29 oct 2020

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UNA LACRA SOCIAL

Los abusos sexuales a menores, la otra epidemia que asola Brasil

El reciente aborto practicado a una menor de 10 años saca a la luz el drama social que enfrenta el país sudamericano

En la última década, cada semana se practica una interrupción de embarazo en niñas de 10 a 14 años pese a las presiones religiosas

Abel Gilbert

Los abusos sexuales a menores, la otra epidemia que asola Brasil

El reciente aborto legal practicado a una niña de 10 años en el norteño estado de Pernambuco, víctima de sistemáticas violaciones perpetradas por su tío a lo largo de casi un lustro, ha sacado a la luz uno de los grandes dramas sociales de Brasil: cada 60 minutos, cuatro menores de hasta 13 años pasaron por el mismo vía crucis u otro tipo de abuso sexual el año pasado. Las conclusiones del Anuario de Seguridad Pública del 2019 provocan espanto: se presentan 96 denuncias diarias. "Estamos frente a otra epidemia. Brasil no consigue ver la dimensión de esta violencia silenciosa en la que las víctimas se callan o son calladas", dice Luciana Temer, directora de la oenegé Instituto Liberta. De acuerdo con Temer, la "naturalización" de este flagelo tiene tal calado que "la gente ya no le hace caso" a una adolescente embarazada y solo "empieza a prestar atención" en quienes atraviesan la misma circunstancia a los 10 años.

El Foro Brasileño de Seguridad Pública da cuenta de que el gigante sudamericano registró durante el 2018 su mayor índice de mujeres violadas. Los 60.041 ataques de ese período arrojan un resultado de 180 cada 24 horas. El 54% de las víctimas fueron menores de 13 años. Sin embargo, Temer considera que esos números no informan de toda la dramática realidad porque solo se basan en los datos que aportan hospitales y comisarías. En las estadísticas faltan las tragedias silenciadas. "Toda niña embarazada hasta los 14 años fue violada, sin importar las circunstancias ", observa la exsecretaria de Juventud, Deporte y Ocio del Estado de Sao Paulo.

El estupro es uno de los casos que contempla la ley para autorizar la interrupción del embarazo. Los otros dos son anencefalia o amenaza para la vida de la madre.  La última década muestra que cada semana se ha practicado un aborto en niñas de 10 a 14 años. El diario paulista 'Folha' ha consignado a su vez que el 66% de esas intervenciones ha involucrado a afrobrasileñas.

La intolerancia

El Instituto Liberta ha contabilizado 84 embarazos de niñas entre los 10 y 14 años durante los últimos tres meses marcados por el confinamiento. Hasta el aborto practicado el pasado domingo en Pernambuco habían tenido lugar otros 34 en ese grupo de edad. Este último episodio alcanzó mayor dimensión noticiosa debido al intento de decenas de ultraderechistas de tomar por asalto el hospital para impedir la intervención, respaldada por un dictamen judicial.

El discurso de los grupos antiabortistas puede llegar al paroxismo. La Secretaría de Educación del Estado de Sao Paulo se vio obligada este miércoles a cesar a una maestra que había justificado en las redes sociales la violación de la chica de 10 años. "No fue violencia. Ella había tenido sexo durante cuatro años con este hombre. Debió haber estado bien pagado. Los niños se defienden llorando a su madre, ¿por qué esta niña nunca lloró?".

El caso de la ministra

El Frente Parlamentario Evangélico no llegó al punto de la maestra paulista, pero lamentó el aborto. "Si hubiera esperado más semanas, hubiera podido salvar una vida (del feto). El niño estaría en una situación perfecta para haber sobrevivido a una cesárea", dijo el diputado Silas Câmara, en un tono compartido días antes por la ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves, quien es también pastora evangelista y, según su propio testimonio, fue violada de niña por dos religiosos que frecuentaban a su familia. A los 10 años de edad pensó en suicidarse con veneno para ratas, pero desistió de terminar con su vida cuando aseguró encontrarse con el mismo Jesús en un árbol de guayaba. Alves sigue convencida de que el aborto es un delito de proporciones. La Iglesia Católica tuvo su momento de coincidencias políticas con los pentecostales televisivos. Para el presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), Dom Walmor Oliveira de Azevedo, arzobispo de Belo Horizonte, en Pernambuco se cometió un "crimen abominable".

Las impugnaciones del aborto que la misma víctima de la violación reclamó a gritos frente al juez tienen a los ojos de algunos analistas sustratos políticos más inquietantes. Alexa Solomon ha detectado cierto "empoderamiento del mal" en las redes sociales. "Sí. Usé el término malicia", añadió sobre las arengas extremistas. "Se está gestando algo muy malo entre nosotros", remachó.