UN MUNDO NUEVO (3)

Un París efímero

Sorprende el silencio en zonas de la capital acostumbradas a vivir al ritmo que marcan los turistas

La ciudad encaja la pandemia con la resiliencia que mostró en los atentados del 2015, la crisis de los chalecos amarillos o las protestas contra la reforma laboral

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Lo que para unos es deprimente otros lo viven como un raro privilegio. Mientras el bullicio regresa poco a poco a los barrios populares, sorprenden los Campos Elíseos desiertos, la cima del Arco del Triunfo sin gente, la soledad de la pirámide del Louvre y la Torre Eiffel inaccesible.

Donde hace apenas dos meses el ritmo lo marcaban los turistas, ahora manda el silencio. Todo es más lento. El paso de la gente, la velocidad de los coches y hasta el rumor del Sena. La epidemia de coronavirus deja extrañas fotos de París.

Es un sueño escuchar a los pájaros aquí. Es algo único que poca gente podrá vivir”, confiesa Geneviève, una diplomática de 60 años que hace deporte en los jardines soleados de Trocadero mientras en la plaza, vacía incluso del olor dulzón de los creps, un cámara de Télésud graba las sesiones de hip-hop yoga de Alice. “Tienes una gran sensación de libertad”, confiesa esta monitora de 32 años.

Toma de conciencia

A Iana, una dentista sueca de 53 años que lleva 35 en París, le preocupan las prisas del Gobierno por volver al trabajo cuanto antes y quiere que, cuando se retome paulatinamente la actividad, se imponga el civismo y se cumplan unas reglas básicas. “Espero que haya un cambio y se tome conciencia de que hay que convivir con el virus. Deberíamos replantearnos muchas cosas”, reflexiona mientras sujeta la correa de su perro labrador respetando escrupulosamente la distancia social.

También a distancia y con mascarilla habla Adlem, de 38 años, parapetado en uno de los pocos establecimientos abiertos en las inmediaciones del Arco del Triunfo. Un local pequeño que vende algo tan poco francés como bagels y perritos. Ahora solo por encargo o para llevar. Encima de un barril que tapona la entrada está la carta y un bote de gel desinfectante.

“Primero fueron los chalecos amarillos, que nos rompieron los cristales dos veces, después las protestas por la reforma de las pensiones y ahora esto. Aguantamos porque tenemos una clientela fija, pero no hay turistas y ya veremos qué pasa con la terraza. Prefiero no decirte lo que hemos perdido”, comenta resignado.

Una mujer y su hijo juegan en la plaza de Tertre de París esta semana / (AFP) / Christophe archambault

El futuro de los bistrós

El cierre repentino de bares y restaurantes el pasado 14 de marzo para doblegar la curva del virus es un duro golpe para el primer destino turístico mundial. En el 2018, Francia recibió 87 millones de visitantes y París batió un récord con 87 millones de turistas, según el Observatorio de la Oficina de Turismo de la capital.

El sector, que aporta un 7% al PIB del país, tendrá que esperar a finales de mayo para saber si podrá reabrir, aunque la ruina es tal que un 30% de hoteles y restaurantes podrían quedarse en el camino.

Otra de las imágenes que impresiona estos días es la de las sillas apiladas en el interior de los bistrós, que arrastraban su propia crisis antes del covid-19 y ahora se enfrentan a consignas sanitarias incompatibles con su modelo de negocio. En París han desaparecido la mitad en los últimos 20 años.

“Su seña de identidad es tener muchos clientes, como los bares de tapas en España. Eso es difícil con las normas de la OMS, y más teniendo en cuenta el precio del metro cuadrado”, indica el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de París, Jean-Louis Missika.

Ciudadanos mantiene la distancia de seguridad en la estación parisina de San Lázaro / MICHEL EULER (AP)

En los Campos Elíseos la ausencia de terrazas ensancha visualmente las aceras en las que solo hay lo que ahora llamamos trabajadores esenciales: limpiacristales, barrenderos, tenderos o quiosqueros de prensa como Frank, un negro afable de 63 años orgulloso de prestar un servicio a sus clientes durante el confinamiento.  “La gente viene a charlar. Me he convertido en una referencia porque soy el único abierto en todos los Campos Elíseos”, explica.

Lo que no ha vendido Frank son los 'souvenirs' de París destinados a los turistas que antes brotaban a raudales del metro Franklin Roosevelt, ahora solitario y lleno de advertencias, como toda la red del transporte.

“Por la salud de todos, respetemos nuestra distancia”, se lee en un cartel circular pegado en el suelo del andén. Pegatinas también en los asientos para espaciar a los usuarios (pocos) y avisos por megafonía en el interior del convoy, aunque algunos no cambian: “Cuidado con los carteristas”. Parece un submundo lleno de peligros.

Un cambio temporal

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Es extraño y surrealista. Algo ha cambiado, pero sabemos que es temporal porque París volverá a tener turistas y los parisinos tendremos que adaptarnos de nuevo a la ciudad”, reflexiona Geneviève con la Torre Eiffel al fondo, deshabitada en un París efímero.

Para la antropóloga Saskia Cousin, el covid-19 tendrá un gran impacto este verano en el turismo internacional, pero eso no quiere decir que vaya a pararse todo. “La mayoría vive del turismo regional, nacional o europeo y conocemos la capacidad de resiliencia del sector, como lo vimos con la recuperación de París después de los atentados del 2015”, declaró en el canal de televisión ARTE. Es lo que también piensa la presidenta de la Oficina de Turismo de la ciudad, Corinne Menegaux, convencida de la resistencia de la capital francesa.