01 jun 2020

Ir a contenido

PROTESTAS EN EL MUNDO

Y con el virus germina la rabia

La contestación crece en Francia y Alemania, es residual en el Reino Unido e inexistente en Italia

Trump se ha dedicado a arengar a grupos armados para avivar las quejas contra los gobernadores demócratas

El Periódico

Manifestantes armados protestan ante el Capitolio de Pensilvania, en Harrisburg.

Manifestantes armados protestan ante el Capitolio de Pensilvania, en Harrisburg. / EFE / JIM LO SCALZO

Las protestas contras las medidas excepcionales adoptadas por los distintos gobiernos para luchar contra la expansión del coronavirus no son una exclusiva española. Es un movimiento que desde hace semanas va creciendo en distintas partes del mundo.

ALEMANIA

Manifestaciones crecientes que aglutinan a variopintos colectivos

En Alemania, las restricciones de la vida social y económica generaron prácticamente desde el inicio de la crisis sanitaria protestas en diferentes capitales del país. Al principio minoritarias, las concentraciones han ido ganando en participación conforme pasaban las semanas y el Gobierno federal prorrogaba las  restricciones de las libertades fundamentales recogidas por la constitución.

Lo que a primera vista parece una protesta legítima, se complica cuando se analiza quién participa en ella y quién está detrás de las concentraciones, que han dejado imágenes de detenciones y tensión, por ejemplo, en el centro de Berlín. Tras lemas a favor la recuperación de la esencia liberal del ordenamiento jurídico de la República Federal se reúnen los más dispares grupos: desde militantes de la ultraderecha extraparlamentaria hasta defensores de las más diversas teorías de la conspiración -con Bill Gates como principal enemigo-, pasando por votantes de Alternativa para Alemania (AfD, partido ultraderechista, el tercero más votado en las últimas elecciones federales), integrantes del movimiento antivacunas, esotéricos e incluso ciudadanos que se sitúan en la izquierda alternativa dentro del espectro ideológico.

El paulatino crecimiento de las protestas ha generado comparaciones con la oleada de descontento generada en el 2015 por la decisión de la cancillera Angela Merkel de abrir las fronteras al más de un millón de refugiados llegados a Alemania. Pese a que a la actual crisis ha aupado a la CDU de Merkel hasta casi el 40% en las encuestas de intención de voto, es evidente que en Alemania sigue habiendo un malestar en importantes sectores de la población. Tras 15 años de merkelismo, y después de la llamada “crisis de los refugiados”, las medidas para frenar la pandemia podrían convertirse en el fenómeno que canalice nuevamente ese mar de fondo.

Si en las últimas elecciones federales del 2017 fue AfD quien consiguió capitalizar ese descontento, está por ver cómo podría proyectarse electoralmente la actual crisis en los próximos comicios generales, previstos para otoño del próximo año. De momento, al calor del coronavirus ha aparecido un nuevo partido, liderado por el polémico médico Bodo Schifmann. La formación, llamada Widerstand 2020 (Resistencia 2020), rechaza las medidas antipandemia, que considera una excusa para recortar libertades. ANDREU JEREZ

Manifestación en Stuttgart contra las medidas del Gobierno por la pandemia / rONALD WITTEK (EFE)

REINO UNIDO

Protestas irrelevantes contra las medidas del Gobierno de Johnson

En el Reino Unido las protestas ciudadanas contra el confinamiento decretado por el Gobierno han sido prácticamente inexistentes. La convocada el pasado sábado, en el tradicional Sparkers’ Corner de Hyde Park, apenas atrajo a 50 personas. Con más policías que manifestantes, el evento tuvo eco en la prensa porque entre los 19 detenidos, por violar las normas del confinamiento y no quererse identificar, se hallaba Piers Corbyn, hermano del exlíder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn. 

