La carrera hacia la Casa Blanca

Los 'soldados' de Bernie Sanders buscan una primera victoria en New Hampshire

El candidato socialdemócrata parte como favorito en la segunda cita de las primarias demócratas

Nora Maynard y Carly Nix, voluntarias de Sanders, piden el voto para su candidato en casa de una votante demócrata.

Nora Maynard y Carly Nix, voluntarias de Sanders, piden el voto para su candidato en casa de una votante demócrata. / RICARDO MIR DE FRANCIA

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El cuartel general de Bernie Sanders en Plymouth, un pequeño pueblo de 7.000 habitantes, es un hervidero de voluntarios. La gran mayoría no superan los 35 años y saltan de mesa en mesa para recoger formularios, recibir instrucciones o reponer fuerzas con donuts, 'snacks' y comida de rancho. Todo destila un aire de cooperativa bien organizada o nueva empresa tecnológica sin jerarquías. Dirigen la orquesta un veinteañero lector de Borges y Cortázar que solía trabajar en una revista científica, una madre soltera con tres hijos que tiene que compaginar dos empleos para pagar las facturas y un politólogo imberbe con gafas ochenteras. Son los 'soldados' del sanderismo, el movimiento de base más numeroso de esta campaña de primarias demócratas

Tony Antone entra en la sede sacudiéndose la nieve de la chaqueta. Acaba de pasarse cuatro horas a temperaturas bajo cero buscando puerta por puerta el voto para su candidato. Una aplicación móvil le marca la ruta y las direcciones asignadas. Generalmente unas 50 viviendas por turno, pero no siempre es un camino de rosas, especialmente cuando los voluntarios se topan con antiguos votantes demócratas entregados hoy  a Donald Trump. “Solo le ha faltado pegarme con la escoba”, le cuenta riendo a uno de sus colegas. “Me ha dicho que Bernie es comunista y que no quiere a comunistas en su barrio". Pasa a menudo, confiesa este obrero de 26 años. "Alguna gente no entiende qué es la socialdemocracia, pero nuestro trabajo no consiste en discutir con ellos”. 

Pugna con Buttigieg

Sanders es el favorito para ganar el martes en New Hampshire, un estado rico de Nueva Inglaterra, blanco, rural y poco poblado, con solo 1,3 millones de habitantes. El veterano senador ya se impuso allí por más de 20 puntos a Hillary Clinton en las primarias del 2016. Esta vez la media de las encuestas le da seis puntos de ventaja sobre el centrista Pete Buttigieg, que no obstante ha visto cómo sus números se disparaban desde que diera la sorpresa en Iowa, donde obtuvo dos delegados más que Sanders a pesar de haber sacado unos miles de votos menos. Elisabeth WarrenJoe Biden y Amy Klobuchar pelean por la tercera plaza a bastante distancia de la cabeza.  

Para muchos de los seguidores de Sanders, la armada más joven de estas primarias, su candidatura es un asunto personal. Sus promesas para crear una sanidad publica universal, rebajar el precio de los medicamentos, condonar la deuda estudiantil o subir el salario mínimo resuenan entre las nuevas generaciones como panacea a las penalidades cotidianas. Cada año la deuda sanitaria y estudiantil causan cientos de miles de bancarrotas. Para un diabético sin seguro, el coste de la insulina supera los 1.000 dólares al mes. “Es muy fácil verte abocada a la pobreza a mínimo que las cosas se tuerzan”, dice Kimberly Rosen, la madre de tres hijos que coordina a los voluntarios en la sede de Plymouth. 

Segundos empleos, una necesidad

Con su salario de profesora no llega a fin de mes, de modo que tiene que complementarlo con un segundo trabajo en una oenegé, una realidad compartida por millones estadounidenses. “Sanders es el único candidato con la claridad moral y la fortaleza para enfrentarse a los intereses económicos, atajar el cambio climático y transformar el país”, dice Rosen. “No podemos permitirnos a otra marioneta de los millonarios”. Esa es una de las etiquetas que el senador por Vermont le ha colgado a Buttigieg, su principal rival en este inicio de las primarias, y el candidato que más dinero ha recibido hasta ahora de Wall Street, las aseguradoras y el sector inmobiliario, según el Center for Responsive Politics. 

Sanders no acepta dinero de las grandes industrias ni los multimillonarios, al igual que Warren, lo que no le ha impedido ser el candidato que más ha recaudado a base de pequeñas donaciones. Esa “coherencia” y el hecho de que lleve defendiendo las mismas ideas desde hace 40 años, sin alterarlas según los vientos del momento, está siempre en boca de sus seguidores. Unos seguidores tan militantes como los de Trump. La prensa ha llegado a bautizarlos como los “Bernie Bros”, por la agresividad con la que algunos grupos de su entorno atacan a los críticos del candidato o al 'establishment' demócrata

Promesas inalcanzables

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En el partido hay otros recelos. Muchos ven a Sanders como un verso suelto, un independiente que solo se hace demócrata cuando compite por la presidencia. O creen que sus promesas son inalcanzables por el coste económico que comportarían, uno de los argumentos esgrimidos por Buttigieg estos días. Pero la revolución política que propugna el más izquierdista de los candidatos ha dejado de verse como un imposible. “Lo presentan como un radical, pero lo verdaderamente radical es lo que hay ahora”, dice Nora Maynard, música de 36 años.

Maynard ha venido desde Boston y va puerta por puerta junto a su amiga Carly Nix pidiendo el voto para Sanders. “Será una lucha a cara de perro, pero necesitamos a alguien que ponga los intereses de la gente por encima de todo”, dice la voluntaria.