Auge 'ultra'

Alemania reconoce un problema histórico de neonazismo en las filas de su Ejército

La reciente disolución de una compañía de las fuerzas especiales aflora el problema de la infiltración extremista

Manifestantes ultraderechistas mientras participan en una protesta en Chemnitz en mayo del 2018.

Manifestantes ultraderechistas mientras participan en una protesta en Chemnitz en mayo del 2018. / EFE

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Andreu Jerez

Es una "nueva dimensión" en la presencia ultraderechista y neonazi en el Ejército alemán. Con esta argumentación, la ministra federal de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK), anunció la semana pasada la disolución de una compañía completa de las fuerzas especiales del Ejército (KSK, en sus siglas en alemán) para combatir la infiltración extremista en las filas militares. Los integrantes de la compañía disuelta serán investigados individualmente y tendrán que demostrar que son fieles al orden constitucional de la República Federal.

El pasado mayo, las fuerzas de seguridad llevaron a cabo un registro en un terreno perteneciente a un soldado de las KSK situado en el estado federado de Sajonia -un estado con un problema estructural histórico de ultraderechismo-; en él, encontraron munición, explosivos, armas y propaganda neonazi. Fue la gota que colmó el vaso para las autoridades civiles de defensa y la que las llevaron a disolver una de las cuatro compañías de las fuerzas especiales de manera preventiva. 

A raíz de esa operación, la ministra de Defensa decidió poner en marcha una comisión interna que investigase la situación en las fuerzas especiales. La conclusión fue demoledora: "Las KSK no pueden continuar existiendo en su actual estado, tienen que ser remodeladas desde su interior y reintegradas en el Ejército", dijo AKK, haciendo referencia a la autonomía de la que ha gozado históricamente este cuerpo militar y que, aparentemente, permitió la aparición de las estructuras extremistas.

Las KSK fueron creadas en Alemania en 1996 a semejanza de otras fuerzas de élite de Francia y Reino Unido. Bajo el lema La voluntad decide, sus alrededor de 1.400 soldados están encargados de misiones especiales -y en parte secretas- como la liberación de rehenes en regiones de crisis y la detención o eliminación de presuntos terroristas o criminales de guerra.

Riesgo "estructural"

A pesar de que durante su comparencia, AKK intentó desechar la idea de que la infiltración ultra sea un problema generalizado en las filas militares, no se recuerda en Alemania una intervención en la que un representante público reconociese de manera tan abierta la dimensión de la amenaza: "El riesgo de que se convierta en un problema estructural es grande", dijo la ministra de Defensa.

Las KSK y su segunda compañía en concreto llevaban años acumulando escándalos relacionados con tendencias extremistas. Según han ido publicando medios alemanes, en el 2017 algunos de sus soldados organizaron una fiesta con cabezas de cerdo, música de grupos de rock neonazis y en la que hicieron el saludo hitlerianoprohibido expresamente en Alemania y que está recogido como un delito por el Código Penal de la República Federal.

Investigaciones periodísticas también apuntan que soldados de élite de las KSK se organizaron durante años en chats para la llegada de lo que bautizaron como "Día X"; según investigaciones de la Fiscalía, los militares se estaban preparando con armamento y planes para ejecutar atentados contra políticos y activistas de la escena de la izquierda. No es la primera vez que las autoridades alemanas descubren ese tipo de redes clandestinas en el Ejército y las fuerzas del seguridad del país. En la escena neonazi alemana - incluidas las fracciones más radicales del partido ultraderechista AfD- cunde desde hace años la idea de que Alemania se desliza inevitablemente hacia una guerra civil a causa de la llegada de refugiados y de la crisis económica global.

Desaparición de balas y explosivos

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La desaparición de 85.000 balas de diverso calibre y de 62 kilogramos de explosivos, confirmados la semana pasada por el Ministerio de Defensa alemán, apunta que esas tendencias no han desaparecido. El inspector general del Ejército alemán, el general Ebernard Zorn -que compareció junto a AKK-, calificó la desaparición de armamento de "preocupante" y "amenaza potencial". Las conexiones entre determinados sectores del Ejército alemán y estructuras militantes neonazis hacen temer que el armamento pueda ser utilizado en atentados contra inmigrantes, periodistas o políticos

El ataque contra el político local democristiano Walter Lübcke -asesinado el pasado verano presuntamente a manos de militantes neonazis-, sumado a otros recientes atentados, demuestra que el terrorismo ultraderechista es una amenaza real en Alemania. En el aire flota el temor de que ese armamento pueda llegar a manos de células clandestinas como la última organización terrorista conocida en Alemania, la NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista), que operó durante más de una década dejando 10 muertos y una serie de atentados con bomba. La NSU fue desarticulada en el 2011.

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