30 nov 2020

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INFRAESTRUCTURA ESTRATÉGICA

La batalla por el agua del Nilo

Etiopía ha construido una gran presa con la que podrá controlar el flujo de agua que llega a Egipto, vital para la subsistencia del país del Nilo

La tensión crece entre los dos paises que llevan años negociando un acuerdo que, con la mediación de EEUU, parece que puede llegar este mes

Kim Amor

Imagen del Nilo a su paso por El Cairo.

Imagen del Nilo a su paso por El Cairo. / KIM AMOR

“Lo único que puede llevar a Egipto otra vez a una guerra es el agua”. Hace cuatro décadas el entonces presidente egipcio, Anuar el Sadat, ya advirtió del peligro que se avecinaba y mencionó con su nombre al enemigo. “No vamos a esperar a morirnos de sed en Egipto. Iremos a Etiopía y moriremos allí”.  El proyecto de construir una gran presa en el Nilo Azul, uno de los principales afluentes del Nilo, es una vieja aspiración de Etiopía hecha realidad. La colosal obra civil, bautizada como Gran Presa del Renacimiento (GERD; en sus siglas en inglés), levantada en la región etiope de Benishangul-Gumuz, a 20 kilómetros del Sudán, estará acabada en unos meses. Adis Abeba tendrá entonces la llave maestra, la capacidad para controlar el flujo y el volumen de agua que circulará por el gran río a su paso por Egipto, un país muy apegado históricamente al Nilo y cuyo caudal es fundamental para su subsistencia. El agua se ha convertido en una gran herramienta de poder y en la razón de un posible conflicto armado.

Para Etiopía, una economía emergente, la gran presa es clave para sus planes de desarrollo. La potencia de 6.000 megavatios de sus dos centrales hidroeléctricas iluminará partes pobladas del país que aún permanecen a obscuras y pondrán en marcha parques industriales. Y lo que tal vez es aún más importante, convertirá al país del Cuerno de África en el principal exportador de energía del continente, lo que le irá de perlas para su maltrecha economía, y más si se tiene en cuenta que en treinta años la población total del continente se duplicará, llegando a los 2.000 millones de habitantes. La cuenca del Nilo abarca hasta diez países. Controlar un bien escaso será una herramienta de dominio y poder.

Imagen de la Gran Presa del Renacimiento en plena construcción

La presa, que ha costado más de 4.000 millones de euros, ha sido en parte financiada por la población etíope, a través de bonos y donaciones. Los funcionarios públicos han entregado el salario de un mes de su trabajo, lo que da cuenta de la importancia de la obra para los etiopes. El 30% del proyecto ha recibido dinero de bancos chinos, una muestra más de la presencia del gigante asiático en África. La GERD mide 155 metros de altura por 1.800 metros de largo y la extensión del embalse es superior a dos veces la isla de Menorca.

Cambio climático

“El Nilo es vida y es básico para la existencia de Egipto”, dijo el actual presidente de Egipto, el mariscal de campo, Abdelfatah al Sisi, el pasado mes de septiembre en la Asamblea General de las Naciones Unidas. El Cairo considera la presa etíope “una amenaza para la seguridad nacional”. Un estudio de la ONU, además, indica que, independientemente de la presa, Egipto empezará a sentir los efectos de carencia de agua en el 2025, de aquí solo cinco años. Desde 1970, el suministro de agua por egipcio se ha reducido a más de la mitad. El cambio climático es una de las razones, así como el desmesurado crecimiento demográfico. Cada seis meses la poblacion  de Egipto aumenta en un millón de personas. El 95% de los egipcios viven a lo largo de las dos orillas del río y en el delta, ahí donde se ensancha y desemboca en el mar Mediterráneo. 

 “Somos responsables de una nación con más de 100 millones de habitantes. Si el agua que llega hasta Egipto se redujera tan solo un 2%, más de un millón de personas se quedarían sin trabajo”, advirtió el ministro de de Recursos Híbridos e Irrigación de Egipto, Mohamed Abdel Aty. Una reducción sustancial del caudal no solo afectaría el riego de la parte fértil del país -el resto es desierto- sino también a la presa egipcia de Asuán, construida en 1970 para dominar el caudal del agua e impedir inundaciones. Hay que tener en cuenta, además, que el agua ha sido uno de los bienes subsidiados en el país norteafricano. El precio a pagar en las casas o para regar los campos de cultivos es irrisorio. De ahí, que la población no tenga conciencia de la importancia que tiene para el país. El derroche está tan extendido y es tan habitual que las autoridades utilizan las mezquitas para lanzar mensajes de ahorro.

Acuerdo colonial

El proyecto de esta gigantesca obra civil, la presa más grande de África, empezó a gestarse en el 2011,  cuando Egipto se encontraba en plena convulsión social y política por la Primavera Árabe. En estos años se han creado equipos negociadores con el propósito de alzanzar un acuerdo equitativo para ambas partes, aunque sin éxito. Egipto intenta prolongar al máximo el llenado total de la presa -se calcula que puede tardar unos cuatro años- y ser también juez y parte a la hora de regular el flujo de agua. El Cairo, además, se remite a acuerdos anteriores, que datan de la época de la colonia, para apuntalar su posición, como el de 1902, que prohibía a Etiopía construir obras hidráulicas sin el visto bueno del Gobierno de Londres o el de 1929 que garantizaba a Egipto el 65% del caudal. Etiopía, que asegura que el único objetivo de la presa en generar energía, aspira a que esté cuanto antes en pleno rendimimeinto, para rentabilizar la inversión y llenar las arcas del Estado.

En las últimas rondas de negociaciones se ha implicado personalmente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y según se ha anunciado hace unos días, a finales de este mes se firmará  un  acuerdo. El papel mediador de Trump ha sido tal que incluso el mandatario ha llegado a sugerir que su contribución bien vale un Premio Nobel de la Paz, como el que obtuvo el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, en el 2019, por acabar con el conflicto armado con Eritrea. Pocos días después de obtener el galardón, Ahmed no tuvo repartos en afirmar: "Ninguna fuerza podrá evitar que Etiopía complete la presa". Egipto, que en el pasado ha sugerido bombardearla si es necesario, tiene muy claro que la causa más probable de posibles disturbios sociales en el país en un futuro cercano es la escasez de agua. La revuelta del 2011 que acabó con el entonces presidente, Hosni Mubarak, está muy presente aún en el recuerdo del actual régimen, dominado como entonces por el Ejército.