31 may 2020

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Crisis sanitaria

Argentina suspende la repatriación de ciudadanos en el exterior por razones sanitarias

Unas 10.000 personas viajaron a Europa, Brasil y Estados Unidos pocos días antes de que se cancelaran todos los vuelos

La decisión fue tomada durante una jornada en la que se registraron 117 contagios y los primeros casos de transmisión comunitaria

Abel Gilbert

Personal médico y policías en Argentina durante la cuarentena por coronavirus.

Personal médico y policías en Argentina durante la cuarentena por coronavirus. / EFE

El Gobierno argentino decidió suspender temporalmente los vuelos de repatriación de ciudadanos que se encuentran en el exterior, salvo que se trate de mayores de 65 años. "Hemos decidido no retornar más gente", anunció el presidente Alberto Fernández e instruyó a su ministro de Exteriores, Felipe Solá, para que se "ayude con recursos" a los que se encuentran en países de la UE, Estados Unidos o Brasil, entre otros,  mientras "podamos ordenar este tema".

Los argentinos dispersos por el mundo deberán por lo tanto esperar unos 15 días en sus destinos turísticos hasta que "el riesgo sea manejable" al momento de retornar. El Gobierno los ayudará con el alojamiento y la alimentación.  "Ya los iremos a socorrer cuando el riesgo sea manejable", dijo Fernández. La cantidad de ciudadanos que viajaron pocas horas antes de que se cancelaran los vuelos y que la OMS declarara al COVID-19 una pandemia asciende a 10.000. 

Hasta el momento han fallecido en este país ocho personas y se han contagiado 502. Durante una jornada en la que se reportaron 117 nuevos casos se ha confirmado también por otra parte el "inicio" de la transmisión comunitaria, en concreto en Buenos Aires y su periferia.

Curva de contagios

El gran desafío que tiene por delante el Gobierno es "aplanar" la curva de contagios para poder hacer frente a las situaciones de emergencia sin que se desborde una infraestructura hospitalaria que ha sufrido los embates del ajuste económico bajo anterior. la administración de derechas.

Argentina ya se encuentra en otoño y bajo los rigores de una cuarentena que, se ha dicho, se extendeía hasta la primera quincena de abril. Tanto Férnandez como el alcalde capitalino Horacio Rodríguez Larreta han expresado su malestar por el grado de desobediencia a las normas de autoconfinamiento. Las autoridades tuvieron que cerrar la mayoría de los accesos a la ciudad de Buenos Aires cuando detectaron la cantidad de automóviles que llegaban de los suburbios  como si se tratara de un día cualquiera.

Los actos de transgresión se hacen públicos a través de los medios. La sociedad se entera de un hombre que escupió a una empleada asegurándole que es portador del COVID-19, de un bus que al regresar desde el noreste al país cambió el cartel de "Brasil" por el de una ciudad balnearia del sur. Causó estupefacción el caso de un hombre de clase alta que escondió en el maletero a su empleada doméstica para entrarla en su urbanización, donde fue denunciado por vecinos. Pero lo que más ha enervado al Gobierno fue la caravana de automóviles que la semana pasada se dirigió a las playas del sur en vísperas de decretarse la cuarentena. El ministerio de Seguridad ha obligado a esas familias a permanecer en sus casas de descanso o en los hoteles hasta que se levanten las restricciones.