31 oct 2020

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LA PANDEMIA MUNDIAL

Asia afronta la segunda ola de casos de covid

Los focos se multiplican en varios países y vuelven las cuarentenas y medidas excepcionales

Adrián Foncillas

Maniquís en un restaurante chino de Tokio para garantizar la distancia social.

Maniquís en un restaurante chino de Tokio para garantizar la distancia social. / EPA / FRANCK ROBICHON

Fue la primera en sufrirlo y también en domarlo gracias a sus gobiernos ágiles y previsores y sus sociedades disciplinadas. Pero el regreso del coronavirus a Asia, con generalizados récords de contagios y cuarentenas recuperadas, es el corolario de que tampoco las más alabadas recetas asegurarán el sosiego mientras la vacuna sea esquiva. Descontada la India, la segunda ola asiática tiene magnitudes muy menores a las de Estados Unidos, Brasil y otros países europeos, pero ha devuelto el miedo y refrescado la máxima pandémica de que basta una cerilla para prender la pradera. Incluso Corea del Norte, autodeclarada libre de coronavirus, anunció esta semana su primer caso y cerró Kaesong, una de sus principales ciudades. 

China cuenta con tres focos en sus esquinas: en Xinjiang, lindante con el Asia Central, en las frías provincias septentrionales y en Hong Kong. Los 57 nuevos contagios del domingo, que no incluyen a la excolonia, son el mayor registro desde marzo. La franja del norte ya había padecido focos por el aluvión de chinos desde Rusia pero sorprende la cuarentena de casos en Xinjiang, cuna de los irredentos uigures y sometida ya a un atosigante control social mucho antes del coronavirus.

Tests a mansalva

Los casi 200 contagios en Urumqi, su capital, han activado el protocolo: declaración formal de "modo de guerra", cerrojazo y tests a mansalva. Casi 2,5 de los 3,5 millones de habitantes han sido ya testados y el domingo se emprendió una segunda campaña para descubrir falsos negativos. Es una cifra modesta en la escala china si pensamos en los 11 millones de tests practicados tras un foco en Wuhan, los 10 millones en Pekín o los seis en Dalian.  

Más de la mitad de los 2.700 contagios en Hong Kong se han registrado en este mes de julio. Existen pocos ecosistemas más propicios para las pandemias que la excolonia, un hub de conexiones internacionales con una humedad insoportable donde se aprieta la misma población que Catalunya en un territorio 30 veces menor. El brote ha forzado medidas inéditas como la prohibición de reuniones de más de dos personas, la obligación de mascarillas y el cierre de restaurantes, piscinas e instalaciones deportivas. Las tres semanas siguientes serán cruciales, han aclarado las autoridades, aún con el recuerdo fresco del SARS o la gripe aviar.  

Vietnam no contaba contagios locales desde abril y le ha bastado un puñado de casos para cerrar Danang y ordenar la evacuación urgente de 80.000 personas, turistas en su mayoría. Danang era una anodina y menguada ciudad donde no costaba ver a veteranos de guerra estadounidenses trasegando cerveza en sus bares hasta que las políticas gubernamentales la convirtieron en una de las centros más rutilantes y excitantes de Asia.

Decenas de vuelos trasladan ahora a los turistas a once ciudades  del país, donde les esperan estrictas cuarentenas de dos semanas, en una estrategia contracultural que ordena la evacuación en lugar de la reclusión. A Vietnam, con la más exitosa e ignorada receta contra el coronavirus, se le debe confianza: un país en vías de desarrollo, con más de un millar de kilómetros y sin un solo muerto en una población de cien millones de habitantes, ha suplido sus carencias tecnológicas y hospitalarias con mucha prevención, cuarentenas quirúrgicas y el elemento humano.  

Récords en Japón

También encadena récords Japón, con los 239 casos registrados en Tokio y 803 en todo el país durante el fin de semana. Los expertos aún se preguntan cómo mantuvo a raya al virus en los primeros meses, sin esfuerzos consignables, pero parece que se extingue  su suerte. Tokio ha triplicado las camas hospitalarias para enfermos de coronavirus pero, a pesar de los consejos de reputados epidemiólogos, se resiste a imponer el estado de emergencia para proteger a una economía gripada que ya ha sufrido la cancelación olímpica.

La capital fue excluida de un programa que fomentaba el turismo doméstico y su gobernadora, Yuriko Koike, ha pedido que se eviten las salidas prescindibles. Las autoridades han culpado de los brotes al ocio nocturno pero el caudal de casos sugiere que las causas son más amplias. 

El cuadro no es mejor en el resto del sudeste asiático. Filipinas se plantea recuperar los encierros en su capital después de que su levantamiento disparara los contagios, Malasia estudia medidas para sofocar una docena de focos e Indonesia ya ha superado a China en número de infectados. También en esa zona, pero en las antípodas económicas, Singapur registró casi 500 casos el lunes.  

Ningún país epitomiza el drama como la  India: con la pandemia desbocada se ha visto obligada a levantar los estrictos confinamientos para no hurtarle los medios para la pura supervivencia a parte de su población mientras imploraba sensatez. "Tenemos que recordar que el coronavirus es tan mortífero hoy como lo era al principio", ha insistido su primer ministro, Narendra Modi. La India, con decenas de miles de nuevos casos diarios, sólo precede ya a Estados Unidos y Brasil. 

Ya aclararon los expertos que llegaría la segunda ola en cuanto se relajaran las medidas. Asumida como inexorable, la cuestión radicaba en cómo lidiar con ella. Y, como ocurrió en la primera, Asia lucha con brío y urgencia.