08 jul 2020

Ir a contenido

Crisis sanitaria internacional

Un mundo más frágil tras el covid-19

La pandemia ha sumido a la inmensa mayoría de países en la mayor crisis social y económica desde la segunda guerra mundial

El Periódico

Imagen tomada el 25 de enero de un hospital en Wuhan, donde se originó la pandemia, cuando solo se habían reportado 54 casos en China.

Imagen tomada el 25 de enero de un hospital en Wuhan, donde se originó la pandemia, cuando solo se habían reportado 54 casos en China. / HECTOR RETAMAL (AFP)

Tres meses que cambiaron el mundo. En tan poco espacio de tiempo todos los países han afrontado con aciertos y errores la pandemia del coronavirus, una situación que ha sumido al planeta en la mayor crisis desde la segunda guerra mundial y que obliga a todos los gobiernos a hacer frente a la llamada "nueva realidad", marcada por las profundas dificultades en materia social y económica. De su gestión y solidaridad depende salir reforzados o más debilitados. 

Estados Unidos

La crisis complica la reelección de Trump 

Ricardo Mir de Francia

Un seguidor de Trump se hace un 'selfie' a las afueras del recinto de Tulsa en el que el presidente ha dado su primer mitin de la campaña a la reelección. / SETH HERALD (AFP)

Donald Trump se las prometía muy felices en este 2020 electoral. Comenzó con su salida airosa del 'impeachment', el juicio final de las muchas investigaciones que le han perseguido. Siguió con un Partido Republicano completamente sometido. Un apoyo visceral, y superior al 90%, de los votantes conservadores. Pleno empleo. Crecimiento. Bolsas por las nubes (y las pensiones que dependen de ellas). Un paro bajo mínimos entre hispanos y negros. Y un rival demócrata vulnerable.

Y entonces llegó el virus. Trump no se ha acabado tomando el desinfectante, pero todo lo demás ha salido como se esperaba. Desde el principio minimizó los riesgos de la pandemia, ignoró a los científicos y fue manifiestamente incapaz de liderar la respuesta descentralizada. Ni siquiera a gritos. El resultado son 2,2 millones de contagios y 120.000 muertos. Líder en lágrimas. La curva es una meseta y hay repuntes en muchos estados. Entre medio, la actitud en la Casa Blanca no ha cambiado. El presidente se automedica y nunca se pone la máscara, y el vice aprieta todas las manos que puede.  

El espectáculo no está vendiendo. Solo un 40% aprueba su gestión de la emergencia sanitaria, frente al 55% que la censura, según un sondeo de Reuters/Ipsos. A la debacle sanitaria se ha unido la económica. Del pleno empleo, se ha pasado a más de 40 millones de parados y una contracción prevista del 6,5%. A lo que hay que añadir la nueva energía para votar en su contra en noviembre generada por las protestas masivas contra el racismo. Y no solo entre los afroamericanos, los más golpeados también por la pandemia y el paro. 

Todas las encuestas del último mes dan ganador al demócrata Joe Biden, algunas por más de 10 puntos. Más preocupante para Trump, que ya perdió por tres millones el voto popular en el 2016, son los estados bisagra que deciden los comicios. Va por detrás en casi todos. Y hasta peligran feudos trumpistas como Iowa, Arizona o Texas. 

La campaña no será bonita. El republicano lleva meses diciendo que las elecciones serán un fraude. Por lo que pueda pasar. Y está dispuesto a explotar nuevamente sin filtros el resentimiento y los miedos de parte del país. Sus últimos anuncios de campaña decían que "peligrosas muchedumbres y grupos de extrema izquierda" están "destruyendo nuestras ciudades". Iban acompañados del símbolo usado por los nazis para marcar a los presos políticos. Facebook los retiró de su red.

Unión Europea

La crisis del coronavirus resucita el eje franco-alemán

Silvia Martinez

El presidente francés, Emmanuel Macron, y la cancillera alemana, Angela Merkel, durante una rueda de prensa conjunta -Macron por videconferencia- en la cancillería alemana el pasado 18 de mayo. / kay nietfeld (aFP)

La Unión Europea estrenó el año con nuevos capitanes al mando de la nave comunitaria -la alemana Ursula von der Leyen y el belga Charles Michel- y dos objetivos prioritarios: concluir con éxito las negociaciones del 'brexit' y acordar un presupuesto ambicioso para el período 2021-2027. Ni uno ni otro han logrado de momento los avances esperados, en buena parte debido a la irrupción de una pandemia mundial que ha paralizado durante tres meses a Europa y que ha puesto de manifiesto dolorosos ejemplos de descoordinación y desunión en uno de los momentos más trascendentales de la historia del club.

"El clima que parece reinar entre los jefes de Estado y de Gobierno y la falta de solidaridad europea hacen correr un peligro mortal a la Unión Europea", llegó a decir en abril pasado desde su retiro y en una de sus raras declaraciones públicas el expresidente de la Comisión Europea Jacques Delors. Con el Viejo Continente paralizado y el plan de reconstrucción sin concretarse, el mensaje fue calando en muchas capitales pero especialmente en dos sin las cuáles es difícil que Europa avance: París y Berlín, que una vez más dejaron de lado sus diferencias en cuestiones de dinero y pusieron el "motor" franco-alemán en marcha.

