19 sep 2020

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Coronavirus

Más de mil españoles están confinados en Perú sin poder ser repatriados

Unas 1.200 personas procedentes de España llevan al menos 8 días en cuarentena en hostales o casas de familias peruanas esperando regresar pero no encuentra la forma de hacerlo tras el cierre de fronteras por el COVID-19

El Periódico

Marcos Esteban, retenido junto a otros dos compañeros en un hostal de Cuzco, Perú.

Marcos Esteban, retenido junto a otros dos compañeros en un hostal de Cuzco, Perú. / EFE

Cerca de 1.200 españoles están desde hace ocho días confinados en Perú a la espera de vuelos para retornar a España, después de que las autoridades peruanas decretaran una cuarentena general, toques de queda nocturnos y el cierre de todas sus fronteras y el tráfico aéreo.

La mayor parte de este grupo está en Lima (723 personas) pero también hay un importante colectivo (222) en Cusco, que no puede viajar a la capital al estar prohibido el transporte interprovincial, tanto terrestre como aéreo.

En la misma situación están otros grupos menores de españoles que se encuentran en diferentes regiones y ciudades del país como Trujillo (60), Arequipa (50), Piura (31), Ica (18), Iquitos (9), Áncash (6), Puno (5), San Martín (3) y Ucayali (2), según detalló este lunes la Embajada de España en Perú en un comunicado.

Problemas para la repatriación

Se trata de ciudadanos de diferentes partes de España que se encontraban temporalmente en Perú para hacer turismo o voluntariado y que en principio debían volver en las fechas de la cuarentena.

Los españoles son mayoría entre los casi 10.000 europeos que se quedaron en la mismas circunstancias, confinados Perú tras las medidas tomadas en Perú para frenar la propagación del Covid-19, que ya se ha causado en el país 5 muertes y 395 infectados.

Sin embargo, ellos han visto como otros países ya han repatriado a parte de sus ciudadanos, caso de Francia, que el domingo se llevó a 250 personas a París. Desde que comenzó el estado de emergencia el lunes 16, también han sido repatriados estadounidenses, argentinos, mexicanos e israelíes, en aviones que llegaron con hasta 3.000 peruanos en la misma condición en esos territorios.

"Tengo compañeros franceses que llegaron 48 horas más tarde que nosotros (a Lima) y salieron en el vuelo de ayer a París", contó a Efe en conversación telefónica Antonio Tolsada, madrileño residente en Marbella (Málaga), al que el virus interrumpió una travesía en moto por Latinoamérica con su amigo Daniel Hughes, de Santiago de Compostela.

Generan desconfianza

Tras haber partido de Santiago de Chile, su destino final era Quito, pero tuvieron que volver a Lima al enterarse del cierre de fronteras. Ahora permanecen en un apartamento alquilado y no están exentos de la desconfianza de los vecinos después de que los primeros casos de COVID-19 en Perú fueran importados desde España.

"Aunque llevamos más de un mes en Sudamérica, han escuchado nuestro acento y se quejan directamente al propietario para echarnos porque no quieren tener extranjeros. Inventan todo tipo de cosas para ello", relató.

Tolsada y Hughes compraron de emergencia pasajes de vuelta a España para el 1 de abril y habían sido incluidos en un vuelo de Iberia que iba a salir el domingo 22 de Lima, pero este fue cancelado.

Repentinamente el Gobierno de Perú anunció el cierre total del aeropuerto internacional de Lima, y solo permitirá el ingreso de vuelos fletados por los gobiernos que quieran repatriar connacionales, que serán recibidos en el Grupo Aéreo Nº 8, de la Fuerza Aérea del Perú (FAP).

"La cuestión es que no sabemos nada. No logramos entender que si el gobierno francés pudo hacer los trámites pertinentes para su vuelo del domingo, cómo no se hizo lo mismo con una comunidad tan grande como la española en Perú. Con casi 1.200 españoles hacen falta por lo menos cinco vuelos, no uno", lamentó Tolsada.

Un futuro incierto

El vuelo de Air France salió de Lima debido a que el avión aterrizó en territorio peruano antes de que el país decretara el cierre de rutas aéreas y por lo tanto sólo hubo que habilitar su permiso de salida. En cambio, los aviones que tenían previsto repatriar españoles aún no habían salido de Europa cuando se decretó el cierre, y solo parece que está confirmado un vuelo de salida para el día 25.

En Lima también se encuentran Asier Cazón e Irene Díaz, una joven pareja de San Sebastián que salió a toda prisa de Cusco hacia Lima al enterarse del cierre de fronteras y desde entonces, permanecen acogidos en la casa de una familia peruana que conocieron durante su viaje.

"Tenemos suerte de que todavía haya esta buena gente en el mundo", comentó a Efe la pareja, que tenía prevista su vuelta para el 16 de marzo, el mismo día que entró en vigor la cuarentena. La orden de confinamiento les tomó de regreso tras visitar Machu Picchu y, luego de cancelarse su vuelo de Cusco a Lima, lograron pasajes de autobús en un viaje casi sin paradas de 21 horas por carretera.

"Seguimos esperando. Todavía no sabemos exactamente cuándo vamos a volver para España. Iberia nos ha dicho que puede haber un vuelo para el día 25 o 26, pero todo esto es un poco agobiante. Hay días que parecen buenos y luego otros donde todo se vuelve para atrás", contó Cazón.

"Da impotencia no poder hacer nada. Nosotros queremos volver a nuestro país con nuestras familias. Al final yo creo que es mejor para Perú que nos vayamos a nuestro país. Nosotros también tenemos que volver a trabajar", agregó.

Espacios confinados

En Cusco se quedaron Marcos Esteban y dos amigos suyos, todos de Valladolid, que desde hace más de una semana permanecen confinados en una humilde habitación de un pequeño hostal que se ha vuelto para ellos en una especie de "celda". "No es como una cárcel de verdad, pero es como estar todos los días dando vueltas en círculo. Así se van pasando los días. Siete días después seguimos en las mismas circunstancias", contó Esteban a Efe.

A ellos el anuncio de la cuarentena les tomó en mitad de una expedición en la Amazonía, casi incomunicados en el río Madre de Dios, desde donde emprendieron un regreso de emergencia a Cusco, que incluyó una travesía nocturna en canoa de 12 horas por río y otras 10 horas de carretera con deslizamientos de tierra.  "De verdad temí por mi vida", contó Esteban. El pucelano lamentó que no tienen comunicación directa con el consulado y que "es una desesperación de estar al borde del abismo todo el rato" porque "día a día hay un montón de noticias que luego se apagan".