Los participantes denunciaban las medidas de confinamiento por suprimir los derechos civiles de los ciudadanos, clamaron contra la necesidad de las vacunas y aludieron a la pandemia como “un puñado de mentiras para lavar el cerebro y mantener la gente en vereda”, según las palabras de Corbyn, megáfono en mano. Ese mismo día, otro acto similar en la localidad inglesa de Southampton apenas contó con una docena de personas. En el Ormeau Park de Belfast fueron 20; en Glasgow, entre 40 y 50 los participantes.

La falta de una seria oposición a la decisión del Gobierno se explica en parte por el confinamiento que se está viviendo en el Reino Unido, mucho más suave que en España, Francia o Italia. Incluso en las primeras semanas se permitió salir una hora al día a hacer ejercicio, con los niños si se quería, además de poder ir a comprar al supermercado o la farmacia. Desde hace más de una semana en Inglaterra se ha animado a la gente a volver al trabajo, aunque sin utilizar los transportes públicos; se ha suprimido el límite de las salidas y se han permitido deportes como el golf o la pesca.

Los mayores desacuerdos en cuanto al confinamiento se han producido entre el Ejecutivo central y los regionales. Las autoridades de Escocia, Gales, e Irlanda del Norte han criticado la apertura ordenada por el poder central y no han seguido la desescalada de Inglaterra por considerar que era prematura y peligrosa. La ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, ha sido especialmente crítica con Johnson y le ha pedido que cuando hable de las normas de confinamiento aclare que se refiere exclusivamente a Inglaterra. BEGOÑA ARCE

Hombres armados ante el Capitolio de Michigan protestan por las medidas de confinamiento / SETH HERALD (REUTERS)

ESTADOS UNIDOS

Concentraciones de gente armada arengadas por Trump

Las protestas en Estados Unidos para reabrir la economía comenzaron a mediados de marzo, a medida que se generalizaban las instrucciones de confinamiento impuestas por los estados y cerraban los negocios no esenciales. Muy amplias en su espectro geográfico, las manifestaciones se han escenificado principalmente frente a los parlamentos estatales y, aunque han sido profusamente cubiertas por la prensa por la numerosa presencia de manifestantes armados, nunca han sido demasiado numerosas. Desde el primer momento han disfrutado del respaldo del presidente Donald Trump y de los pesos pesados del universo mediático conservador, como Fox News. 

Como sucedió con el Tea Party, también este es un movimiento menos espontáneo de lo que parecía inicialmente. Cuenta con patrones financieros como el multimillonario Robert Mercer, uno de los principales mecenas de Trump y el populismo de derechas, o activistas del entorno de los hermanos Koch y la secretaria de Educación, Betsy DeVos, también multimillonaria.

En muchas protestas han participado grupúsculos racistas, como los Proud Boys, milicias antigubernamentales, defensores de las armas o activistas antivacunas. Y todos ellos han contado a menudo con el apoyo de los legisladores republicanos y algunos jueces. El Tribunal Supremo de Wisconsin obligó recientemente a levantar las medidas de confinamiento decretadas por su gobernador. 

Las protestas han dejado imágenes llamativas, como la entrada de manifestantes armados en el Parlamento de Michigan. Y aunque han ido perdiendo fuelle a medida que todos los estados del país comenzaban a reabrir sus economías, han logrado incrementar la desconfianza hacia las medidas oficiales y envalentonar a los partidarios de la desobediencia. Algunos pequeños negocios han recibido amenazas tras instar a sus clientes a ponerse la mascarilla para acceder a sus negocios y gobernadores como el de Ohio tuvieron que revertir sus órdenes para hacer obligatorio el uso de la mascarilla tras reconocer que iban a ser ignoradas. RICARDO MIR DE FRANCIA

ITALIA

El temor al virus vence a las consignas de la ultraderecha

En tiempos de cuarentena por el coronavirus, la derecha y la extrema derecha no han prácticamente existido. Ambas han intentado cabalgar sobre el descontento económico, principalmente de las periferias, pero con un éxito muy escaso. Otras cosa, según los expertos, será en otoño, cuando las consecuencias de la pandemia sean más duras. El miedo al contagio ha podido más que las consignas transmitidas por la ultraderecha.

 la Liga de Matteo Salvini ha bajado un 2,8% en la intención de voto. Al principio de la pandemia, Salvini tuiteaba a diario en contra de las medidas gubernativas, diciendo que había que abrirlo todo para pedir un cierre total al día siguiente. Ahora está callado desde hace semanas, después de que sus mismos seguidores le aconsejasen moderación.

