11 ago 2020

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PANDEMIA GLOBAL

El covid-19 erosiona la popularidad de Putin

A diferencia de un gran número de líderes europeos, los sondeos muestran una creciente desafección popular hacia el líder del Kremlin

En sus apariciones públicas, el mandatario ruso aparece cansado y aburrido, mientras que su aislamiento en su dacha enfatiza su vulnerabilidad

Marc Marginedas

Putin durante una teleconferencia en su residencia oficial de Novo-Ogaryovo, a las afueras de Moscú.

Putin durante una teleconferencia en su residencia oficial de Novo-Ogaryovo, a las afueras de Moscú. / AP / ALEXEI DRUZHININ

La pandemia no le está sentando nada bien a Vladímir Putin. Además de haber tenido que renunciar por el momento a su aspiración de convertirse en presidente vitalicio 'de facto' mediante una cuestionada reforma constitucional, el presidente ruso está viendo cómo, día tras día, los sondeos de opinión independientes van constatando una merma en su normalmente elevado índice de popularidad, hasta niveles no vistos en su longevo mandato. 

El instituto Levada presentó hace unos días unos preocupantes datos para el Kremlin. En abril, el porcentaje de ciudadanos que daba su visto bueno al presidente descendió al 59%, cuatro puntos por debajo del mes anterior, y una cifra no vista en los dos decenios en los que ha detentado las riendas del país. En la primavera del 2000, nada más ser elegido, dicho porcentaje rondaba el 61%. Solo existe en la serie histórica un dato inferior a ese último (un 53%) y se contabilizó en noviembre de 1999, cuando Putin solo ocupaba el cargo de primer ministro aunque ya se había convertido en el aspirante oficial para suceder al enfermo Borís Yeltsin. El estudio, eso sí, advierte que las desfavorables condiciones en las que fue elaborado debido al cofinamiento podrían haber distorsionado un poco los resultados a la baja. 

Otros indicadores confirman la tendencia

Hay otros indicadores que confirman esta tendencia. La confianza en el hacer gubernamental de Putin, según otro sondeo reciente, descendió al 28%, mientras que la ciudadanía se muestra dividida a la hora de aprobar o no la reforma constitucional que le convertirá en presidente vitalicio: un 48% a favor y un 47% en contra. Para un líder que hasta hace bien poco era aprobado por el 70-80% de la ciudadanía, y en un país donde los ciudadanos desconfían tradicionalmente de todas las instituciones políticas menos de la presidencia del país, se trata de unos números nada halagüeños. 

"Una mayoría silenciosa está cada vez más desencantada (con Putin)", valoran los periodistas Vladímir Rubynski y Pável Aptekar en un artículo publicado recientemente en el rotativo Védomosti. "Una forma más asertiva de protesta es impensable, dada la vigilancia sobre los movimientos (de la ciudadanía) y los requisitos sanitarios objetivos de la epidemia", continuan ambos analistas, que cifran en solo "un 30% o un 40%" el porcentaje de la población dispuesta a permitir que el presidente "gobierne de por vida". "Más allá de esto", los restantes rusos están cada vez "más cansados de su líder nacional".

 

El energético e hiperactivo presidente de otrora se muestra públicamente apagado y hasta aburrido. En una de las sesiones por videoconferencia celebradas recientemente, y ante la mirada de millones de telespectadores, se podía observar en el centro de la pantalla a un Putin distraído, jugueteando con un bolígrafo, mientras intervenía su ministro de Sanidad, Mijaíl Murashko.

La vieja táctica de recurrir a los viriles posados fotográficos enfatizando su invulnerabilidad fortaleza ha dado en esta ocasión un resultado contrario al esperado. Vestido espectacularmente con un traje especial protector, Putin se presentó el 24 de marzo en el hospital de Komunarka, construído para pacientes de coronavirus. Unos días más tarde, se supo que Denis Protsenko, el director del centro sanitario y con quien departió durante su estancia sin máscara ni protección, había dado positivo. Desde entonces, Putin, de 67 años, permanece recluido en la residencia de Novo Ogaryiovo y no recibe a nadie, dando una impresión de fragilidad. "Hará todo por teletrabajo", explicó su portavoz, Dmitri Peskov.