El resultado: el reconocimiento por parte de la cancillera Angela Merkel de que la UE se enfrenta al mayor desafío desde su fundación y el abandono de uno de los mayores tabús de la política alemana: aceptar entregar medio billón de euros en transferencias directas a los países más golpeados por la crisis a partir de un endeudamiento europeo. Las próximas semanas serán claves para confirmar si efectivamente el eje franco-alemán ha resucitado y ejerce de motor de tracción capaz de convencer a los países más austeros de que una situación excepcional requiere una respuesta excepcional. En Berlín nunca han estado más dispuestos que ahora y prueba de ello es el elocuente eslogan con el que Alemania asumirá la presidencia semestral de la UE el próximo 1 de julio: "Todos juntos para relanzar Europa".

China

El gigante asiático: ¿héroe o villano?

Adrián Foncillas

Usuarios del metro de Pekín con mascarillas bajan las escaleras en una estación de la capital china. / ROMAN PILEPEY (EFE)

China sale del coronavirus como heroína y villana, tan vacilante y oscurantista en sus primeras semanas como contundente después. La primera en sufrirlo y en expulsarlo, mostró las cuarentenas como solución y ha sofocado los esporádicos rebrotes con recetas que, en oposición al resto, pecan más por exceso. La dejación de funciones estadounidense ha empujado al centro del escenario a China: ha regado de material sanitario a un mundo aterrorizado, enviado personal médico y condonado deudas a países en desarrollo e inyectado fondos a la OMS tras la espantada de Trump. Una macroencuesta reciente señalaba a China como la vencedora de la guerra por el mensaje: sólo tres de 53 países juzgaban que Washington había gestionado la crisis mejor que China.

Su eficacia ha apuntalado la egregia figura del presidente Xi Jinping, más por deméritos ajenos que por méritos propios. Los chinos, tras meses de estricto encierro, observaron con estupefacción las irresponsables dilaciones globales y se rieron de las teorías sologripistas o de la inmunidad del rebaño.

El horizonte internacional que deja la pandemia en China es sombrío. Pekín ha interiorizado que, gane Trump o Biden en noviembre, le esperan años de hostilidad, sin paz a la vista en la guerra comercial y con interferencias crecientes en asuntos que considera internos como Taiwán, Hong Kong o Xinjiang. Y una economía mundial devastada es la peor noticia para un país que aún no ha conseguido virar su patrón de las exportaciones al autoconsumo.

Pero la escena exterior es secundaria ante los serios desajustes internos que el coronavirus ha agudizado. A la economía, asentada en los últimos años en una "nueva normalidad" de crecimientos modestos, le cuesta arrancar más de lo anunciado. La devastación de sectores como el ocio y el turismo y la caída de producción fabril han dejado decenas de millones de parados de difícil reciclaje laboral. El cuadro exige todos los esfuerzos de Pekín, siempre más preocupada por su patio que por liderar el mundo.

Reino Unido

La pandemia destapa la incompetencia de Johnson y su Gobierno 

Begoña Arce

El primer ministro británico, Boris Johnson, ensaya con alumnos de una escuela de primaria la distancia social. / ANDREW PARSONS-DOWNING STREET (EFE)

Después de meses de controversia, el Gobierno británico dio el jueves marcha atrás y abandonó la polémica aplicación de la Sanidad Pública (NHS) para rastrear infectados de coronavirus. Un sistema centralizado que nunca ha llegado a arrancar y ha sido sustituido por el de Apple/Google, adoptado por países como Alemania o Italia. Una vez más se ha perdido un tiempo precioso y mucho dinero. Un error más en la larga lista de los cometidos por Boris Johnson y su equipo durante la epidemia.

La economía del Reino Unido puede ser la más castigada en el mundo desarrollado, según la OCDE, con una caída del 11% del Producto Interior Bruto (PIB). La vuelta al trabajo apenas despega, las escuelas no han abierto, el paro sube rápidamente. La factura final de la epidemia aún no se conoce. Lo que sí se sabe es que a ese coste se sumará el del 'brexit'. Ni siquiera en las circunstancias "sin precedentes", que menciona el Banco de Inglaterra, Johnson ha pedido una prórroga, para apuntalar mejor empresas y empleos.

Una ironía cruel es que algunas de las regiones donde se apoyó con mayor entusiasmo el 'brexit' están siendo las más castigadas por el coronavirus. El número de muertes es desproporcionado en el llamado "Muro Rojo", en el norte de Inglaterra, zonas deprimidas de la antigua clase obrera laborista que votaron por la salida de Europa y por Johnson en las últimas elecciones. Esos distritos serán los que más sufran las consecuencias económicas, a pesar de las promesas del primer ministro de elevar su nivel de vida.  

