06 abr 2020

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carrera a la casa blanca

Iowa, primer acto del dilema demócrata

El pulso entre los candidatos de izquierda y centristas abre el proceso de primarias para elegir al rival de Trump en las presidenciales de noviembre

Ricardo Mir de Francia

Un hombre irrumpe en el escenario durante el mitin de Elizabeth Warren, se arrodilla ante ella, le entrega un anillo y le pide que sea su candidata demócrata a la presidencia de EEUU.

Un hombre irrumpe en el escenario durante el mitin de Elizabeth Warren, se arrodilla ante ella, le entrega un anillo y le pide que sea su candidata demócrata a la presidencia de EEUU. / RICARDO MIR DE FRANCIA

El sábado por la mañana, un hombre interrumpió el mitin de Elisabeth Warren en un gimnasio universitario de Iowa. Subió al estrado sin que nadie se lo impidiera ante la perplejidad de la candidata demócrata, que por si acaso, dio unos pasos atrás. El hombre se arrodilló, sacó un anillo de compromiso del bolsillo y le dijo: “¿Quieres ser mi candidata a la presidencia?” Solo entonces la senadora y exprofesora de Harvard respiró aliviada. “Sí, quiero ser tu candidata”, le respondió antes de fundirse en un abrazo con el espontáneo. 

Al final todo resultó ser una broma del dúo de cómicos The Good Liars, pero el momento sirvió para ponderar el aplomo de Warren en la recta final de una campaña donde las breves interacciones íntimas de los candidatos con los votantes tienen un peso significativo. Este lunes comienza en Iowa el largo proceso de primarias para escoger al demócrata que disputará la presidencia a Donald Trump en noviembre. Un proceso que tiene esta vez un calado casi existencial, dado el impacto extremo que el republicano está teniendo en la democracia estadounidense y el equilibrio mundial. La poesía de otras campañas ha dejado paso a una ecuación eminentemente prosaica: qué candidato tiene más opciones de derrotar a Trump. No hay una respuesta científica a la pregunta, ni siquiera un favorito en la carrera más incierta de los últimos tiempos. 

Solo siete de los 11 candidatos que quedan en liza han hecho campaña en Iowa. Y solo cuatro tienen opciones de ganar, según las encuestas. Hay dos izquierdistas que aspiran a transformar el país relanzando el Estado del Bienestar y sacando el dinero de la política, que aquí lo contamina todo: los senadores Bernie Sanders y Elisabeth Warren. Y dos moderados que quieren edificar sobre lo construido por Barack Obama, unir al país y desterrar la mala educación de la Casa Blanca: el exvicepresidente Joe Biden y el alcalde Pete Buttigieg. En la recámara, como sorpresas potenciales, esperan la senadora Amy Klobuchar y el multimillonario Michael Bloomberg, que no compite en Iowa. 

Buen reflejo

Muchos de sus votantes no decidirán hasta el último momento. El porcentaje de indecisos ronda casi el 50%. “Yo estoy entre Warren y Sanders porque quiero a un candidato progresista”, decía el sábado Priscilla Steele, una artista de 68 años, durante un mitin de la senadora. “Nos hemos dormido como país, la desigualdad económica y de clase se está volviendo insostenible. Y necesitamos tomarnos en serio el cambio climático”. Steele piensa que ya habrá tiempo para elucubrar sobre qué candidato tiene más opciones contra el presidente. “Trump está destruyendo el país. El ‘impeachment’ es un buen reflejo. Fue devastador escuchar una retórica tan tóxica”. 

Iowa sirve más para hundir candidaturas que para predecir al nominado. En la totalidad del país es un estado irrelevante, tan blanco como sus campos nevados de maíz y con poco más de tres millones de habitantes, menos del 1% del país. Pero ser el primero en las primarias, le concede más importancia de la que merece. Ningún candidato, con la excepción de John McCain en 2008, ha conquistado la nominación sin haber quedado entre los tres primeros en Iowa. El peculiar funcionamiento de sus caucus (asambleas electivas) añade otro factor de suspense. Solo los candidatos que rebasan el 15% de votos en cada colegio electoral se consideran viables, lo que significa que sus votantes pueden elegir a otro candidato si su primera opción pincha en el recuento inicial.

Barbara Campbell es maestra de guardería y se ha impuesto un estricto régimen democrático. El sábado fue a los mítines de cuatro aspirantes. “No me decido. Biden es un caballero, muy respetuoso y con gran conocimiento. Pero me preocupa un poco su edad y que los republicanos exploten lo que se ha dicho de él durante el ‘impeachment’”, dijo tras escuchar al exvicepresidente. Esas son en gran medida las principales vulnerabilidades del lugarteniente de Obama, que a sus 77 años transmite una enorme fragilidad física. Uno de sus subalternos trató de zanjar el debate sobre la edad. “¿El viejo Joe? Los 70 son ahora los 50”, dijo John Kerry durante el mitin.

Hogares privados

En esta campaña en Iowa, Warren ha tenido la mejor organización sobre el terreno, pero ha sido Sanders quien más gente ha arrastrado en sus mítines. Klobuchar se ha prodigado en pequeños actos en hogares privados, compartiendo recetas de cocina y conocimiento sobre la vida del campo. Buttigieg ha encandilado al personal con su estoicismo y sus aires de caballero de provincias ajeno al fragor partidista. Biden ha racionado sus actos para resistir el ritmo extenuante de la campaña. 

El desenlace de este primer envite dependerá en gran medida de quién sea capaz de movilizar a más votantes. Nunca ha votado más del 50% de los demócratas registrados en el estado, pero la trascendencia de estas primarias podría servir para pulverizar récords. Por grupos demográficos, Sanders es de largo el candidato preferido de los jóvenes y los menores de 50 años, seguido por Warren. Buttigieg es la apuesta de aquellos entre 50 y 64 años, mientras Biden arrasa entre los pensionistas. Una aritmética que hace también de estas primarias un pulso entre el futuro, el presente y el pasado. Y como se vio en el 'brexit', no siempre gana el futuro.