09 jul 2020

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crisis sanitaria

Cada minuto muere un brasileño por covid-19

Con 34.021 fallecimientos, Brasil se convirtió en el tercer país del mundo con mayor cantidad de casos letales, por encima de Italia

La crisis sanitaria se agudiza en paralelo a las tensiones políticas y los intentos de Bolsonaro de radicalizar al Gobierno de ultraderecha

Abel Gilbert

Empleados preparan a victimas del covid-19 para ser enterrados este miércoles  en el cementerio de Campo da Esperanca, en Brasilia.

Empleados preparan a victimas del covid-19 para ser enterrados este miércoles  en el cementerio de Campo da Esperanca, en Brasilia. / EFE / JOEDSON ALVES

Brasil ya es el tercer país del mundo con mayores fallecimientos por covid-19. Con sus 34.021 decesos desplazó a Italia del lugar que ocupaba en esa lista macabra. El gigante sudamericano tuvo en las últimas 24 horas un nuevo récord de 1.473 casos letales. El diario paulista Folha hizo cuentas y el resultado provoca escalofríos: una muerte por minuto. El número de infectados ha ascendido a 614. 941 con los 34.021 contagios reportados este jueves, según los datos oficiales que algunos especialistas ponen en duda y tienden a multiplicar hasta por siete. A 100 días de que el presidente Jair Bolsonaro definiera a la pandemia como una "gripecita", Brasil espera semanas más difíciles.

El primer reporte de la enfermedad se conoció el 25 de febrero. Casi un mes después tuvo lugar la primera muerte por coronavirus. A este ritmo, se estima que en pocos días Brasil superará a al Reino Unido en cantidad de óbitos. A diferencia de lo que ha ocurrido en España, Francia e Italia, Brasil parece lejos todavía de reducir el ritmo de propagación del covid-19.

La crisis sanitaria ya se devoró dos ministros de Salud,  Luiz Henrique Mandetta y el oncólogo Nelston Teich. Este último apenas duró cuatro semanas en su cargo. Se fue porque pensaba lo mismo que la Organización Mundial de la Salud (OMS): la cloroquina no sirve para tratar a los enfermos. Teich acaba de tener su revindicación científica. Pero a Bolsonaro eso no lo sonroja. En ese cargo tan sensible decidió ratficar a un general experto en logística, Eduardo Pazuello. Las consecuencias, dicen los especialistas, saltan a la vista.

Cada vez menos camas

De acuerdo con la prensa brasileña, al menos cinco estados tienen más del 90% de sus camas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) ocupadas. El capitán retirado se sigue tomando a la ligera las circunstancias. El pasado miércoles dijo que "tal vez" contrajo "20 veces" el coronavirus, pero que "tal vez" es asintomático. "Ahora, yo, a pesar de estar en el grupo de riesgo, soy el comandante de la nación, tengo que estar entre la gente. Y estoy entre la gente". Según Bolsonaro "el virus es algo que atrapará a todos". Por eso "no fue necesario que, en gran parte de la prensa, creara este estado de pánico con la población".

 El ascenso de los casos positivos y los fallecimientos tiene lugar en momentos que los gobernadores de los estados y los alcaldes se inclinan a iniciar una desescalada bajo presión de Bolsonaro y temerosos de que se profundice la caída de la actividad productiva.  El Gobierno de ultraderecha obra en el sentido contrario a la Argentina. El país vecino decidió extender la cuarentena hasta el 21 de junio, especialmente en la ciudad de Buenos Aires y su populosa periferia. El presidente Alberto Fernández decretó el aislamiento social el 21 de marzo. Desde entonces perdieron la vida 608 personas y se han contagiado 20.814. Lo que ambos países comparten es un horizonte económico de penurias agravado sensiblemente por la pandemia.

Nuevas amenazas

La crisis sanitaria coincide con días de creciente tensión política. Bolsonaro desafía el Tribunal Supremo y apoya las marchas en favor del cierre del Congreso. "La conducta del jefe de la nación muestra delitos seriales cometidos por alguien que se siente protegido por su guardia pretoriana", dijo la revista Istoé.

Brasil reproduce en cierto punto la misma dinámica política de Estados Unidos. El próximo domingo se realizará una nueva manifestación contra el Gobierno. Bolsonaro ya ha reaccionado como su colega Donald Trump frente a las protestas por el asesinato de George Floyd. Los que volverán a movilizarse, dijo, son "idiotas", "marginados " y  "adictos". El capitán retirado le pidió a los seguidores que esta vez no salgan a la calle a vivar su nombre ni pedir por la intervención castrense."El domingo, la gente verde y amarilla, que es patriótica, que piensa en su país, que es conservadora, que trabaja, que es liberal, que cree que Brasil puede mejorar en el trabajo, se queda en casa No, no vayas, no vengas a este movimiento, estas personas no tienen nada que ofrecernos. Un montón de delincuentes. Quieren el enfrentamiento".