15 jul 2020

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crisis sanitaria

Argentina retoma la senda del confinamiento riguroso

La nueva fase de la cuarentena afecta a la ciudad de Buenos Aires y su populosa periferia, donde se concentra el 93% de los casos de covid-19

Las restricciones coinciden con un momento de creciente tensión entre el Gobierno y las fuerzas opositoras de derecha

Abel Gilbert

Viajeros en la Estación de Constitución en Buenos Aires.

Viajeros en la Estación de Constitución en Buenos Aires.

La capital argentina y su populosa periferia vuelven este miércoles y al menos hasta el 17 de julio a los rigores del "aislamiento social obligatorio". La lucha contra el covid-19 se juega en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, donde viven en su totalidad unos 13 millones de personas y se concentran el 93% de los contagios del país. Solo abrirán los comercios considerados esenciales. Las calles quedarán otra vez vacías y se penalizará quienes salgan innecesariamente de sus casas.

A diferencia de Brasil, donde se contabilizan más de 60.000 decesos, o Chile, que en pocos días perforará la barrera de los 6.000 fallecimientos, la tasa de mortalidad es baja en Argentina: 1.280 casos letales. La cantidad de infecciones es de 64.530 personas. Pero a diez días de la llegada del invierno, el Gobierno peronista teme un salto exponencial de la pandemia que lleve al colapso la infraestructura sanitaria. Desde el 20 de marzo, cuando comenzó la cuarentena a nivel nacional, han sido ocupadas un 50,5% de las camas de Unidad de Terapia Intensiva (UTI). La nueva fase del confinamiento busca evitar las situaciones límite. Las restricciones alcanzan también a las provincias del Chaco (norte), Río Negro y la capital de Neuquén (Patagonia).

En la noche del martes, el presidente Alberto Fernández pidió "un esfuerzo" más a una sociedad agobiada por más de tres meses de encierro. "Es tiempo de cuidar la vida de los argentinos, y para eso debemos estar todos juntos", subrayó. El presidente de la Asociación Argentina de Epidemiología y uno de sus asesores, Omar Sued, estimó que si "se hacen las cosas bien" es posible reducir en un 70% los casos diarios, que a estas altura de la pandemia tienen un promedio de más de 2.000 cada 24 horas.

Los desafíos que vienen

El covid-19 ha obligado a Fernández a poner en suspenso su política de reconstrucción de un país que calificó de quebrado al punto de carecer de un Ministerio de Salud cuando asumió el cargo en diciembre pasado. Todo ha empeorado. La economía se desplomó un 26% en abril. Se trata de la caída de la actividad más importante en la historia y un indicio de lo que les espera a los argentinos cuando pase la pandemia. Se espera una caída del PIB cercana al 10% y más de un 50% de pobres. Fernández llegó a tener niveles de aprobación sin precedentes. Su imagen positiva alcanzó el 82% cuando el confinamiento se aceptaba de manera festiva. Ha descendido 12 puntos y se espera una merma mayor.

Pero no solo el agravamiento de la economía es un factor de inocultable tensión. Las fuerzas de derecha que gobernaron entre el 2015 y 2019 han ganado la calle con sus mascarillas para poner en duda la legitimidad de la cuarentena. A la vez, acusan al Gobierno de chavismo encubierto por promover un impuesto a las grandes fortunas para financiar la ayuda estatal y, además, tratar de intervenir una empresa agroexportadora que nunca pagó sus créditos a la banca pública y desvió al exterior parte de sus activos.

La suerte de Macri

La ofensiva opositora se conecta con el futuro judicial de su antecesor en la presidencia, Mauricio Macri. Un juez federal, Federico Villena, ha ordenado la detención de una decena de exespías que realizaban escuchas ilegales a opositores, sindicalistas y hasta familiares del propio exjefe de Estado. Entre las personas arrestadas se encuentra Susana Martinengo, la Coordinadora de Documentación Presidencial y receptora de los informes de los exagentes de inteligencia. A su vez es investigado por la justicia el secretario privado de Macri, Mario Nieto. "Estoy seguro que no ordenó esas tareas de espionaje, dijo.

El éxito del acatamiento de la cuarentena no está por lo tanto desligado de los roces políticos que salen a la superficie. Luis Lobo, el subsecretario de Deportes de la ciudad de Buenos Aires, que administra el macrismo, se vio obligado a dimitir después de participar de un torneo clandestino de pádel. Un exministro de Macri, Rogelio Frigerio, fue también visto en el predio bonaerense que burló el aislamiento social. La alcaldía de la localidad bonaerense de Quilmes ha denunciado penalmente a los organizadores de una fiesta llamada La "Not Covid Party" convocada con un inocultable tono antigubernamental. Sus organizadores se consideraron portadores del derecho al jolgorio.