02 jun 2020

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CRISIS DEL CORONAVIRUS

Marcos Espinal: "El cierre de fronteras por el virus puede ser contraproducente"

El director de Enfermedades Tranmisibles de la Organización Panamericana de Salud llama a mantener los confinamientos hasta que den resultados

Ricardo Mir de Francia

El director de Enfermedades Transmisibles de la oficina de la OMS para las Américas, Marcos Espinal.

El director de Enfermedades Transmisibles de la oficina de la OMS para las Américas, Marcos Espinal. / DENIS BAIBOUSE (REUTERS)

El coronavirus ha llegado con cierto retraso a América Latina, pero ya es una realidad en todos sus países. Brasil registró el primer caso confirmado el 26 de febrero y Argentina, la primera muerte el 7 de marzo. Hasta ahora la pandemia avanza lentamente, pero el desafío es inmenso: más de 600 millones de habitantes, elevadas tasas de pobreza, baja inversión en Sanidad, gobiernos débiles y millones de personas sin acceso al agua corriente. El doctor Marcos Espinal conoce bien esos problemas. Dominicano curtido en varias pandemias, dirige el Departamento de Enfermedades Transmisibles en la Organización Panamericana de la Salud (PAHO), la oficina regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud.   

¿Por qué ha tardado la pandemia en llegar a América Latina?

El virus se originó en China. La región tiene buenas relaciones con el país asiático, pero hay menos vuelos a China que desde Europa o Estados Unidos. Sus países han tenido además la oportunidad de prepararse porque tuvieron la experiencia del zika y el H1N1. Comparado con otras regiones, tienen todavía pocos casos. 

¿Hay algún factor que sugiera que el covid-19 será más débil en Latinoamérica?

No, sería una irresponsabilidad decir algo así. En estos momentos Brasil tiene 4.300 casos; Chile, 2.400; y la República Dominicana, unos 860, por poner algunos ejemplos. Están a tiempo de agarrar el toro por los cuernos. Pero si los casos se disparan no sería un fracaso porque esta pandemia no ha respetado ni siquiera a los países más ricos. En América Latina, la mayoría son de renta media y algunos de renta baja. 

La respuesta en algunos países ha sido muy lenta. Hasta hace nada, tanto López Obrador en México como Bolsonaro en Brasil, minimizaban sus riesgos y animaban a la gente a hacer vida normal. 

Nosotros somos una agencia internacional de salud pública, estamos en contacto permanente con los ministerios de Salud y les exhortamos a la preparación. Cada país es soberano y toma sus propias decisiones. Yo no puedo criticar a los jefes de Estado, pero sí me gustaría que recuerden lo que pasó con el zika y el H1N1.

¿Y que pasó?

Pues que tuvimos dos pandemias en el 2009 y el 2015. Hubo mucha gente afectada y también hubo muertos. No pierden nada con prepararse. No es un mensaje político, se trata de salvar vidas, de ayudar a nuestros ancianos, que son los que más están muriendo, o a las personas con problemas cardiovasculares y diabetes. Toda la sociedad tiene que hacer su parte y los países nos tienen que hacer caso. 

Muchas naciones han cerrado sus fronteras. ¿Es una política efectiva?

La OMS no recomienda los cierres de fronteras porque los virus no las respetan. Hay mucha controversia al respecto y nosotros respetamos las decisiones de los países, pero la experiencia en otras epidemias demuestra que puede ser incluso contraproducente porque tiene un impacto en la economía y el comercio. 

Gobiernos débiles, analfabetismo, millones de personas sin acceso a agua potable. ¿Están los sistemas sanitarios del continente preparados para lo que se les viene encima? 

Están mejor preparados que hace unos años por la experiencia que tuvieron con otras epidemias, pero sigue habiendo muchos desafíos. Principalmente los problemas de agua potable y saneamiento. Nuestro mensaje a los gobiernos es que se aseguren de dotar a los hospitales y unidades de cuidados intensivos de los medios necesarios para atender a los pacientes y proteger a los profesionales sanitarios. Otro problema son las noticias falsas que circulan en internet. Hay que evitar crear pánico porque con el pánico aumentan los errores.

¿De qué modo es este virus distinto a otros?

La rapidez con la que se transmite. Y también su predilección por las personas mayores, aunque nadie está exento de contagiarse. Deja mucho que desear que haya gente en las playas o en la calle desafiando las recomendaciones porque tenemos que cuidar a nuestros abuelos y a nuestros padres. También hay gente joven que ha muerto, es importante recordarlo. Por otro lado, sus síntomas son leves en el 80% de casos; moderados en el 15%; mientras el 5% que enfrenta a una situación crítica. Un 2% aproximadamente muere. La esperanza es que pronto tengamos tratamiento y en un año y medio o así tengamos vacunas. Es importante cumplir con la distancia de seguridad porque ayuda a romper la cadena de transmisión del virus. 

Trump tenía intención, aunque este domingo rectificó, de reabrir el país en abril para prevenir el colapso de la economía. ¿Era una idea razonable desde el punto de vista sanitario? ¿Pueden ser efectivas las cuarentenas selectivas?

No es malo reevaluar las medidas cada cierto tiempo, pero hay que ser muy cuidadoso con disminuir las medidas de distanciamiento porque el virus está todavía en fase de crecimiento. EEUU tiene un sistema de salud fuerte, así como excelentes científicos. Yo escucharía la opinión de los científicos y ahora no abriría Nueva York. No conviene levantar medidas hasta que den resultados.

¿Por qué está muriendo tanta gente en Italia o España y tan poca en Alemania?

Hay muchas teorías. Una es que se han relajado las medidas de aislamiento total, pero no sabemos si esa es la explicación.  

En España sigue la cuarentena…

En Italia, por ejemplo, hay una elevada mortalidad en Lombardía, pero es relativamente baja en el Véneto. No debemos sacar conclusiones precipitadas. Cuando pase la pandemia habrá que hacer una evaluación para saber qué funcionó y qué no funcionó, lo que nos permitirá mejorar nuestras capacidades de salud pública para enfrentar futuros brotes. 

En algunos países hay muchas críticas a la respuesta de las autoridades. ¿Se podrían haber hecho cosas de forma diferente para que el impacto hubiera sido menor? 

La clave está en prepararse y no subestimar un virus. Empezó en China en diciembre y es cierto que en algunos casos se ha subestimado. Singapur tomó medidas de forma inmediata y consiguió aislar los casos. Otro mensaje importante es que hay que invertir en salud. Deberíamos aprender de esta lección. 

¿Cuánto va a durar el virus?

En China pasaron entre ocho y 12 semanas hasta que empezaron a bajar los casos. Quizás habría que mantener las medidas durante tres meses, aunque deben de reevaluarse cada cierto tiempo. Cada país debe adaptarlas a su propia realidad. En cualquier caso, es muy difícil predecir. Y no habría que descartar que el virus vuelva el año que viene o que haya una segunda oleada, como empieza a pasar en algunos países asiáticos.