21 oct 2020

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CAOS EN EL RECUENTO

Buttigieg lidera el recuento de votos en Iowa, seguido de Sanders

El retraso en los resultados empaña el inicio de las primarias para escoger al candidato a la presidencia

Ricardo Mir de Francia

Simpatizantes de Pete Buttiegieg muestran su papeleta en apoyo al candidato demócrata, el lunes en Des Moines.

Simpatizantes de Pete Buttiegieg muestran su papeleta en apoyo al candidato demócrata, el lunes en Des Moines. / JEFF TOPPING (CONTACTO)

La carrera demócrata para desbancar a Donald Trump de la Casa Blanca no podría haber comenzado peor. Tras un año de campaña en Iowa y cientos de millones de dólares invertidos en el estado, el país se quedó el lunes sin conocer los resultados del caucus que abre el largo proceso de primarias para elegir al candidato demócrata a la presidencia. Los fallos técnicos en el sistema informático diseñado para hacer el recuento se esgrimieron como explicación oficial de la debacle, más propia de un país bananero, a lo que habría que añadir amplias dosis de incompetencia e improvisación. La incapacidad del aparato demócrata para aportar resultados es un desastre épico para la imagen del partido, un prólogo tóxico para estas primarias llamado a despertar toda clase de suspicacias sobre la legitimidad del escrutinio final.

Los primeros resultados de los comicios se han dado a conocer a las cinco de la tarde, hora de Iowa, once de la noche en España. Cuando se llevaban el 62 por ciento de las cicunscripciones escrutadas, el exalcalde Pete Buttigieg y el senador Bernie Sanders encabezan los resultados de los caucus. Buttigieg acumulaba el 27 % de los votos, seguido de Sanders, con el 25 %; la senadora Elizabeth Warren, con el 18,3 %; y el exvicepresidente Joe Biden, con el 15,6 %, según los datos oficiales convertidos en porcentajes por los principales medios de comunicación.

La tardanza en dar a conocer los resultados ha generado una gran sensación de descalabro que se ha visto agudizada por los ríos de tinta que han corrido en los últimos años sobre la importancia de preservar la integridad de las elecciones. Los demócratas llevan desde el 2016 martilleando con la injerencia rusa en los comicios de aquel año para beneficiar a Trump y, aunque no tardaron en descartar que los problemas con el escrutinio se debieran a una intromisión informática, su falta de transparencia dejará tocada su credibilidad. "Cuándo empezarán los demócratas a culpar a Rusia, Rusia, Rusia, en lugar de a su propia incompetencia, del desastre en Iowa", escribió el presidente en las redes. La Casa Blanca se relame con el espectáculo, un regalo del cielo que sus aliados tratan de explotar propagando toda clase de teorías sobre los motivos del desaguisado.

El Partido Demócrata de Iowa, el encargado de organizar las elecciones, aludió inicialmente a "inconsistencias" en el escrutinio para explicar el retraso en los resultados, pero el relato fue cambiando con las horas y empeorando con las filtraciones a la prensa. El aparato reconoció finalmente que la aplicación informática que debía tabular los votos, creada hace solo dos meses, no funcionó por problemas en su código. La realidad es los responsables del recuento ni siquiera pudieron conectarse a ella o descargársela, según 'The New York Times'. El partido pidió entonces a los presidentes de cada mesa que transmitieran los resultados por teléfono, como se había hecho tradicionalmente, pero tampoco pudieron comunicarse con la sede electoral. Y eso que algunos esperaron hasta dos horas con el móvil en la oreja. Finalmente, se les pidió que tomaran fotos a las hojas de resultados y las llevaran en persona a la sede. "Esto ha sido un desastre sistémico", dijo el expresidente del partido en Iowa, Derek Eadon.

Temeridad

Sin un solo resultado oficial para ponderar el veredicto de las urnas, todos los candidatos ofrecieron lecturas muy soleadas de la gélida noche electoral. Pero nadie se atrevió a cantar victoria, con una sola excepción, Pete Buttigieg, que se autoproclamó ganador del caucus en su discurso. Esa temeridad disparó las suspicacias de sus rivales. La campaña de Bernie Sanders presentó sus propios resultados parciales, replicados más tarde los de Buttiggieg. Horas más tarde Joe Biden acabó de embarrar el proceso cuestionando "la integridad" de los caucus, aunque en su caso parece una maniobra para protegerse de lo que se esperaba que fuera un resultado pobre.

"Aquellos que cantan victoria o presentan resultados incompletos están contribuyendo al caos y la desinformación", protestó la campaña de Elisabeth Warren. No es la primera vez que Iowa no está a la altura. En los caucus republicanaos del 2012 declaró inicialmente ganador a Mitt Romney, un veredicto que cambió dos semanas después para atribuirle la victoria a Rick Santorum. En los demócratas del 2016 esperó hasta las 2.30 de la mañana para encumbrar a Hillary Clinton por un estrecho margen sobre Sanders. La campaña del senador cuestionó el resultado, acusando al 'establishment' del partido de haber hecho trampas, una impresión que otras polémicas reforzarían con el paso de los meses. Los seguidores de Sanders no lo han olvidado.

La debacle organizativa ha privado a los ganadores del empujón tradicional que Iowa aporta. Subir al podio en sus caucus garantiza una lluvia de donaciones, voluntarios y cobertura mediática, un éxtasis momentáneo llamado a atemperarse en esta ocasión. El fracaso del aparato del partido es el titular de esta primera batalla por la nominación. Los candidatos ya están haciendo campaña en New Hampshire, donde el próximo martes se celebran las segundas primarias.