Dura sesión de control en el Capitolio

La guerra por la respuesta de Trump a las protestas llega al Congreso

Explosivo y tenso enfrentamiento entre los demócratas y el fiscal general William Barr

William Barr, fiscal general de EEUU, durante su comparecencia en el Congreso.

William Barr, fiscal general de EEUU, durante su comparecencia en el Congreso. / REUTERS / Chip Somodevilla

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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El choque entre quienes protestan contra la injusticia racial en Estados Unidos y el Gobierno de Donald Trump no solo se vive con renovada intensidad en lugares del país donde el presidente ha desplegado agentes federales como Portland, este mes, o Washington DC, en junio. Este martes la guerra se ha trasladado con toda su virulencia al Congreso, concretamente al comité judicial de la Cámara Baja, donde se han vivido tensos y agitados enfrentamientos de los demócratas con William Barr, el fiscal general de Trump.

En control del comité, los demócratas han renovado sus contundentes denuncias a Barr por politizar el Departamento de Justicia, poner en peligro su independencia y usarlo "al servicio del presidente". Barr y los republicanos, por su parte, han reiterado el mensaje de la Administración de que el despliegue es necesario para frenar actos de violencia contra propiedades federales. Y la sesión, que ha durado más de cuatro horas, ha sido la última exposición del relato divergente con dos versiones opuestas de la realidad que, en un país cada vez más polarizado, es la norma, más acentuada cada día que se acercan las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

“Material para anuncios de campaña”

Ha sido el presidente del comité, Jerry Nadler, quien ha abierto fuego, cuestionando tanto el desalojo violento de manifestantes pacíficos frente a la Casa Blanca para que Trump pudiera hacerse una foto en junio como el despliegue federal reciente en Portland. “El presidente quiere material gráfico para sus anuncios de campaña y usted parece estar sirviéndoselo como se lo pide”, le ha dicho el demócrata en una acusación que a lo largo de las horas han repetido otros de sus compañeros de partido.

“Están proyectando miedo y violencia en toda la nación persiguiendo obvios objetivos políticos”, ha espetado también Nadler, que ha acusado al titular de Justicia de estar “violando los derechos civiles” de los manifestantes y de “suprimir inconstitucionalmente y a la fuerza el disenso”.

La versión republicana

A continuación Jim Jordan, republicano de máximo rango en el comité, ha aprovechado para emitir un vídeo con imágenes de pillajes, saqueos y violencia que salpicaron los primeros días de las protestas en todo el país tras la muerte a manos de la policía de George Floyd, aunque en su mayoría fueron pacíficas. Y como otros republicanos después o el propio Barr ha repetido el discurso de Trump que identifica las protestas con “turbas violentas” y “anarquistas”.

Barr ha abierto su testimonio reconociendo el “horrible asesinato de Floyd”, pero luego se ha mostrado “en desacuerdo con la idea de que exista un problema de racismo sistémico en la policía” de EEUU y ha denunciado que las protestas se han transformado en una “demonización” de esas fuerzas del orden.

Politización

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Las protestas y la agresiva respuesta federal no han sido los únicos elementos explosivos en la sesión. Parte del alto voltaje se explica porque los demócratas llevaban más de un año buscando la comparecencia de Barr, un esfuerzo que pusieron en marcha después de que tergiversara el contenido del informe del fiscal especial Robert Mueller sobre injerencia rusa y la potencial obstrucción de la justicia que fue la base del 'impeachment' del presidente. Y Barr ha hecho poco para alejar los fantasmas de que bajo su tiempo en el cargo el departamento de Justicia ha perdido independencia y se ha politizado.

En la sesión, por ejemplo, el fiscal general ha alimentado las denuncias infundadas de Trump sobre la posibilidad de que la expansión del voto por correo, una necesidad en medio de la pandemia de coronavirus, lleve al fraude. Ha tenido que responder a las críticas por sus cuestionadas intervenciones en los casos de los aliados de Trump Roger Stone y Michael Flynn. Y hasta se ha mostrado dubitativo a la hora de negar que un presidente no puede aceptar asistencia extranjera en unas elecciones.