18 sep 2020

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PANDEMIA GLOBAL

Para la Iglesia Ortodoxa Rusa, confinamiento 'light'

Un buen número de templos de Moscú ignoran los decretos de confinamiento del alcalde Sobyanin y llevan a cabo celebraciones de la Semana Santa

Un famoso actor ataca a un periodista que le filmaba a la salida de una vigilia religiosa para personas VIP en un centro de culto del centro de la capital

Marc Marginedas

Vista de la Catedral Ortodoxa de la Trinidad, a las afueras de Moscú.

Vista de la Catedral Ortodoxa de la Trinidad, a las afueras de Moscú. / AP

Son las tres de la tarde del 19 de marzo, Domingo de Resurrección según el calendario juliano, que establece las festividades de la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR). Es la hora de la Divina Liturgia, el último de los servicios religiosos con el que los fieles del cristianismo oriental celebran la Semana Santa.  

Un flujo constante de creyentes, ellas con la cabeza cubierta con un pañuelo, y ellos, algunos, enfundados en imponentes casullas negras, largas hasta los tobillos y de cuello cerrado, van entrando de forma discreta en la iglesia de la Cabeza Decapitada de Juan Bautista, en el barrio Ivánovskoye de Moscú, en las afueras de la capital.

Las puertas laterales están cerradas a cal y canto; sobre los muros cuelga un recordatorio del decreto 34 UM del alcalde de Moscú, Serguéi Sobyanin, en el que se limitan los movimientos de los ciudadanos de la capital; incluso se identifica el anuncio de una página web donde ofrecer donativos y encargar 'sorokousti' (oraciones en memoria de los difuntos) junto con un número de teléfono para la "administracion urgente de sacramentos".

Una voz seca y tajante

Pese al evidente trajín en el interior y los aledaños del templo, una voz seca detiene a un extraño en el momento que intenta cruzar el portón principal. "¿A dónde va?", inquiere el portero. "A la liturgia", responde el forastero.

La respuesta es tajante y sin apelación posible; solo quienes trabajan o colaboran en el templo, de acuerdo con las ordenanzas municipales, están autorizados a asistir. Una declaración de intenciones que, sin embargo, se contradice con informaciones y fotos que de este mismo lugar circulan por internet, donde se identifican a fieles colocando pasteles de Pascua sobre mesas el interior de la iglesia y hasta se leen denuncias de lugareños preocupados por la salud del vecindario y la "ausencia de policía".

En el exterior, Liuba, una mujer de mediana edad, rompe a llorar. Pese a que en la medianoche anterior pudo asistir en este mismo lugar a la procesión de la Vigilia de Pascua, ahora se le ha vetado el paso. "La liturgia es una ceremonia tan bonita", se lamenta, acongojada y hecha un mar de lágrimas. "No hay ninguna enfermedad, estoy cansada de tanta propaganda", protesta.

La festividad más importante del año 

A diferencia de la Iglesia católica, que pone el énfasis de las celebraciones de Pascua en el Viernes Santo, para el cristianismo oriental el Domingo de Resurrección es la festividad más importante del calendario. Y este año, en medio de una emergencia sanitaria,  la jerarquía eclesiástica rusa parece haber aceptado, aunque a regañadientes, las limitaciones al movimiento impuestas desde la alcaldía moscovita, tolerando numerosas excepciones. "Entre nosotros, unos han seguido las disposiciones (del alcalde) y otros no", admite lacónicamente, a través del teléfono, Iliodor, un abogado especialista en temas eclesiásticos que prefiere mantener secreto su apellido.  

Una de esas comprobadas singularidades se produjo en la iglesia de Santa Sofia, la Sabiduria de Dios, a orillas del río Moskova. Allí se celebraron oficios para una sesentena de personas VIP, incluyendo a Iván Olkhobystin, un famoso actor, quien incluso acabó atacando a un reportero que le filmaba.

En Cheliabinsk, en los Urales, periodistas que rodaban la celebración de oficios religiosos en una iglesia local en plena cuarentena fueron expulsados del templo sin contemplaciones. Y en la región de Krasnodar, al sur, el gobernador local, Benyamín Kondratiev, prefirió mantener las iglesias abiertas ante la presión. "Somos una región multiconfesional", se justificó.