El 25 de abril se conmemoraba en Italia el aniversario de la liberación nazifascista del país, una fiesta nacional, con el 'Bella ciao' cantada desde los balcones. Los ultras convocaron una contramanifestación, que además de virtual , tuvo nulas repercusiones. Poco antes, en la fiesta de Pascua, con la iglesias cerradas y el papa Francisco celebrando la resurrección de Cristo en una plaza y basílica de San Pedro solitarias, se avalancharon para pedir la apertura de los templos cristianos, como había ordenado la conferencia episcopal italiana, luego contradicho por el mismo Papa. La llamada tampoco cundió.

En abril, los servicios secretos del país alertaron sobre grupos que, en Italia y España, divulgaban noticias falsas, escondiéndose detrás de perfiles también falsos. Concretamente indicaron 152 informaciones divulgadas por la ultraderecha a través de canales rusos. El 3 de mayo en Florencia fueron 40 personas las que respondieron a una "sentada" en una de las plazas.

La "construcción de un enemigo", estrategia típica de los ultras de todo el mundo, sea los inmigrantes, los bancos o quienes contaminan, no ha funcionado en esta circunstancia, ya que los italianos, tendencialmente indisciplinados, han entendido que, más allá de errores de comunicación y otros fallos, el Gobierno ha acumulado casi 200 decretos con el objetivo de salvar vidas. De hecho, el primer ministro, Giuseppe Conte, sigue siendo el político más popular, con más del 66% de apoyo, según los sondeos. ROSSEND DOMÈNECH

Chalecos amarillos protestan ante el Arco del Triunfo de París, el año pasado / greoffroy van der hasselt(afp)

FRANCIA

El riesgo de un nuevo polvorín social

Con el inicio de la desescalada, los franceses han querido ejercitar de nuevo el músculo de la contestación social anquilosado durante semanas de confinamiento y, aunque de momento los focos de protesta son pocos y heterogéneos, el Gobierno sigue con atención no solo las cifras de la pandemia sino las de manifestantes. El 11 de mayo, fecha en la que se inició la fase de desconfinamiento, se registraron 26 concentraciones, y el sábado 16 salieron a la calle desafiando la prohibición de manifestarse los más aguerridos del movimiento de los chalecos amarillos. Fueron pocos, pero suficientes como para recordar que siguen ahí.

Pese al enorme gasto público del Estado para paliar la crisis económica, los expertos advierten de que la debacle que trae la pandemia es un polvorín que puede reactivar los conflictos sociales vividos en el 2019 y principios del 2020. En los barrios periféricos la chispa se enciende con cada episodio de violencia policial y frente a los hospitales abundan las protestas del personal sanitario, que espera algo más que aplausos y exige mejoras laborales y salariales y más recursos humanos y materiales.

Mientras, los errores en la gestión de la epidemia están pasando una factura moderada al presidente Macron sin que la oposición salga reforzada. Como era previsible, los electores más críticos son los de la Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon y los de Reagrupación Nacional de Marine Le Pen, que sin embargo no capitaliza políticamente el desgaste de Macron. Buena parte de los simpatizantes de la líder ultraderechista creen que ella no lo habría hecho mejor de haber estado en el Elíseo. Por otro lado, los franceses cada vez aceptan peor las restricciones a la libertad de movimientos impuestas por el Gobierno para limitar los contagios, según un sondeo de Odoxa para 'Le Figaro'. EVA CANTÓN