Crisis sanitaria

El Ramadán más extraño

Turquía vive su mes sagrado más particular, sin rezos, celebraciones ni cenas colectivas

Erdogan asegura que cuando la festividad termine las restricciones empezarán a levantarse

Estambul empieza el mes del Ramadán. / UMIT BEKTAS / REUTERS / VÍDEO: EFE

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"No, señor. Disculpe, pero no puede pasar. Sin mascarilla no se puede", dice un policía mientras le bloquea el paso a un ciudadano que intenta entrar en una mezquita central de Estambul. El hombre se queja, rechista, intenta convencer al agente: que ha venido desde bastante lejos, le dice, que solo entrará durante unos minutos, que además la mezquita está vacía y que no pasará nada. Pero el policía se muestra inflexible: "No. Solo puede entrar si tiene una mascarilla". Al final, el hombre desiste y se marcha.

Así, con muchas limitaciones de todo tipo, Turquía -como todo el mundo musulmán- está viviendo el Ramadán más extraño que se recuerde. El culpable, evidentemente, es el covid-19: los iftares públicos -las cenas de rotura del ayuno diario- se han prohibido; solo se pueden celebrar con los familiares más cercanos y con la gente que vive en la misma casa.

Los supermercados y panaderías deben cerrar dos horas antes de que se ponga el sol -para evitar aglomeraciones- y los niños que por la madrugada despiertan a los vecinos con tambores a cambio de unas monedas ya no pueden hacerlo. Ahora lo hacen, gratis, trabajadores municipales.

"Es triste vivir así"

"Es triste tener que vivir este mes sagrado así -dice un feligrés que, más previsor que el anterior, sí que lleva una mascarilla puesta para entrar a la mezquita-. Pero no tenemos otra opción. Me gustaría ir a ver a mis primos, mi familia. Pero no se puede. Si el Gobierno cree que es lo mejor para protegernos, será la verdad".

En total, dice el policía en la puerta, dentro de la mezquita hay como mucho tres o cuatro personas a la vez. "Intento que no sean más", explica, "pero es fácil, porque estos días viene muy poca gente".

Tiene un motivo: cuando la pandemia del coronavirus empezó a acelerar en Turquía, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ordenó la prohibición de los rezos diarios. La medida llegó algo más tarde que otras -como la orden de cerrar restaurantes y bares donde se sirve alcohol-, seguramente porque para el presidente turco esta es una decisión algo más costosa de tomar: prohibir el rezo afecta directamente a sus votantes, la parte de la población turca más conservadora y religiosa.

Término medio

Así que la medida que tomó Erdogan fue la de intentar encontrar un término medio: no hay rezos públicos pero cualquiera puede ir a la mezquita. "A la atención de nuestro respetado pueblo: no habrá plegarias comunales hasta que no termine la pandemia. Rezad en casa", advierte un cartel enorme puesto en la entrada de todas las las mezquitas del país. Para ello, el Gobierno ha impulsado que el canal de televisión público y religioso haga plegarias telemáticas.

El reto, no obstante, es complicado: los nuevos positivos por coronavirus en Turquía han disminuido muchísimo en las últimas semanas, y eso podría hacer que los turcos se relajen y, al final del Ramadán, el momento más sagrado del mes, cuando toda la gente viaja al pueblo y se reúne con la familia, mucha gente intente saltarse las medidas.

Un desconfinamiento aplazado

Por eso, la idea del Gobierno turco es empezar el desconfinamiento no antes de la última semana de mayo, cuando se celebra el Eid Al Fitr: el final del mes de ayuno. Hasta entonces, las restricciones de movilidad seguirán. "Ya estamos viendo la luz al final del túnel -ha dicho Erdogan esta semana-. Espero que podamos celebrar dos festividades al final del Ramadán".

En la actualidad, Turquía tiene más de 120.000 casos positivos por coronavirus y 3.200 muertes oficiales, que podrían ser algunos pocos miles más. Aunque es de los países más afectados del mundo por el covid-19, el país anatolio puede presumir de ser uno de los mejor parados por la baja cifra de fallecidos.

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Sin embargo, la tensión estos días es alta. El Gobierno, para controlar el flujo de información, ha prohibido que cualquier funcionario público -médicos, policías, imanes- hable con la prensa bajo ningún concepto, y la policía ha abierto investigaciones contra decenas de personas por haber publicado en internet relatos que contradicen la versión oficial que da el Gobierno.

"No os podemos decir nada porque lo manipuláis todo -dice el imán de la mezquita-. Lo único que te puedo decir es que este Gobierno lo está haciendo mejor que ningún otro, y que pasar el Ramadán de esta forma no es lo que más nos gusta, pero no se le puede hacer nada”.