El balance de víctimas del Reino Unido es trágico. Del 7 de marzo al 5 de junio el número de muertes, 64.500, ha sido un 43% más elevado que la media, según la Oficina Nacional de Estadísticas. Sólo los fallecidos por coronavirus sometidos al test superan los 42.000. Es la mayor mortalidad de Europa, resultado de la imprevisión, los errores, la tardanza en ordenar el confinamiento. A la pérdida de confianza en el primer ministro, se une su evidente incompetencia para ocupar el cargo.  

América Latina

Tránsito sinuoso con zonas de peligro

Abel Gilbert

Sepultureros del cementerio de Vila Formosa de Sao Paulo, el más grande de América Latina, exuman fosas para abrir nuevos espacios a fallecidos por covid-19. / SEBASTIAO MOREIRA (EFE)

No hay por ahora un "más allá" de la pandemia en América Latina. La región todavía tiene semanas de tránsito sinuoso, con zonas de peligro a la vista, antes de poder imaginar una desescalada. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha sido clara esta semana: por ahora no hay una desaceleración de los contagios, que se acercan a los dos millones. Brasil, Perú, México y Chile se encuentran entre los países del mundo con mayor cantidad de infectados. Brasil ha traspasado la barrera del millón de casos positivos y ronda los 50.000 muertos.

El covid-19 llegó tarde a América Latina. Su expansión previa por Europa permitió en un primer momento ganar tiempo. Pero la crisis económica preexistente y la falta de inversión pública en los sistemas sanitarios se han convertido en serios condicionantes. Casi tres meses después de que comenzara a implementarse el confinamiento, su aplicación no solo ha sido desigual sino que, en algunos países, se ha hecho a medias o mal. Chile, con casi 230.000 infectados y unos 400 decesos, ha extendido el estado de emergencia y ha decretado esta semana una ley que penaliza con cárcel a quienes transgredan el confinamiento. Argentina ha decidido endurecer las restricciones en la capital y la periferia, donde se concentran el 95% de los enfermos.

La pospandemia no ofrece tranquilidades. Ya se palpan los efectos del derrumbe económico. Muchos países tendrán caídas del PIB cercanas al 10%. México, con sus aproximadamente 20.000 fallecidos por covid-19, retoma las actividades laborales. En varios estados brasileños se han abierto centros comerciales a pesar de que sus hospitales se encuentran al borde del colapso. Bolivia, donde solo existen 100 camas de cuidados intensivos, también tiende a la flexibilización. El invierno está a las puertas. Unos gobiernos redoblan los esfuerzos preventivos. Otros hasta descreen de la ciencia. El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, insiste en tratar con cloroquina a embarazadas y niños a pesar de las recomendaciones contrarias de la OMS.

África

¿Futuro epicentro de la pandemia?

Kim Amor

Una mujer en contacto con enfermos de covid-19 acude a buscar medicinas a un centro sanitario de El Cairo. / MOHAMED ABD EL GHANY (REUTERS)

Si hay algún rincón del mundo habituado a lidiar con epidemias, no solo las generadas por virus sino también las relacionadas con las hambrunas, las sequías o las guerras, es África. Para muchos países del continente, el covid-19 no es más que una tragedia más con la que convivir. El sistema sanitario africano ha ganado experiencia a lo largo de los años por los sucesivos combates librados contra enfermedades como el ébola, el sarampión o la malaria, y ahora el coronavirus, pero está exhausto y además sufre de  falta de recursos.

La pandemia se ha ido extendido hasta hora de forma lenta y gradual, si lo comparamos con Europa, Estados Unidos y América Latina, lo que no deja de sorprender por el hacinamiento que sufren las grandes ciudades, el alto porcentaje de trabajo informal y los estrechos contactos comerciales que muchos países africanos mantienen desde hace una década con China. Un millón de chinos residen en África y 800.000 jóvenes africanos estudian en el gigante asiático. Los primeros casos detectados en el continente han sido todos importados.

"La acción rápida y temprana emprendida por los países africanos ha ayudado a mantener las cifras bajas, pero hace falta una vigilancia constante para evitar que el covid-19 desborde las instalaciones sanitarias", ha dicho esta semana la directora para África de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Matshidiso Moeti.

La agencia internacional ha advertido, sin embargo, que la enfermedad ha empezado a expandirse, ahora sí, rápidamente, coincidiendo con  medidas de desescalada y los expertos apuntan a que el continente puede llegar a convertirse en el epicentro de la pandemia. Actualmente el número de infectados confirmados se acerca a los 270.000,  el 3% de los contagiados en el mundo. Los últimos 100.000 casos se han detectado en los últimos 18 días, lo que da cuenta de la rápida propagación. El número de fallecidos supera los 7.200, casi la mitad se concentran en Sudáfrica y Egipto, los dos países más afectados.

Hace un mes la OMS estimó que entre 29 y 44 millones de africanos podrían llegar a infectarse en el primer año, de una población total de 1.300 millones.