14 ago 2020

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TENSIÓN EN LA EXCOLONIA

La ley de seguridad nacional devuelve las protestas a Hong Kong

Los manifestantes se saltan los vetos por el coronavirus y la policía carga con dureza contra los más violentos

Adrián Foncillas

Protestas en Hong Kong por la propuesta de ley de seguridad nacional. / AFP / ISAAC LAWRENCE / VÍDEO: EFE

Vuelven las barricadas y los gases lacrimógenos, los paraguas y las cargas, los comercios arrasados y las detenciones. La nueva normalidad en Hong Kong difiere muy poco de la vieja. Faltan aún los cócteles molotov y otro material pesado de aquellos días en los que radicales y policías se zurraban sin tiento, como si hubieran pactado un calentamiento previo al verano que se antoja tan fragoroso como el pasado.

El reciente anuncio de una inquietante ley de seguridad nacional desde Pekín ha vuelto a azuzar a la excolonia después de que el coronavirus, las vacaciones de Año nuevo y el hastío hubieran traído algo de sosiego a sus calles en los últimos meses. Ni la prohibición de reuniones de más de ocho personas ni el preceptivo distanciamiento social para evitar el contagio del coronavirus han alterado la vieja liturgia.

La jornada ha empezado con manifestaciones pacíficas de miles de hongkoneses hasta que la violencia ha roto al caer la tarde. Grupos de jóvenes han levantado barricadas, destrozado señales de tráfico y otro mobiliario urbano, prendiendo pequeños incendios y arrojando ladrillos y todo lo que tenían a mano a la policía. También han arrasado comercios que vinculan a simpatizantes del bando contrario y han atizado a los vecinos que se oponían a su vandalismo.

Un abogado ha acabado en el hospital tras una paliza de una decena de jóvenes antigubernamentales. La policía ha contribuido con cargas, gases lacrimógenos y cañones de agua a unos choques que se han extendido por los distritos centrales de Causeway Bay y Wanchai. La jornada ha terminado con 180 detenidos por asamblea ilegal y desórdenes y cuatro policías heridos.

"Prevenir, frustrar y castigar"

Las protestas han llegado horas después de que el viceprimer ministro chino, Han Zheng, subrayara la rocosa determinación para implementar la ley y de que Wang Yi, ministro de Exteriores, defendiera que no limará la autonomía ni las libertades y derechos del territorio. “Mejorará el sistema legal de Hong Kong y traerá más estabilidad y un ambiente más propicio para los negocios”, añadió Wang.

El legislativo chino aprobará la semana próxima la ley para “prevenir, frustrar y castigar” las amenazas a la seguridad nacional y la trasladará al Consejo de Estado para que entre en vigor antes de verano. Contempla delitos como la subversión, el separatismo, el terrorismo o la injerencia extranjera y abre la puerta a los órganos de seguridad del interior en la excolonia.

Soberanía en juego

Los sectores antigubernamentales alertan de que finiquitará la política de “un país, dos sistemas” y las libertades heredadas de los británicos. La normativa, contemplada en ley básica o Constitución de Hong Kong, no pudo ser aprobada en más de 20 años por la oposición popular. Las injerencias de Washington en la excolonia, las protestas violentas del pasado año y las elecciones de septiembre, en las que el bando prodemocrático aspira a una inédita victoria, han empujado a Pekín a incluirlas en el Anexo III para eludir el trámite del Parlamento insular.

China la juzga imprescindible para impedir que se repitan los desórdenes violentos que el pasado año devastaron la economía y erradicar el intervencionismo extranjero al que culpa de atentar contra su soberanía nacional. Los gritos ya desacomplejados en favor de la independencia que se han escuchado hoy en las calles, una línea roja que el sector antigubernamental había respetado hasta ahora para no alterar sin remedio a Pekín, empujan hacia un escenario peligroso.

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