06 ago 2020

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CRISIS EN LA EXCOLONIA BRITÁNICA

Operación huida de Hong Kong

La ley de seguridad nacional y la incertidumbre económica estimulan el éxodo de los hongkoneses

EEUU, Australia, Canadá, Taiwán y el Reino Unido se han ofrecido como refugio para los exiliados

Adrián Foncillas

Manifestación en contra de la ley de seguridad, el pasado 1 de julio por las calles de Hong Kong.

Manifestación en contra de la ley de seguridad, el pasado 1 de julio por las calles de Hong Kong. / TYRONE SIU (REUTERS)

La reciente ley de seguridad nacional ha acentuado la pulsión por desaparecer de algunos hongkoneses. Desaparecieron de las redes sociales para limpiar sus rastros activistas problemáticos y se esfuerzan ahora por desaparecer de Hong Kong. Las docenas de agencias de inmigración en la excolonia viven días intensos, de teléfonos timbrando sin cesar y urgentes peticiones amontonadas.

"El día siguiente a la aprobación de la ley recibimos más de un centenar de llamadas cuando normalmente recibimos entre 10 y 15", revela por teléfono Andrew Lo, presidente de la Agencia Anlex. Su perfil de clientes ha pasado de hongkoneses pudientes de mediana edad a "todo tipo de gente, de los 18 a los 80 años".

Huyen los estudiantes que adivinan el final de las libertades, huyen los empresarios inquietos con sus negocios y ahorros y huye el millar de delincuentes económicos chinos, funcionarios corruptos en su mayoría, que han disfrutado del botín robado en Hong Kong con la serenidad de saberse intocables.

Exilio ineludible

La ley convenció a Gabriel, treintañero, de que el exilio era ineludible tras haberlo despreciado durante meses. "Me siento culpable, por haber fracasado en nuestro objetivo y por dejar atrás la ciudad, pero tengo ya la sensación de que no se puede hacer más. No quiero acabar en la cárcel ni que mis hijos crezcan en este Hong Kong", señala por teléfono.

En esa ley ven muchos hongkoneses el fin del oasis de libertades en el magma chino que habían disfrutado con la fórmula de "un país, dos sistemas". Castigará la secesión o subversión, delitos habituales en el derecho comparado, pero temen que sean interpretados con la elasticidad del interior a pesar del compromiso de castigar sólo a la minoría vandálica.

Las tercas alusiones a la ley, sin embargo, desatienden el complejo cuadro social y económico. La confrontación sin final a la vista ha agotado a muchos y aquel esplendor de Hong Kong ha quedado muy atrás. Escasean los buenos trabajos y se han agudizado los endémicos problemas de vivienda. Sobre Hong Kong pende ahora la amenaza estadounidense de retirarle el estatus económico especial.

Incertidumbre económica

"La principal razón es la incertidumbre económica. Inquieta menos la ley de seguridad nacional que las consecuencias de la ley estadounidense y muchos ven el visado extranjero como un seguro. Intentan abrir cuentas bancarias en el extranjero para llevarse los ahorros antes de que Washington prohíba el uso de dólares", señala Lo. La mayoría pregunta si es posible obtener la residencia mientras vive en Hong Kong, lo que subraya esa vieja tradición hongkonesa de priorizar el bolsillo a las libertades. La respuesta es no.

El frenesí actual culmina la tendencia alcista que empezara con las protestas violentas del pasado año. Una encuesta de Universidad de China revelaba en octubre que el 42,3% de los consultados deseaba emigrar, un salto del 33% respecto al año anterior. Unos 50.000 hongkoneses emigraron en sus últimos seis meses, cuando las calles ardían a diario. Las peticiones de certificados de ausencia de antecedentes penales, preceptivos para los visados, subieron un 50% entre junio del 2019 y abril de este año respecto a las cifras del 2018.  No hay estimaciones recientes pero los indicios son reveladores. Los tutoriales en Youtube sobre cómo pedir los visados o mover los ahorros al extranjero acumulan centenares de miles de visitas.

Hongkoneses cruzan en ferry el puerto de Victoria, en Hong Kong. / JEROME FAVRE (EFE)

A los hongkoneses no les faltarán refugios. Se han ofrecido a acogerlos todos los gobiernos que en los últimos meses habían acumulado pleitos con Pekín: Estados Unidos, Australia, Canadá, Taiwán, el Reino Unido… Londres recibirá a los poseedores del pasaporte de ultramar que concedió cuando formalizó la entrega de la excolonia. Son 350.000 pero más de dos millones y medio cumplen los requisitos para solicitarlo.

Desde las agencias embridan el optimismo sobre las invitaciones globales porque se desconoce aún la letra pequeña y los trámites serán procelosos y sometidos a condiciones. Tampoco el espectro es universal. El grueso de los jóvenes que han llenado las calles quedan fuera de la oferta británica porque nacieron después de 1997. Y existen dudas razonables de que los 9.000 detenidos durante las protestas puedan conseguir un visado debido a sus antecedentes.

Suspicacias hacia Pekín

Tampoco el exilio es barato, apunta Lo. La apertura de un negocio en el extranjero, la vía más socorrida para empresarios, ronda los 200.000 euros. Y los estudiantes que opten por Canadá, uno de los destinos más habituales, pagarán unos 40.000 euros sólo por la matrícula universitaria anual.

Las suspicacias hacia Pekín han catalizado los flujos migratorios de las últimas décadas. Muchos dejaron atrás la isla cuando Londres y Pekín negociaron la entrega en los 80 y otros más se fueron aterrorizados tras ver los tanques en Tiananmén en 1989 al intuir lo que se les venía encima. El éxodo se repitió en las vísperas de la entrega de Hong Kong a China en 1997. Entre la firma de la devolución y su concreción se fueron hasta un millón de hongkoneses, según las peores estimaciones, sobre una población de 7,5 millones. Muchos regresaron tras comprobar que Pekín repetaba las libertades y derechos, que no hay mejor lugar para enriquecerse que Hong Kong y que el racismo hacia los asiáticos es menos mediático pero tan extendido como el que sufren los negros. Tanto en el interior como en Hong Kong se alude con ironía a esas "mareas de retorno" de los apocalípticos.

El tiempo dirá si los que hoy se despiden también regresarán algún día para disfrutar del epatante contorno de rascacielos desde la bahía, de los bullangueros mercados de Wanchai o las mejores empanadillas al vapor del mundo. Lo contrario sería un drama: una generación de jóvenes que parte para no volver supone no sólo un trauma social sino también una fuga de talento que Hong Kong no se puede permitir.