denonimada Diskus Plus, pertenece a Alekséi Djulai, considerado por muchos como el concejal más rico del ayuntamiento local y aspirante a la reelección en los comicios regionales de este domingo.

Combinando política negocios hasta un nivel inimaginable en cualquier país europeo, Djulai lo controla prácticamente todo en el arrabal: empresas de su propiedad fabrican el material prefabricado con el que se levantan las viviendas, suministran servicios como la electricidad, la calefacción y el agua caliente, regentan las escasas las tiendas y los proveedores de internet abiertos algo más al norte... Y muy probablemente, según denuncia la oposición, pagan a los fornidos hombretones que patrullan el lugar a bordo de aparatosos vehículos con tracción en las cuatro ruedas y que se detienen de forma intimidatoria en cuanto ven a un periodista de aspecto extranjero realizando preguntas a los vecinos. Un enorme pasquín electoral con el rostro del oligarca preside numerosos puntos del barrio, en el que puede leerse su eslogan electoral: "la vivienda debe ser accesible".   

"Nos sentimos estafados"

"Cuando vendimos nuestro apartamento, Diskus recomendó a mi familia comprar un piso aquí, y ahora nos sentimos completamente estafados", explica una adolescente que prefiere no revelar su nombre. "Vivimos en un décimo piso, y durante los inviernos, se cuela el hielo; los pisos superiores se inundan cuando llueve y oímos perfectamente lo que dicen los vecinos", continúa. Tatyana Vikhitovich, una anciana ya entrada en años, se queja de no poder empadronarse en su vivienda recién adquirida, un requisito legal cuya violación en Rusia implica una sanción administrativa.

"Es un esquema piramidal; Djulai no invierte su propio dinero, solo construye a medida que recibe dinero de los compradores", explica Yaroslav Vlasov, reportero del portal de noticias Taiga-Info. El oligarca "necesita el escaño de concejal; sin su mandato (político), su modelo de negocio dejaría de funcionar; no solo quebraría sino que probablemente acabaría en la carcel", denunció en su blog, antes de ser envenenado, el opositor Alekséi Navalni, convaleciente en un hospital alemán.

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Y con el objetivo de garantizar al empresario de la construcción devenido en político un nuevo mandato de cinco años en el ayuntamiento de Novosibirsk, junta electoral, jueces y poderes fácticos locales  parecen haberse empleado a fondo en las últimas semanas , según denuncia Danil Markélov, candidato del distrito por la opositora Coalición 2020 y apartado en el último momento de la liza electoral por un cuestionado problema de procedimiento.

 "Durante la campaña, matones, seguramente pagados por él, me han atacado mientras hacía campaña, me han intentado desacreditar acusándome de pedófilo; finalmente algunas de nuestras firmas de apoyo a la candidatura fueron invalidadas porque sus autores modificaron el padrón a última hora; doy por descontado que les sobornaron", relata Markélov.