30 mar 2020

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Distopía de la distopía

Ramón Lobo

Trump da una rueda de prensa junto al doctor Stephen Hahn, responsable de la Agencia estadounidense de Fármacos y Alimentos (derecha) y el vicepresidente Mike Pence, este jueves.

Trump da una rueda de prensa junto al doctor Stephen Hahn, responsable de la Agencia estadounidense de Fármacos y Alimentos (derecha) y el vicepresidente Mike Pence, este jueves.

Donald Trump aplaza las elecciones del 3 de noviembre, obtiene poderes especiales. El cuento de la criada pasa a ser una novela-serie de anticipación. El presidente con ínfulas de autócrata se erige en dictador provisional para salvar su país. El miedo al contagio bloquea  la reacción de la calle. Nadie se atreve a salir del confinamiento. La Unión Europea se rompe en tres bloques ante la falta de coordinación en la crisis del Covid-19 en la que Italia España se sintieron abandonados. La falta de un acuerdo para poner fin al ajuste fue la puntilla. El sur exigía una fuerte inversión pública para evitar que la recesión terminase en gran depresión; el norte se mantuvo fiel al rigor del déficit elevado a deidad y el este se hizo cada vez más euroescéptico. Pekín arranca su economía con varios meses de ventaja y lidera la lucha contra la pandemia. China pasa a ser la gran superpotencia mundial.

No se preocupen, de este párrafo solo se cumplirá la parte de China. Sus envíos de ayuda a Italia y España son algo más que un gesto propagandístico, apuntan a un cambio dramático en los equilibrios internacionales. Encerrados en nuestras casas no somos capaces de entender la dimensión de lo que está pasando, ni imaginar cómo será el mundo resultante. No solo el de la política mundial, sino el nuestro, el de cada día, en las relaciones con los demás, sean familia o vecinos.

La crisis ha alterado de golpe las jerarquías. Los importantes ya no son los famosos y los ricos que no quieren pagar impuestos, ni los banqueros ni los crupieres que mueven las bolsas internacionales. Los esenciales son la gente que ha padecido los recortes desde 2008: el personal sanitario, los trabajadores de los mercados y los supermercados, los reponedores, los farmacéuticos, los policías del barrio. La gente útil.Tampoco son necesarios los fabricantes de armas, ahora necesitamos respiradores.

Posposición de elecciones

Trump no puede posponer las elecciones con una orden presidencial. Necesitaría un golpe de Estado. Se podría modificar la ley federal de 1845 que determina la fecha, "el primer martes después del primer lunes de noviembre", argumentando razones de emergencia. Para retrasarla necesitaría una ley federal aprobada por el Congreso (la Cámara baja está dominada por los demócratas y el Senado por los republicanos), firmarla y que después la confirmen los tribunales. Lo que no se puede modificar, porque está en la Constitución y exigiría una reforma de calado, es la fecha en la que el presidente debe asumir el cargo: 20 de enero, a las 12.00 horas. Podrían posponer las elecciones varias semanas, pero no la fecha de jura del cargo. Otro problema a resolver es cómo se va a votar. No se trata de un asunto menor tras la trama rusa de las elecciones de 2016.

Hasta hace nada echábamos la culpa a los británicos de todos los males de la UE, decíamos que eran los grandes bloqueadores. Ya no están y la UE muestra la misma lentitud de siempre. Es un transatlántico con demasiados capitanes a bordo. El sur ampliado, porque Francia está en esta pelea junto a España e Italia, quiere que se suspendan el ajuste y se refuerce al Estado del bienestar, que es el que nos va a sacar de esta gran crisis, la peor desde la segunda guerra mundial, en palabras de Angela Merkel.

Si fuera así, Europa necesitará un nuevo plan Marshall para salir del posconflicto. No habrá que reconstruir ciudades ni las infraestructuras, en eso estamos mejor que en 1945, pero sí habrá que rescatar a los millones de personas que van a perder sus empleos y a las empresas que los generan. EEUU no traerá esta vez ningún plan milagroso, que en España pasó de largo debajo del balcón de Luis García Berlanga. Quizá sea la oportunidad de China.

Meses

Si esto durara dos o tres semanas volveríamos a los tiempos felices sin aprender nada, como si surgiéramos de una pesadilla. Pero esto va a durar meses. Tardaremos en recuperar la libertad de movimiento y la posibilidad del contacto. Este gran parón representa una oportunidad para repensarse y meditar sobre la sociedad en la que vivimos.

Hay más amenazas mortales, no tan evidentes como el Covid-19, que pueden liquidarnos como especie. La principal es el cambio climático. Una semana de encierro y la contaminación cae a la mitad en Barcelona y Madrid. ¿Serán los coches? ¿Será el tipo de vida? Será necesario regresar a los tiempos del New Deal, que fueron de esperanza y esfuerzo. Las personas deben estar siempre por encima del dinero. Sean pesimistas, acertarán.