25 may 2020

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Elizabeth Warren abandona la carrera demócrata

La campaña de la senadora progresista se empezó a desinflar en Iowa y obtuvo paupérrimos resultados el 'supermartes'

Deja para más adelante el anuncio de si respaldará a Sanders o a Biden y el análisis del papel que ha jugado el género

Idoya Noain

Elizabeth Warren durante un acto electoral.

Elizabeth Warren durante un acto electoral. / MEGAN JELINGER (DPA)

"Abandono la pelea por la presidencia de Estados Unidos pero no abandono la lucha". Con este mensaje Elizabeth Warren ha anunciado en rueda de prensa este jueves la suspensión de su campaña, un adiós que llega tras meses en que su candidatura ha ido perdiendo fuerza y opciones y dos días después de que los paupérrimos resultados en el 'supermartes', incluyendo un tercer puesto en el estado de Massachusetts por el que es senadora, cerraran cualquier camino viable a la nominación. Y la suya es una despedida de fuertes consecuencias pero también de trascendentales implicaciones políticas en Estados Unidos.

La antigua profesora de educación pública que llegó a enseñar en las aulas de Harvard, la mujer que se convirtió en azote de los excesos de Wall Street y con Barack Obama creó y lideró una pionera agencia en defensa de los derechos de los consumidores y que entró en el Senado en el 2012, era una de las más competentes candidatas. Armada de planes concretos detalladas y progresistas propuestas políticas para acometer su promesa de "un gran cambio estructural" y una decidida lucha contra la corrupción, Warren tenía una buena organización de campaña y el pasado otoño llegó a ser una de las favoritas. Pero los resultados en las primeras citas fueron decepcionantes. Y su retirada deja de facto la decisión sobre la nominación presidencial demócrata como el duelo entre Bernie Sanders y Joe Biden, entre el ala más izquierda y la moderada, donde no ha encontrado el espacio intermedio.

Ese es también un duelo entre dos hombres blancos septuagenarios (aunque Tulsi Gabbard siga inexplicablemente en una carrera donde no tiene ninguna opción) y con el adiós de Warren, también de 70 años, acaba la diversidad que marcó inicialmente el superpoblado campo de candidatos. Es un hecho que forzará, ya ha empezado a hacerlo, una reflexión sobre los retos que enfrentan las mujeres que intentan romper el techo de cristal y gobernar Estados Unidos.

Respaldo y debate de género, más adelante

Por ahora la pregunta políticamente más trascendental es si Warren dará su respaldo a Sanders, con un ideario más alineado al suyo pero con tensiones entre ambos que han ido escalando en la campaña, o a Joe Biden, el favorito del 'establishment'. De momento, no obstante, se niega a contestarla y este jueves ha dicho: "Respiremos hondo y pasemos un tiempo reflexionando. No tenemos que decidir en este momento".

Warren ha prometido también que "más adelante" tendrá "mucho que decir" sobre el tema que el género puede haber jugado en esta carrera. Por ahora ha explicado que esa es la "pregunta trampa" para las mujeres, razonando que "si dices que había sexismo todo el mundo te llama quejica y si dices que no un montón de mujeres preguntan ¿en qué planeta vives?". Y poco antes se había emocionado hasta tener que contener las lágrimas al contar que "una de las partes más duras" de tirar la toalla es que las niñas que aspiran a ver a una mujer en el Despacho Oval "van a tener que esperar al menos cuatro años más". 

Una caída progresiva

El 'supermartes' acabó de asfixiar una campaña que había perdiendo aire desde que empezaron las votaciones. Warren logró solo el tercer puesto en Iowa; cuarto en Nuevo Hampshire y Nevada, donde no pudo capitalizar el impulso que sacó tras un debate estelar en el que hundió prácticamente sola a Michael Bloomberg; y quinto en Carolina del Sur. Antes del 'supermartes' seguía pensando que tenía un camino hacia la nominación, aunque dependiera de ir sumando delegados conforme se llegaba a una convención forzada a la negociación.  Para el miércoles estaba claro que ni siquiera le quedaba esa vía.

Su campaña, y sus propuestas, sufrieron de algunos errores propios, como las pruebas de ADN para tratar de demostrar sus raíces nativas, un fiasco con el que ha hecho sangre repetidamente Donald Trump, que insultantemente le apodó 'Pocahontas'. Políticamente tampoco fue acertado el giro en su posición sobre la sanidad pública, donde empezó perfectamente alineada con la propuesta de hacerla universal y gratuita de Sanders pero fue haciendo correcciones y matices que le granjearon críticas de izquierda y derecha. Y ha quedado atrapada entre esas dos placas.

El asalto crítico ha sido especialmente intenso y descarnado por parte de algunos radicales seguidores de Sanders, visible en las redes sociales. El propio senador se ha distanciado en varias ocasiones de esas agresiones a Warren, la última este miércoles, cuando los denunció como “desagradables ataques personales”.

Los seguidores de Warren, pero no solo ellos, han denunciado también un silenciamiento mediático y un trato de doble rasero que relegó la visibilidad de la candidata. Es difícil de probar pero fácil de ver. Y ya antes de que hablara públicamente Warren otra mujer que fue candidata, la senadora Kamala Harris, ha planteado que hay algo preocupante. "Este ciclo electoral en particular ha presentado interrogantes muy legítimos sobre los retos para las mujeres que aspiran a la presidencia de Estados Unidos", ha dicho.